Desde nuestra América

Vida cotidiana y sociedad

Foto: Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Oscar Wingartz Plata*

Toda la concepción histórica, hasta ahora, ha hecho caso omiso de esta base real de la historia, o la ha considerado simplemente como algo accesorio, que nada tiene que ver con el desarrollo histórico. Esto hace que la historia deba escribirse siempre con arreglo a una pauta situada fuera de ella; la producción real de la vida se revela como algo protohistórico, mientras que la historicidad se manifiesta como algo separado de la vida usual, como algo extra y supraterrenal. De este modo, se excluye de la historia el comportamiento de los hombres hacia la naturaleza, lo que engendra la antítesis de naturaleza e historia. K. Marx- F. Engels.

El epígrafe de este artículo está en uno de los textos más célebres de Karl Marx y Friedrich Engels, La Ideología Alemana, escrito entre 1845-46, en Bruselas, Bélgica. En dicho trabajo desarrollan una serie de planteamientos en torno a la conciencia, la historia, los sujetos, sus representaciones, sus visiones sobre la existencia y la forma en que los seres humanos nos ubicamos en la misma. Como se podrá apreciar es un ejercicio teórico-reflexivo de enorme extensión, entre otras razones, porque la humanidad a través de su recorrido histórico, ha concebido la vida de muy diversa manera. Esto, en consecuencia, hace que nuestras concepciones adquieran sentidos y complejidades claramente diferenciables; y en muchos casos, difíciles de codificar, si no estamos insertos en esos contextos y culturas. Hago estas consideraciones, para proponer algunas reflexiones sobre nuestra condición socio-histórica actual y la COVID-19, en tiempos tan complejos.

¿Por qué es importante pensar en esas relaciones? Por un asunto que considero es relevante de cara a nuestra situación presente; que en entregas anteriores, ya las habíamos esbozado, es decir, sigue habiendo una “asignatura pendiente” en todo esto. Esta es, ¿cómo vamos a procesar esta contingencia cuando pase? Porque, ya hay visos claros de un levantamiento paulatino del confinamiento, y todo lo que ello significa. Este confinamiento en términos económicos, sociales, educativos y humanos ha sido arduo, duro, intrincado. No es nada sencillo decirle a toda una sociedad que se guarde, que se proteja y que se prevenga del contagio. Sobre los hechos, significó frenar intempestivamente toda la actividad humana al interior de un país, para nuestro caso, ya llevamos siete meses; eso en términos sociales es muchísimo tiempo. Si tomamos en cuenta que la actividad humana tiene sus ritmos, sus procederes, su propia dinámica. De ninguna manera es estática.

Estas ideas están en estrecha relación con la forma en que vemos nuestro entorno, la manera en que nos relacionamos con otros seres humanos, con la naturaleza, con uno mismo. Esto en un sentido muy concreto significa, el complejo de ideas que tenemos sobre todas y cada una de las cosas que nos rodean. Es decir, qué pensamos, qué creemos, cómo enfrentamos el mundo, qué significa para mí la vida, el planeta, con todo lo que contiene; además, qué lectura hacemos de todo esto. Vamos a proponer un ejemplo, se ha comentado con cierta extensión, que una de las consecuencias directas de esta pandemia ha sido la actuación de los seres humanos sobre la naturaleza en su totalidad, por lo tanto, la pregunta es: ¿cómo concebimos a la naturaleza?, ¿cómo un objeto más que debe satisfacer indiscriminadamente mis necesidades?, ¿la concebimos como un reservorio inacabable de recursos?, por lo tanto, ¿la podemos saquear impunemente, sin tener consecuencias de ninguna índole?

Aunado a esto, están las relaciones sociales que establecemos, ¿cómo son?, ¿qué significan para mí? La idea de la sociabilidad ¿qué me dice en lo concreto? Más en una coyuntura tan compleja, donde uno de los eslabones de esta sociabilidad se ha visto interrumpido por efecto del aislamiento. Donde la premisa mayor es “quédate en casa”. Es aquí donde se desprenden las ideas y los planteamientos en torno a esta problemática ambiental, porque está expuesta en ese nivel, y es aguda. Las repercusiones que ha cobrado en el cuerpo social con diverso grado de intensidad y profundidad. Es evidente, que no todos han vivido esta contingencia de la misma forma, mucho ha dependido de los recursos económicos, físicos, emocionales con que se cuenten. No es lo mismo, tener la posibilidad de quedarse en casa, a tener la imperiosa necesidad de salir a buscar el sustento diario.

Es aquí donde se van confrontando las nociones, las concepciones de vida que se decantan en prácticas sociales específicas, concretas; que reflejan la forma en que concebimos el mundo. Todo esto se ve enmarcado en una comprensión mayor de nuestro estar en la existencia. La manera en que se desdobla esa idea de nuestro estar aquí en el mundo donde la mayoría consume esas ideas, más, no es generadora de su propia idea. Esto es lo que Karl Marx refería al decir que la sociedad camina sobre “una idea cosificada de la existencia”, y el resto la asume como propia, aunque ni remotamente la podrá compartir con quienes generan esas ideas sobre el sentido de la vida.

Esta es una de las tantas contradicciones a las que se ven enfrentadas las sociedades en el campo de las representaciones, es decir, la alienación como una condición “inherente” a todo conjunto humano. El “extrañamiento de sí mismos”, el “ser ajeno a uno mismo”, donde la nota relevante es, consumir o seguir lo que se dice a nivel general, sin tener la posibilidad objetiva de preguntarse por esas ideas y los efectos que puedan tener en mí persona, en mí sociedad, en mí entorno.

Por ello, la necesidad imperiosa de preguntarse ¿qué voy hacer?, ¿qué vamos hacer después de que pase esta pandemia?, ¿cómo nos vamos a rehacer como sujetos y colectivos? También hay que decirlo, regresar de una parálisis tan severa no es un asunto inmediato. La reactivación económica no está a la vuelta de la esquina, reencauzar el resto de nuestras actividades va a hacer una tarea compleja, como la esfera educativa, tan asediada con prácticas y esquemas desocializantes. Esto va a exigir el concurso consecuente de todos.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Docente-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *