Desde nuestra América

¿Otra vez lo mismo?

Foto: Biblioteca de Publicaciones Oficiales del Gobierno de la República.

Oscar Wingartz Plata*

“…su implementación sería como dispersar a los estudiantes y privarlos de estos espacios de construcción colectiva que son fundamentales para su formación académica, y que se han convertido en patrimonio de la educación y del normalismo mexicano”.
Ruth Mercado
“…no podemos acepar una propuesta que parte del desconocimiento de la importancia de nuestros internados y comedores. No sólo es el lugar donde vivimos, es también el espacio donde nos encontramos como estudiantes y futuros maestros rurales. […] Venimos de familias donde se gana cien pesos al día, que no dan para estudiar…”
Estudiantes Normalistas Rurales
“…sería como aplicar la política neoliberal del váucher educativo o las escuelas chárter para acabar con un dispositivo pedagógico fundamental para la formación del maestro rural. Acabar con los internados sería como dinamitar los cimientos de un edificio”.
Juan Manuel Rendón

Retomamos el tema, porque no es la primera vez que se propone la desaparición o cierre de las Escuelas Normales Rurales. Este es un asunto, al menos, tratado en los gobiernos neoliberales con cierta insistencia, y muchos se encaminaron en esa dirección, sólo por mencionar uno, en el gobierno de Peña Nieto, el ataque no sólo fue contra las normales, sino contra la educación en su conjunto, fue severo e implacable. Empezando por su Secretario de Educación, Aurelio Nuño Mayer. Un personaje con credenciales oscuras, de un bajísimo perfil académico y personal, que intentó borrar de un plumazo muchas de las conquistas ganadas por el magisterio y el sector educativo durante décadas. Esta es una de tantas marcas ominosa en la historia de nuestro país, al tener en esos puestos a funcionarios de ese calibre.

Es pertinente reflexionar sobre esta cuestión por una razón muy clara, el Presidente López Obrador ha propuesto becar a los estudiantes normalistas con el apoyo respectivo para alimentación y vivienda. Ante ese anuncio, el normalismo rural se ha puesto en alerta. No es un anuncio cualquiera, tampoco se trata de decir que con esa beca todos van a quedar “felices y contentos, y a otra cosa”. Es mucho más complejo que la simple propuesta. Tiene tras de sí un cúmulo de realidades que atraviesa un arco problemático denso. Si se está pensando en esa lógica, una idea que se nos presenta, es el cierre de los internados normalistas, con ello empujar a sus estudiantes a una dinámica que los pondría en una coyuntura nada deseable como la precariedad para seguir estudiando. Sobre todo, si tomamos en cuenta que, esas escuelas desde su fundación en la década de los años veinte del siglo pasado tenía propósitos explícitos y claros.

En sentido, este asunto de las becas no es cuestión sencilla, una primera razón es la procedencia de los propios estudiantes, muchos de ellos vienen de comunidades lejanas, remotas; el sólo hecho de viajar y desplazarse es harto complejo. No hay que perder de vista que estamos hablando del medio rural, donde no hay las “facilidades” del medio urbano. Eso implica una serie de adecuaciones y ajustes a un medio que no es el propio. Por otra parte, una de las enormes bondades de la escuela rural es la convivencia, la comunicación, el intercambio, el contacto vital que los hace ser y sentirse parte de una comunidad que les da identidad, esto es algo que paulatinamente, se ha ido perdiendo por la pandemia. Todo mundo “recluido en su casa”, sin contacto, ni relaciones vitales que les permitan tomar una bocanada balsámica de aliento ante tiempos tan aciagos.

En este punto es pertinente retomar una de las citas propuestas como epígrafe del Mtro. Juan Manuel Rendón donde hace mención a un hecho que debe ser reflexionado con sumo cuidado, al hablar del “váucher educativo”, esto entre otras cuestiones significa despersonalizar a los estudiantes, es lo que se está estilado, “te doy dinero, y tú sabrás en qué lo usas”; cuando la escuela normal rural no es esa su filosofía ni su valor central. Su inspiración fundacional fue hacer del maestro rural un agente de cambio y transformación de su medio, porque ellos regresan a su espacio vital. En ese sentido, tienen muchas razón los estudiantes al rechazar esa propuesta, porque se desconoce qué son y qué desean como estudiantes y maestros rurales. Su trabajo, sin estridencias, tiene una dimensión superlativa, porque los constituye en personajes clave en sus comunidades, no son uno más, es un agente que va a dotar de posibilidades de desarrollo en sus espacios, que no son solamente labores, sino sociales en sentido amplio.

Aquí podríamos hacer una extensión de sentido sobre las escuelas normales rurales, en el orden de retomar aunque sea mínimamente esa inspiración fundacional de ser agentes de cambio y transformación. Si nos detenemos un momento veremos que la formación superior cada día está más abandonada y perdida, los supuestos bajo los cuales trabaja cada día van careciendo de una estructura sólida, es decir, cada día se va encerrando más en sí misma, hasta el punto de pretenderse una isla aislada de todo y de todos; esto se incrementa en tiempos pandémicos, a través de la virtualidad, donde todos están a expensas de la acción de las máquinas, y las consecuencias que ello pueda tener en el futuro mediato. Reflexionemos en esto un momento.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

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