Desde nuestra América

Esta pandemia, ¿será una lección de vida?

Foto: Naciones Unidas.

Oscar Wingartz Plata*

No pueden desestimarse los efectos políticos. En América Latina muy poco gobiernos han sido aprobados por la población en su manejo del fenómeno. En nuestro país, a pesar de la persistencia de los contagios y las muertes, la imagen del gobierno se mantiene igual. No así en Estados Unidos, donde el presidente Trump ha sido reprobado por el 64 por cierto y es probable que el virus acabe con sus posibilidades de reelección. José Agustín Ortiz Pinchetti.

Cuando se comenzó a tener una idea más clara sobre los efectos y complejidades de esta pandemia, en algunos espacios, se fue generando una propuesta, un ideario que se tituló: “La nueva normalidad”. Esto es, hacer conciencia de lo que debe significar la post-contingencia, en un contexto tan complicado y agudo como el nuestro. Retomamos este dato por una cuestión que tiene un enorme peso en sí mismo, a su vez, ha sido una pregunta que muchos gobernantes, intelectuales, agentes de la salud, se la han formulado en estos términos, ¿cómo ver, entender y actuar después de que pase esta contingencia?

Una primera afirmación, esta contingencia ha sido un “parte aguas” en la historia contemporánea. El mundo ha vivido muchas pandemias en el curso de su historia, pero ninguna con estas características, es decir, por la forma en que se ha extendido. Tenemos ejemplos de las mismas como, las terribles epidemias y pestes que padeció Europa durante la Edad Media, precisamente, por la carencia de una sanidad rigurosa. Otra que se ha documentado, fue la llamada “Gripe Española”, en 1918 con 40 millones de muertos, en el contexto de la Primera Guerra Mundial. Todas estas pandemias, se inscriben en contextos, situaciones y complejidades muy específicas, todas ellas asociadas, con lo que llamamos modernamente “la carencia de sistemas de salud sólidos”.

Otra característica de esta pandemia, es precisamente, el entorno en que se inscribe, esto es, ante un mundo globalizado, la población en su conjunto, tiene una capacidad de movilidad impresionante, va de un continente a otro con enorme facilidad, no está sujeto como en otros tiempos, a los rudimentarios sistemas de transporte; y donde algunos pocos lo podían hacer. Ahora ya no. Una inmensidad de personas se desplazan por el mundo llevando todo tipo de “carga”, y lo que ello implica. Es así que esta enfermedad fue “transportada” de continente en continente con enorme velocidad, de diciembre del 2019 en China, para febrero del 2020 en Europa, y de ahí su propagación se hizo un hecho generalizado. Esto gracias, al avance y desarrollo de los sistemas de transporte en los últimos 30 años. Con estos elementos, podemos desarrollar algunas ideas y reflexiones sobre la llamada pos-pandemia, y sus posibles lecciones.

Una de las preguntas más complejas ante este tipo de acontecimientos es, ¿si efectivamente va a calar hondo en la conciencia de las sociedades? Este cuestionamiento tiene una enorme centralidad, entre otras razones, porque “normalmente” los seres humanos somos de corta y muy selectiva memoria, esto quiere decir que, cuando pase esta contingencia muchos seguirán en una dinámica que estará asociada a su vida anterior. Porque muchos de nuestros referentes están fuertemente condensados en nuestras mentes y conductas, en consecuencia, no es tan sencillo cambiarlas o modificarlas. Al respecto hay un trabajo sobre estas realidades titulado: Las Herramientas de la Razón. La teorización potenciadora intencional de procesos sociales, del Dr. Francisco Covarrubias Villa, publicado en 1995, donde hace mención sobre las formas, los contenidos y las expresiones que los seres humanos muestran ante los procesos de cambio, en múltiple dirección. Pone un fuerte énfasis en la esfera política, por ser ella, un espacio que emite en primera instancia discursos con amplia expresión social, y el impacto que se espera de los discursos emitidos. Así, pues, el asunto sigue en píe.

Una pregunta clave es, ¿qué significa esta pandemia para mí? Esta debería ser el primer cuestionamiento de cara a nuestra reflexión. Hacernos esta pregunta es relevante por varias razones, si efectivamente, esta contingencia me interpela profundamente, por lo tanto, me va a proponer una serie de reflexiones y acciones a desarrollar en lo inmediato. Si tiene un significado explícito, nos moverá en una dirección que cambie o modifique nuestros procederes y conductas en términos personales y sociales. Aquí viene una idea que cobra un sentido expreso, si pensamos o creemos que este evento va a pasar sin ningún efecto en mi existencia, sencillamente, no tendrá ninguna significación o contenido relevante en mi vida. A pesar de los efectos y la consecuencias que pueda dejar en el orden material, espiritual y social.

Se ha comentado desde diversa vertiente que este fenómeno es la consecuencia directa del hacer y deshacer de los seres humanos sobre la naturaleza en su totalidad. Pasa por la depredación ambiental a gran escala, con ello una cantidad impresionante de desajustes climáticos, forestales, acuíferos, el desgaste y erosión de los suelos, así como el aumento sistemático de la temperatura del planeta. Sin mencionar, los desórdenes, conflictos, confrontaciones, antagonismos, y lucha de poder a nivel global por la apropiación de recursos naturales por el medio que sea. Es aquí donde los cuestionamientos cobran mayor peso y relevancia, en el sentido, de hacernos ver con absoluta claridad que, “la nueva normalidad” debe ser eso, lo nuevo, diferente, distinto; que nos permita ver con otros ojos y otros parámetros nuestra existencia, ambiental, personal y social.

En este orden, hay un punto complejo, que exige una reflexión seria, es sobre nuestras relaciones sociales, esto es, si pretendemos caminar en otra dirección, lo primero que debemos preguntarnos es, ¿cómo concebimos nuestras relaciones sociales de cara a la sociedad?, ¿a través de una máquina?, ¿de manera impersonal y totalmente desocializados? Este es un punto nodal en estos planteamientos. No debemos seguir reproduciendo un esquema de vida, que lo único que ha hecho, es minar la condición humana, y con ella, generar la crisis del global del planeta, hasta niveles que pueden ser imparables e irreversibles.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Docente-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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