Cartas desde la locura

Noticias del burlesque / y II

Cecilia Fuentes Macedo.
¿Qué reflexión hace del mundo intelectual y artístico mexicano?
-Que son una bola de hipócritas y ególatras.
Cecilia Fuentes Macedo.

Ramón Martínez de Velasco

@ramavelm

I

El actor gringo Randy Quaid “lleva una década atrapado en una esperpéntica espiral de delitos, huidas de la justicia y vídeos perturbadores”, por lo que acaba de anunciar que se va a Uganda a colaborar con la Cruz Roja.

Esta primera decisión es la más sensata para un paranoico estrella de Hollywood, “un manicomio regentado por los pacientes”, dijo a Vanity Fair.

Nominado al Oscar y ganador de un Globo de Oro, Quaid alcanzó prestigio dramático en el Paseo de la Fama y en su estilo de vida, que pudo costear gracias a los anuncios de la cerveza Miller.

Tras años de allanar y vandalizar mansiones en California, en el 2000 se declaró en bancarrota.

Ya exiliado en Canadá y peligrosamente desequilibrado, apoyaba a Donald Trump y se decía espiado con “un micrófono dentro un rollo de papel higiénico” por mafias que querían cobrar el dinero de su póliza de seguro, por lo que decidió vivir en un carro que “olía a comida rápida, orín de perro y cigarrillos”.

La segunda decisión sensata de Quaid, es no haberse postulado como candidato a algún puesto de elección popular, como sucede en México con cualquier imbécil.

II

En México no cantamos mal las rancheras.

Cecilia Fuentes Macedo, hija única del escritor Carlos Fuentes y de la actriz suicida Rita Macedo, recopiló las ‘Memorias’ inconclusas de su madre, plagadas de confidencias e indiscreciones de ese mundillo (donde “poco saben de nada, nada de nadie”) del que hoy brotan candidatos para salvar el desempleo que el Covid deja a su paso entre la otrora pujante industria del cine, del teatro, de los libros y del periodismo.

La mujer se codeó con los grandes directores y actores del cine mexicano, y “se prostituyó casi en forma involuntaria en el mercado de carne que era el Hollywood de finales de los años 40”.

Fue amante de políticos e intelectuales como Carlos Fuentes, “joven escritor, hijo de un diplomático”, de quien se obsesionó y convirtió en su segundo esposo.

Se codeó con “un atolondrado Octavio Paz”. Con mi maestro de periodismo, Fernando Benítez. Un “despectivo misógino que se burla de la curiosidad intelectual de las mujeres”. La pareja Fuentes-Macedo se divierte en bailes y fiestas entre América y Europa, mientras su matrimonio va en caída libre.

Su papá, su mamá, son finalmente persona de carne y hueso. Él va adquiriendo fama y ella va tejiendo un trágico desenlace por su depresión.

Su crónica es la crónica de lo que aún se vive entre la otrora pujante industria del cine, del teatro, de los libros y del periodismo.

La diferencia es que Cecilia Fuentes Macedo no es hipócrita y lo exhibe.

“Me puse a leer las cartas prohibidas y a la hora de leerlas descubrí que mi papá no era como mi mamá me lo había pintado. No fue él quien dejó a mi mamá, sino que fue ella quien se hartó. Con mi mamá deduzco que fue la rabia lo que la impulsó a volverse lo que se volvió y a tratarme como me trató. Y hacerme creer que mi papá nos había dejado como si hubiera ido por cigarros.

“El libro me ha abierto puertas porque hay gente que antes no sabía que yo había nacido. Se encargaron de siempre taparme. Me trataron como la que no existe: la feíta, la gordita, la chaparra, la que no trabaja en televisión, la que no es culta. No se me cerró ninguna puerta con el libro porque siempre tuve todas cerradas.

“Lo que yo quería hacer es decir que toda esta gente a la que admiran y a la que llaman ‘maestro’ es gentecita normal. Admiro más a mi papá en su versión de joven desmadroso, que en la del señor muy propio. ¿Cuál es la necesidad de idealizarlo?

“Si a Carlos Fuentes o Rita Macedo los van a querer, que los quieran por lo que fueron, no por lo que les inventaron.

“Cuando mi mamá cumplió su etapa, él necesitó otra mujer. Para mi mamá los hijos eran un estorbo, y los mandó con las abuelas”.

Epílogo

Mucha gente aún piensa que hay cosas que no deben decirse.

No nos gusta hablar derecho.

Éste periodista que murió… y aquél que también… eran hipócritas y ególatras y viciosos e incultos y mamilas a más no poder. Punto.

Los candidatos-estrellitas son un desastre.

Estamos igualito ahora.

Mentalmente, el mexicano no crece.

“Me molesta la adoración a un ídolo que no es”, remató Cecilia Fuentes Macedo.

Lléguenle a su capillita. Bola de idiotas.

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