Desde nuestra América

Nuestra América ante una nueva coyuntura

La Sexta Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Foto: Gobierno de México.

Oscar Wingartz Plata*

Ahora tenemos que hacer equipo. Ya nos dedicamos muchos años a la fricción interna, somos especialistas en alegar nuestras diferencias, pero este es el tiempo de la cooperación. Este es un proceso de construcción y eso es lo que México ha venido haciendo desde 2020. Depende de nosotros. Nosotros nos podemos organizar. Si actuamos en conjunto no perdemos nada y sí ganamos mucho. Marcelo Ebrard.

El pasado 18 de septiembre en Palacio Nacional se celebró la VI Cumbre de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) con la participación de 33 países, representados por sus respectivos presidentes y primeros ministros. Esta convocatoria fue impulsada por el actual gobierno mexicano en consonancia con la política exterior que desea impulsar, y que tanta falta hace en nuestro continente. A dicha convocatoria no asistieron Brasil, Colombia y Chile, por razones que son parte de una discusión que tiene una larga data, y muestra una de las aristas y complejidades de nuestro devenir histórico. Se debe decir que previamente se había intentado convocar a los países de nuestra región en el 2018 y 2019 sin éxito alguno. Estando así las cosas, es de llamar la atención que la invitación hecha por nuestro gobierno tuviera una aceptación mayoritaria, lo cual es un mérito digno de reconocimiento.

Ya desde el siglo XIX, el Libertador Simón Bolívar había abogado por la unidad continental, para ello convocó al famoso Congreso Anfictiónico de Panamá que se realizó del 22 de junio al 15 de julio de 1826 precisamente en la Ciudad de Panamá. Fundamentalmente se le hizo el llamado a los nuevos Estados surgidos de las luchas de independencia en nuestro subcontinente. Asistieron a su llamada la Gran Colombia, comprendía en su momento a Colombia, Ecuador y Venezuela, México, Perú, la República Federal de Centro América y Bolivia. No tuvo el eco ni la resonancia esperada por un complejo abigarrado de situaciones que venían arrastrando el resto de los países recién independizados. Como se puede observar no es nuevo y ni sorprendente este hecho. Por ello, llama la atención que la reunión en nuestro país haya tenido una enorme acogida.

Aquí vendría una pregunta absolutamente pertinente, ¿por qué debemos afanarnos en la búsqueda de la unidad latinoamericana y caribeña? La respuesta está inscrita en nuestro proceso histórico. Podemos comenzar con un hecho evidentísimo, ¿cómo “aparecimos” en el escenario mundial? Como un conjunto de Estados deficitarios después de la larga noche de la conquista y colonización hispano-lusitana. Esto puede parecer una cuestión lejana y sin mayor relevancia, pero el punto es que sigue ahí, de diversa forma, reclamando y retomando un conjunto de realidades que se reiteran y no terminan por ser saldadas. Algunas de ellas se materializan en nuestra obstinada actitud aldeana, es decir, seguir ensimismados en nuestras capillas sin un deseo legítimo de acercamiento que nos permita apoyarnos y procurar el bienestar de nuestros países.

Bien dice el epígrafe propuesto del Canciller mexicano Marcelo Ebrard: “Ya nos dedicamos mucho años a la fricción interna, somos especialistas en alegar nuestras diferencias, pero este es el tiempo de la cooperación.” Este ha sido uno de nuestros estigmas más acentuados, buscar la diferencia antes que la confluencia; aquí cabría un elemento que se ha reiterado hasta la saciedad, la separación como forma de relación y de contacto. En este punto debemos hacer una mención muy clara, esas supuestas diferencias tendrían que ser matizadas y reflexionadas con mucho detalle, no hay necesidad de ir muy lejos, partimos de un tronco común, nos guste o nos incomode, hemos seguido una ruta histórica que nos ha marcado de manera  explícita. Tenemos más cosas en común, que desavenencias. Esto no nos debería incomodar, ni sentirnos “únicos o excepcionales.” Tiene mucha razón al decir: “…este es el tiempo de la cooperación.” No podemos imaginar un continente a estas alturas de la vida totalmente disperso y separado, debemos decirlo, si no estamos unidos, no vamos a tener viabilidad, y los problemas se van agudizar más.

Algunos de los temas que se trataron, todos sin excepción son de primer nivel: la consolidación del organismo; la discusión sobre la permanencia o extinción de la OEA; la superación de la pandemia de forma conjunta; la prevención de los desastres naturales; un frente común ante el cambio climático; la superación de la pobreza y la desigualdad en el continente. Estas cuestiones son de tal relevancia, que ningún estado por sí mismo puede resolverlos. Aquí está la trascendencia de este organismo, hacer frente común a nuestros problemas, consolidar nuestro continente, liberarlo de las injerencias nocivas y perniciosas, entiéndase, Estados Unidos, que le ha hecho un enorme mal a nuestros pueblos.

En esta reunión, un hecho que llamó la atención fue la actuación de los presidentes de Paraguay y Uruguay anteponiendo sus visiones sobre un grupo de países que no son de su filiación ideológica, al rechazar la presencia de los presidentes de Cuba y Venezuela; esa actuación en sentido estricto, está totalmente fuera de lugar. Estos procederes se parecen mucho a las actitudes que se toman entre un grupo de amigos, conocidos o allegados, “sólo le voy hablar a los que  piensan o comulgan con mis ideas”; o bajo consigna, que es todavía es más criticable. Estamos hablando de actitudes que rompen con la propuesta central de este organismo, la unidad, el apoyo mutuo, la colaboración y el impulso regional.

Cada país tiene el legítimo derecho de organizarse y decidir lo que considere pertinente para su desarrollo. Decir que no que se está de acuerdo con ellos, es tener una visión sectaria, excluyente y facciosa, esto ha sido parte de los problemas que ha tenido nuestra América para alcanzar su consolidación. Dejemos en el pasado los sectarismos y la exclusiones, nos merecemos una vida mejor y más plena.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

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