Desde nuestra América

Rehaciendo la nación

Foto: https://lopezobrador.org.mx/

Oscar Wingartz Plata*

Este Satanás ha ido revirtiendo una a una las miserias de una administración pública que servía a los intereses particulares en detrimento de los sociales, ha emprendido una inmensa tarea de redistribución de la riqueza, ha ido cimentando la recuperación de la soberanía nacional en diversos ámbitos y se encuentra en pleno proceso de restituir a los poderes de la Unión su capacidad de legislar y ejecutar políticas públicas. Facultad que les fue amputada por la proliferación programada de organismos autónomos, entidades descentralizadas y demás oficinas de nombres largos y pomposos… Pedro Miguel.

En esta ocasión deseamos exponer un asunto que consideramos urgente y necesario, es la recuperación de la nación, desde una vertiente que en sí misma es compleja, se refiere al plano ético-moral. No se pretende agotar el tema, simplemente plantear algunas ideas sobre estas cuestiones.

Ahora bien, el pasado 27 de noviembre se dio a conocer: La Guía Ética de la Cuarta Transformación de México. Es un documento emitido por el Gobierno de la República, donde se nos invita a reflexionar sobre un conjunto de principios y valores sociales y personales que deben ser rescatados y puestos en acto de manera clara y explícita. Como todo documento tiene sus márgenes, es decir, es perfectible. No se puede decir todo, si tomamos en cuenta cuáles son sus propósitos, ser una guía. Considero que la razón de dicho trabajo es evidente. Entre otros, repensar sobre una serie de situaciones que deben ser analizadas con cuidado, detenimiento, y actuar en consecuencia. Una de ellas, el mismo presidente López Obrador la expuso, y ha sido uno de sus quehaceres desde que llegó a la presidencia, tratar de superar la profunda crisis que está viviendo nuestro país en estos rubros desde hace décadas. No tiene nada de exagerado el planteamiento vertido, entre otros asuntos, por el altísimo costo que ha tenido para la población en su conjunto, la implantación y aplicación de determinadas políticas y prácticas sociales, lo que ha puesto sobre la mesa, su análisis y discusión.

No es ningún misterio afirmar que las prácticas neoliberales en materia social, y desdobladas en espacios más acotados como el individual y familiar han tenido y tienen un enorme impacto en la conducta de la población. El individualismo exacerbado, la relativización del otro, la carencia de una sociabilidad mínima, que nos permita vivir en  armonía, el desprecio por la vida, la indiferencia ante el dolor ajeno, la corrupción; y una lista de expresiones en extremo dilatada, hacen necesaria una reconsideración seria y juiciosa de nuestro proceder colectivo. En el fondo, es reflexionar sobre el nivel de degradación y abandono que tuvo el tejido social por años. Esto se agudizó por las prácticas y concepciones, que se fueron instalando de manera sistemáticamente en la conciencia de los sujetos, hasta el punto, que se hicieron normas de conducta, por la aceptación acrítica de las mimas. Todas estas consideraciones, son altamente complejas, porque apelan o deberían interpelar al todo social, en su doble dimensión: colectiva y personal.

Un asunto que subyace en estos planteamientos es, ¿cómo revertir un estado de cosas que nos permita efectivamente ver, con otros ojos, con otras coordenadas, con otras actitudes nuestra sociedad? Para allá apela esta guía que nos presenta el actual gobierno. Yo la llamaría La Construcción de una Pedagogía Social Renovada. Un Educación Cívico-Ética que recupere, impulse y explicite valores que no han perdido su vigencia, su vigor y son extremadamente pertinentes. Este es el punto nodal de esta iniciativa, dicho en términos muy concretos, es una labor faraónica. El relanzar nuestra vida social más allá de los individualismos y relativismos extremos y alienantes.

Todo esto viene a propósito de una serie de realidades y evidencias que no se pueden pasar por alto, porque, lastimosamente se “han convertido en parte de nuestra cotidianidad”. Se ha puesto entre comillas esta frase para resaltar que no debe ser “algo normal convivir con esas situaciones”. En esta dirección va el epígrafe propuesto, el analizar con profundidad qué implicaciones ha tenido el seguir una serie de pautas, acciones y conductas que a todas luces han sido severas por el costo tan alto que han tenido. Una de esas conductas es -como se ha documentado desde el inicio de esta administración federal-, considerar la corrupción en la esfera pública como algo “normal”, como parte de nuestra historia. El asumir que ese es “el lubricante” de la inmensa maquinaria burocrática y gubernamental para su buen funcionamiento.

Como se ha mencionado, este ha sido uno de los quehaceres centrales del Gobierno de la República, ir erradicando estas prácticas de la administración pública en todos los niveles de gobierno. Al igual que otras esferas y espacios, se está trabajando para dotar a la ciudadanía en su conjunto, de una visión distinta de lo que significa gobernar. Esto es, ir creando nuevos valores, retomar otros, ir generando principios acordes con la transformación que se está impulsando en el país. Evidentemente esta labor, no debe ni puede ser única y exclusivamente del gobierno, es como todo, un trabajo colectivo, donde todos lo asumamos como parte de la contribución que le hacemos a nuestro país. Este uno de las cuestiones más complejas, hacer nuestros esas valores y principios que nos hagan entrar en una perspectiva renovada.

Estas nuevas prácticas son complicadas de asumir, porque, normalmente los seres humanos nos conducimos a partir de una serie de códigos y concepciones que están ancladas fuertemente en nuestra conciencia, y retomar o remover los que se tienen, exige un esfuerzo consistente y reflexionado sobre eso nuevo de que se desea por en acto. Aquí está parte del esfuerzo que debemos que realizar todos, para hacer de nuestro país, un lugar más humano y más digno.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Docente-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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