Desde nuestra América

Rehaciendo la esperanza

Foto: Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Oscar Wingartz Plata*

A esta consideración se une la aseveración de que la utopía –entendida como lo perfecto- es una idea y como tal, cae fuera de la historia. No debe olvidarse, además de muchas otras cuestiones y matices de lógica y teoría de la historia que suscita, que esta tesis ha sido central para toda la tradición del pensamiento político conservador, paladín del repudio a la utopía. Por cierto, mantener el cielo en el cielo es un argumento fuerte para desde él –aquellos que ideológicamente pueden acceder ¿o es que hay otro acceso que no sea a través de ideas?… Horacio Cerutti.

Ha concluido un año realmente turbulento con enormes claroscuros, donde se ha puesto a prueba la capacidad de los seres humanos para dar respuesta a una serie de eventos y fenómenos que contemporáneamente no se habían visto, el más complejo y contundente, la pandemia ocasionada por el multicitado Covid-19. Esta contingencia nos ha puesto en una tesitura por demás ruda, por el conjunto de realidades que ha puesto en la escena social, entre otras, la forma en que ha golpeado a la economía mundial, sus efectos en otras esferas como, la educativa, la familiar, el empleo; es decir, podemos hacer una lista de cada uno de los espacios que se han visto afectados por este virus.

A pesar de todo lo que ha significado el año que pasó, es pertinente reflexionar sobre el futuro inmediato y mediato, como condición necesaria para rehacer nuestras vidas, nuestros quehaceres y nuestras perspectivas. En este sentido, no debemos ver esta propuesta como un ejercicio desbordado del optimismo sin fundamento. Más bien, debemos verlo como un esfuerzo que nos permita ubicarnos en un contexto que debe ser analizado y trabajado para futuras empresas, una de ellas es, ¿cómo rehacernos de situaciones que exigieron la máxima aplicación de los gobiernos y sus respectivas poblaciones para contener esta enfermedad?

Este planteamiento se ha comenzado a desarrollar, sobre todo, tomando en cuenta que hay “una luz al final de túnel” con el inicio de una vacunación masiva, y la posibilidad objetiva de superación de las fases de contagio más severas, como los fueron los meses de junio, julio, agosto; y los rebrotes al final del año. Esto va a implicar, evidentemente, un trabajo disciplinado, consistente y consciente por parte de la población para que los esfuerzos médicos y sociales tengan un margen de certeza y éxito, con ello poder afirmar que se ha superado el contagio a gran escala. Esta es una de las tareas a realizar en lo inmediato.

Otro quehacer a desarrollar será, la reactivación de la economía, buscando en todo momento rearticular todas y cada una de las ramas que se vieron afectadas, ya sea porque cerraron, porque disminuyó su impulso o entraron en una fase de “latencia”, lo cual exige un mayor esfuerzo para su arranque. Esto no será un proceso inmediato, como lo han comentado los economistas, ante una desaceleración tan severa, el reinicio no es sencillo, entre otras cuestiones, porque implica echar mano de capital, inversión y reacomodo a nuevas exigencias de producción que lo inmediato no se tiene, por efecto, del llamado “parón productivo”. Los analistas en la materia lo han expuesto, la plena reactivación a nivel global, llevará entre 3 y 4 años. En términos económicos es mucho tiempo, por las formas y los procesos que se tienen que reconfigurar.

Si vamos viendo otras esferas de la vida cotidiana, como es el sector educativo, su reinicio en lo inmediato es incierto, confuso; y por lo que se está observando, muy disperso. Esto quiere decir que, hay una enorme indefinición en los procesos a seguir. Se ha dicho que puede ser una forma “híbrida, mixta, semipresencial”, pero, el asunto a destacar es que no se define de manera explícita ese asunto. Hay, todavía una enorme incertidumbre, que pone al estudiantado y al profesorado en una situación de indefinición, por las implicaciones que puede tener si se pretende extender indefinidamente esta situación. Para nadie es un misterio, el hecho que determinadas prácticas didácticas han tenido un costo muy elevado para los sectores centrales en la trama educativa, a pesar de que se hagan “cuentas alegres”, los estudiantes y profesores han vivido un desgaste físico, mental y emocional inmenso, porque, las jornadas de trabajo van más allá del sólo entusiasmo y la dedicación. Eso no es justo ni deseable.

Hay un tercer elemento en estas consideraciones, la población en su conjunto, que se ha visto sometida a una serie de prácticas de diversa índole que los ha puesto al borde de su capacidad física, material y emocional. Es de evidencia que no se pueden solicitar sacrificios que desborden las propias posibilidades de los sujetos, de diversa forma es lo que ha sucedido con esta pandemia, se le ha pedido a la población esfuerzos casi faraónicos, tratando de superar esta enfermedad. No estoy abogando que se tomen las calles de manera irrefrenable e insensata, simplemente, que veamos las posibilidades reales, concretas para ir reactivando el todo social en sus diversas esferas. Este es el punto de la cuestión.

Esta nueva fase de la contingencia, que es la promoción y difusión de las vacunas, considero que un es deber social y solidario, el acercarnos a la vacunación, con ello ir mitigando su impacto y prolongación por los planteamientos que se han expresado. No ha sido nada fácil transitar por un año que paralizó al planeta en su conjunto. A pesar de lo que se diga, sus efectos han sido de una enorme profundidad. Se debe realizar el análisis respectivo sobre el peso y los efectos que tuvo a escala mundial. Este será otro de los quehaceres por desarrollar, con ello tener una clara dimensión de un fenómeno de este calibre, que hemos padecido contemporáneamente. Ello no anula, el rehacer nuestra perspectiva y nuestros anhelos buscando en todo momento, obtener lecciones valiosas para el conjunto de la población y de nuestra casa común, el planeta.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Docente-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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