El margen de maniobra se estrecha

Opinión: El margen de maniobra se estrecha
Foto: Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
Jueves 11 de junio, 8:30 horas. Miles de maestros avanzan hacia el estadio Ciudad de México. Van organizados por secciones. Llevan días acampando en el Zócalo capitalino exigiendo lo que les prometieron cuando quienes hoy gobiernan estaban en campaña. […]  Sus consignas son muy pedagógicas, dicen lo que piden: “No queremos represión, queremos solución”, “Auxilio, socorro, se roban mis ahorros”. De una bocina sale la voz de Claudia Sheinbaum con ese discurso que los docentes no olvidan: “¿Qué más vamos a hacer? Vamos a echar para atrás la ley de pensiones del 97 y del 2007, para recuperar las pensiones dignas, justas, de los trabajadores del Estado y de los afiliados al seguro social. Luego, en la misma bocina suena la canción La Farsante en voz de Juan Gabriel: “Yo creí que eras buena. Yo creí que eras sincera. Yo te di mi cariño. Resultaste traicionera”.[1] Raúl Romero.

Los últimos acontecimientos en torno a la disputa del gobierno federal con la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación), van mostrando claro-oscuros muy agudos, entre otras cuestiones, por el cierre de las mesas de negociación por parte el gobierno, que dijeron retomaría el diálogo cuando se dieran las condiciones para ello. Este anuncio en sí mismo es complejo, porque, se puede leer desde diversa óptica. Una de ellas es ganar más tiempo por parte de las autoridades ante una serie de solicitudes, unas que pueden ser atendidas desde gobiernos estatales, pero, las dos más fuerte, la desaparición de la USICAMM (Unidad del Sistema para la Carrera de los Maestros y Maestras) y la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007 con Calderón como presidente, es donde se ha empantanado la discusión. Estas dos demandas exigen la presencia y actuación del gobierno federal sin excusa ni dilación. Aquí es donde la coyuntura se complejiza en extremo, porque se entró en una serie de consideración y planteamientos poco claros; éstos se mostraron más como un mero distractor por parte las autoridades, que la búsqueda real de soluciones a la problemática exigida, según el oficialismo, los docentes han tomado una postura totalmente intransigente.

La pregunta que se impone como necesaria es: ¿realmente los docentes son los necios y los intransigentes? Si se pone en esos tonos la discusión, evidentemente va a ser irreductible todo lo que se quiere acordar, porque, a la contraparte se le descalifica, en consecuencia, se anula toda posibilidad de arreglo. Esta es una cuestión que debe quedar establecida. Por otro lado, ¿las autoridades han dicho todo lo que se tiene que decir sobre la exigencia magisterial o simplemente están aplazando la solución? Este cuestionamiento en términos objetivos ha quedado muy difuso. Viene una pregunta más honda: ¿a qué intereses responde esta problemática? Las respuestas que se han ofrecido, más bien, son parciales, fragmentadas, sin un hilo argumentativo sólido. Se está partiendo de una serie de afirmaciones y lugares comunes, vamos a parafrasear: “será una enorme carga para el erario, porque implicaría la erogación de 7 billones de pesos.” Aquí es en donde entran en juego consideraciones de orden: técnico, económico, político y financiero. Si partimos de esta base, evidentemente este asunto se le lleva a una escala fuera de toda proporción, su sola enunciación es de pánico. Por eso, debe ser analizado con muchísimo mayor rigor y enfocando la discusión sobre los ejes que lo constituyen. No estar haciendo anuncios apocalípticos o desmesurados.

Otro elemento que ha ido agudizando esta confrontación, es la actitud de presidenta al negarse sistemáticamente a dialogar con los maestros. Como ellos dicen: “Quien hizo el ofrecimiento fue ella no los funcionarios.” Esto suena a perogrullada, pero es cierta, más bien, va tomando tonos de encaramiento personal, lo cual no debe ser por ninguna razón. Antes que nada, la presidenta es una funcionaria pública que está a nuestro servicio, ella está en ese cargo por mandato expreso del pueblo que la eligió, por tanto, no debe darse esas ínfulas de decir a quien recibe y a quien no recibe. Porque, si fuera de esa manera, estaría faltando al cargo que ella tiene, como se dice en el barrio: “Le guste o no le guste.”

En este orden, las últimas declaraciones de la presidenta son para analizarlas con cuidado, al decir, que se va a consultar con los maestros directamente sobre la desaparición de la USICAMM, pero deja en el limbo la petición central de esta movilización, discutir sobre sus pensiones y la manera de solucionar este conflicto. Se sigue tocando la periferia del problema, es de obviedad, si se le preguntan a la base magisterial, sin remiendos ni simulación que se tiene que plantear en primer plano se decantarán por sus pensiones, por la gravedad y necesidad de saber en qué condiciones estará su vida de jubilados y pensionados. Hay cuestiones medulares que deben ser abordadas con la seriedad que exigen estas demandas. Eso de estar dilatando o simulando resolver no es buena política, por una razón muy sencilla, el pueblo en su conjunto y el magisterio en particular tienen una idea muy clara de la problemática, porque ya está en el umbral de esas realidades. Como siempre lo hemos planteando, quien está inmerso en esas situaciones tienen mayor peso sus dichos y razonamientos.

Un planteamiento más, esa afirmación por parte de las autoridades de ir a consultar a las bases, es una forma poco seria de postergar las soluciones, por un asunto que debe ser visto en su justa dimensión, la CNTE es un interlocutor válido, no sólo por su número, que oscila entre los 350 000 y 500 000. Porque se ha constituido al interior del sindicalismo magisterial en una fuerza real, democrática y legítima, a diferencia del oficialismo del SNTE que se maneja bajo un esquema corporativo. Es decir, la CNTE es una fuerza sindical de peso, con una enorme organización y con propuesta laboral y pedagógica, con esto estamos diciendo que es una organización sólida, no como la otra agrupación sindical, mejor conocida como “charra” al interior del argot laboral. En términos muy concretos, primero aceptan y después rechazan la mesa de negociaciones con el magisterio democrático, eso es querer sacarle la vuelta a una problemática que previamente había aceptado, como se fue complejizando y adquiriendo tonos de una verdadera rebelión magisterial por la dimensión de sus demandas, levantaron las mesas “para mejor ocasión”, dicho con honestidad, son justas, legítimas sus demandas y tocan una realidad por demás evidente: ¿qué futuro les espera a nuestros maestros y a todos los trabajadores al servicio del Estado cuando llegue la hora de su jubilación? Ese es uno de los núcleos duros de esta confrontación. Pensemos en ello.

[1] Raúl Romero, “Y el balón rodó…”, en La Jornada, México, 16/VI/2026.

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