Mujer de la sospecha

Poco ortodoxa: El confinamiento cultural

Yezica Montero Juárez*

En estos días de enclaustramiento por la Covid-19, me siento encerrada entre paredes virtuales con bombardeos de información. Ante cada estallido, me surge una necesidad insaciable de estar verificando si los restos informativos son verídicos, para no caer en una fake news.

Hoy en día soy víctima de las plataformas streamig, principalmente de Netflix. Así que aprovecharé para recomendar una de las mejores miniseries que he visto: “Poco Ortodoxa”. Trata sobre la experiencia de una joven de 19 años, que de un día a otro decidió cambiar su vida como judía jasídica a la vida secular. La historia nos muestra a la protagonista, Esty, como una adolescente que amaba su vida en comunidad, pues siguió los pasos que se suponía la llevarían a la búsqueda de la felicidad;  como el educarse bajo la Torá, vestir y vivir modestamente, hablar yiddish, comprometerse y casarse para procrear el mayor número de hijos, bajo el precepto de multiplicarse para sostener al pueblo judío jasídico perseguido y casi exterminado durante la Segunda Guerra Mundial. 

Esta miniserie de cuatro capítulos, está basada en la autobiografía de Deborah Feldman, llamada “Unorthodox: el escandaloso rechazo de mis raíces jasídicas”, cuyos guionistas se otorgaron algunas licencias narrativas, principalmente en la búsqueda de la vida secular de Esty en Berlín. 

Los flashbacks nos muestran la vida de Esty en la comunidad de Williamsburg, en Brooklyn, Nueva York. Sobresaliendo las paradojas culturales, pues al estar en una ciudad cosmopolita, la comunidad jasídica de Satmar sigue utilizando vestimenta tradicional, así como tratar de llevar un estilo de vida austero, alejado del uso de las recientes tecnologías de la comunicación. 

Al ser un espacio endogámico, es común que todos se inmiscuyan en la vida de los demás miembros. Por ello, cuando el rabino se entera que Esty abandonó a su esposo Yavok para huir a Berlín, el golpe fue sumamente simbólico, al ser la ciudad cumbre del nazismo.

La narrativa literaria y visual, presenta simbolismos que pueden ser obvios o sutiles. Como el hecho de exigir a Yavok que vaya acompañado por Moishe, quien es un hombre cuya experiencia en el mundo secular lo ha vuelto aún más fundamentalista, para traer de vuelta a su esposa Esty. En una escena la mamá de Esty (quien también abandonó el jasidismo) le dice: “Siempre hay un Moishe”, como aquel Moisés que pretendió liberar a su pueblo oprimido por el pecado. 

Otro acierto narrativo, es el hecho de que la historia aunque suene feminista, no lo es; y lo escribo en el mejor de los sentidos, pues también se muestra cómo los hombres jóvenes se encuentran sumergidos en el deber ser de su propia condena jasídica, donde deben responder a rutinas ritualística,así como a la reglamentación de la vida sexual y profesional. 

Hoy nos encontramos bajo un confinamiento que responde al discurso de la salud, pero también es importante reflexionar sobre aquellos confinamientos mentales, simbólicos, y culturales que obstruyan nuestra libertad.

*Antropóloga social.

Correo electrónico:monteroyezica@gmail.com

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