Cartas desde la locura

El Fanático / II

El asesino y su víctima.
Me voy a vengar. No sé cómo. Pero tiene que haber venganza”: Rodrigo Lanza Huidobro.

Ramón Martínez de Velasco

@ramavelm

El acusado es autor de la agresión mortal a un hombre que llevaba tirantes con la bandera de España.

El acusado es un joven chileno antisistema, nacido en Viña del Mar hace 33 años, nieto del militar Sergio Huidobro, uno de los principales apoyos del dictador Augusto Pinochet.

En el 2006 dejó tetrapléjico a un guardia urbano de Barcelona, que acudió a desalojar el edificio que ocupaban ilegalmente él y otros ultraizquierdistas ‘okupas’.

Su familia movió sus contactos en Chile y en Madrid para conseguir salvarlo, pero fue condenado a cuatro años de cárcel.

El acusado se llama Rodrigo Lanza Huidobro.

I

El documental Ciutat Morta intentó presentar los hechos como un montaje policial. “Lo cierto es que desde entonces ha vivido con mucho resentimiento” (El País).

Tras su excarcelación, ya con 28 años, Lanza se trasladó a vivir a Zaragoza, donde vivía de trabajos esporádicos y moviéndose en los ambientes antisistema en el barrio de La Magdalena (el “lavapiés zaragozano”), como ‘okupa’ en pisos desocupados.

Allí, testimonios y pruebas recabadas lo apuntaron como el autor de una agresión mortal en contra de Víctor Láinez, por el simple hecho de que el hombre usaba tirantes con la bandera de España.

Lanza ha sido condenado a cinco años de prisión, así que saldrá de allí a los 40, marcado por graves incidentes ideológicos antisistema y paranoias sobre “claros tintes racistas” que llevaron al suicidio a otra ‘okupa’: Patricia Heras.

II

Falleció, a los 55 años, Víctor Láinez, en el Hospital Clínico de Zaragoza, debido a las lesiones sufridas en la madrugada por parte de Lanza, quien le recriminó llevar unos tirantes con la bandera de España.

El evento se produjo en la ‘zona de copas’ de la calle Heroísmo, de la capital aragonesa.

Láinez simpatizaba con la Falange Española y era miembro del grupo de motociclistas ‘Templarios de Zaragoza’, por lo que su homicidio está rodeado de “discriminación y persecución ideológica”.

Sus compañeros le apodaban ‘el Demonio’.

Apenas un ms antes de su asesinato, estrenó sus tirantes con los colores de la bandera de España.

Su atacante le llamó “franquista” y él reviró con un “sudaca” (sudamericano).

III

“La situación política que vivimos está dejando muchas secuelas de odio. En las ‘redes sociales’ ese odio se manifiesta con virulencia, y hasta con nombres y apellidos.

“La gente retrata el odio apelando a emociones negativas e intensas, como el desprecio, la rabia o el asco, causados por la creencia o el prejuicio de que el Otro, el odiado, es un ser malvado y detestable.

“Es como un estado de fijación que puede dirigirse contra individuos, contra el líder de la oposición, contra un compañero de trabajo, o contra el vecino de enfrente. Contra ideologías o religiones.

“Muchos odios son individuales. Pero otros son compartidos por mucha gente.

“A las personas que odian no les gusta odiar solas, porque eso las hace sentirse inseguras. Quienes odian se sienten conducidos a empujar a otros a odiar, como ellos lo hacen. Pues la validación de su odio refuerza su autoestima.

“Los grupos de odio forman identidades colectivas y cuanto más degradan a los odiados más engrandecen a sus acólitos y cerriles miembros. La hostilidad hacia un grupo diferente incrementa la solidaridad y cohesión en el propio grupo.

“La ideología, cuando se convierte en fanatismo, es otra poderosa fuente de odio.

“Es muy grave, por perjudicial, cuando tiene lugar desde el propio gobierno”.

(Ignacio Morgado Bernal).

Epílogo

“Hay que tener muchos prejuicios ideológicos para odiar a alguien por llevar una bandera de España”, aseguran amigos del hoy occiso Víctor Láinez.

(Me recuerdan al tipo de “las Mañaneras”.)

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