
Hay en primer lugar una dimensión teológica en la misma solidaridad humana. En el hecho de que los hombres se sientan solidarios con los que sufren, son perseguidos, asesinados inocentemente, en el hecho de que nos sintamos solidarios con una pequeña nación que como David se enfrenta al Goliat de la potencia imperialista norteamericana… en esta solidaridad humana hay una dimensión teologal que hace referencia a Dios. Leonardo Boff.
Hace un par de días, al calor de los acontecimientos en el Medio Oriente, concretamente, la guerra iniciada por Israel y Estados Unidos contra la República Islámica de Irán, una vez más el presidente Trump abrió otro frente de confrontación, ahora contra en Papa León XIV y los cristianos del mundo, al tildarlo de débil e ignorante en materia política, criticándolo por apoyar causas, que para él son contrarias a su política guerrerista. Todo esto vine, porque el Papa abogó por la búsqueda la paz y la armonía entre las naciones, en concordancia con su ministerio pastoral y como muestra de su preocupación ante un mundo en extremo agitado. Estando así la cuestión, proponemos algunos elementos para reflexionar.
Un punto central en este debate es, la falsa percepción o absoluta incomprensión que tiene Trump sobre los quehaceres y responsabilidades que tiene un papa. La labor de un papa, ante todo, es ser cabeza visible de la Iglesia católica, esto implica labores muy concretas como darle continuidad a la Iglesia, a través de la predicación del Evangelio, la liturgia, el magisterio de la mismo de la Iglesia y la búsqueda de la fraternidad entre los seres humanos, en una perspectiva trascendente. Como podemos ver, en un primer acercamiento, la actuación del presidente norteamericano muestra una actitud totalmente desproporcionada, por no decir, ofensiva y grosera. Esto, por un lado.
Otro elemento que debe ser tomado en cuenta, es ese rejuego en el que ha entrado Trump, abriendo frentes de confrontación, con propios y extraños, que parece es una “conducta normal” en él. Además, del profundo rechazo que va teniendo en su propio país, incluso, con propia base electoral, también conocidos como los “Maga”, al meterse en camisa de once varas ante el cúmulo de situaciones que él mismo ha propiciado, como el juicio abierto que lo llevó a ser considerado un delincuente procesado por toda una serie de fechorías sexuales, al lado de su difunto camarada Jeffrey Epstein, y del cual está pendiente ese asunto. Es decir, el presidente norteamericano salió “corregido y aumentado” de su primer periodo al presente. Tiene sobre sí una inmensidad de asuntos y problemas pendientes por su actuar narcisista, prepotente, errático y desproporcionado.
Aquí cabe una pregunta muy clara: ¿Él actúa así por motu propio o tiene consignas muy precisas que vienen del llamado “Estado profundo”? Algunos analistas lo han planteado como una variable clave para entender sus decisiones y devaneos estando en el gobierno. Esto lo acercaría de manera próxima a otro personaje de infausta memoria, Adolfo Hitler. Este hombre tenía tras de sí todo el poder, la fuerza y el dinero de la oligarquía alemana, a la que él servía. Todo esto se confabuló en un momento histórico por demás complejo, la ruptura estructural del capitalismo con “El crack de la Bolsa de Nueva York” en 1929, que llevó a la gran depresión y con ella, arrastró al resto de las economías más fuertes. Esto significó la desestabilización de la economía capitalista a gran escala, y hundió a un país como Alemania en un pantano socio-económico, entre otros elementos, por la derrota en la Primera Guerra Mundial, y la impresionante deuda que tenía que pagar por “las reparaciones de guerra”. Se pueden plantear más aspectos, por el momento dejemos establecidos estos.
En estas reflexiones que venimos proponiendo hay una que tiene una dimensión muy precisa, para ello vamos a retomar el epígrafe propuesto del gran teólogo brasileño Leonardo Boff. Un aspecto central de este epígrafe es cuando nuestro teólogo afirma que “la solidaridad humana tiene una dimensión teológica”. Si vemos esto con claridad, tiene una enorme profundidad que traspasa lo meramente mundano. De la misma manera que los seres humanos realizamos acciones en favor de alguna causa, estas tienen cobran una dimensión trascendente, no son exclusivas del entorno inmediato, sino que van más allá, eso les confiere una nueva perspectiva, es en esa visión que el Papa habla en favor de los necesitados, los agobiados, los que sufren, los padecen por alguna causa. Esto también llama a la solidaridad y al amor por el prójimo.
En esta perspectiva es que las concepciones o las visiones chocan, no hay que ir muy lejos, para Trump esto no tiene ninguna relevancia, si es capaz de amenazar a un país con su destrucción total, qué le puede interesar la dimensión humana, la solidaridad y la búsqueda de la paz entre las naciones. Este es un elemento central de las consideraciones que se pueden hacer en relación con esta confrontación, donde la prepotencia, el sin sentido y la actitud aviesa son el punto medular de su proceder. Por ello, tiene una enorme dimensión el llamado que hace el Papa, no sólo como cabeza de una iglesia, sino, como ser humano, donde lo medular es buscar la concordia y el equilibrio entre las naciones. No está demás decir, que nuestro mundo está atravesando por una de sus coyunturas más agudas, porque, a diferencia del pasado, la tecnología de guerra es superlativamente más poderosa, capaz de acabar con el planeta en cuestión de minutos. No son alarmismos impertinentes, son realidades objetivas, que vemos diariamente, con esta guerra en el Medio Oriente lo ha confirmado.
Así, pues, pensemos con actitud serena lo que está sucediendo en el planeta, las implicaciones que todo ello conlleva, sobre todo, en la ingente necesidad de ubicar con claridad ¿de qué lado de la historia queremos estar? Las provocaciones de Trump y sus secuaces son el elemento que deterioran gravemente la condición humana, por ello, la urgencia del llamado a la moderación y la sensatez por parte del Papa, en la búsqueda de un mundo, donde todos podamos vivir, si la zozobra de la guerra, el hambre, la violencia y el abuso de poder.



