¿Es válido hablar de descolonización a estas alturas de la historia?

México: Es válido hablar de descolonización a estas alturas de la historia
Foto: Especial.

Oscar Wingartz Plata*

Dejemos a esa Europa que no deja de hablar del hombre al mismo tiempo que lo asesina donde quiera que lo encuentra, en todas las esquinas de sus propias calles, en todos los rincones del mundo.
Hace siglos que Europa ha detenido el progreso de los demás hombres y los ha sometido a sus designios y a su gloria; hace siglos que, en nombre de una pretendida “aventura espiritual” ahoga a casi toda la humanidad. Véanla ahora oscilar entre la desintegración atómica y la desintegración espiritual.
Europa ha asumido la dirección del mundo con ardor, con cinismo y con violencia. Y vean como se extiende y se multiplica la sombra de sus monumentos. Cada movimiento de Europa ha hecho estallar los límites del espacio y del pensamiento. Europa ha rechazado toda humildad, toda modestia, pero también toda solicitud, toda ternura.
Frantz Fanon.

En concordancia con el último trabajo publicado en nuestro diario Libertad de Palabra del 3 de julio del presente año, se desea continuar con una temática que consideramos pertinente y necesaria en estos tiempos tan agitados y convulsos que vivimos. En esta ocasión se va a retomar a un hombre de incuestionables motivaciones y capacidades teórica-reflexivas, y por la labor realizada en Argelia en un momento extremadamente arduo, el autor del epígrafe propuesto: Frantz Fanon.

Me imagino que muchos de nuestros amables lectores tienen poco conocimiento sobre el personaje en cuestión, el porqué de su relevancia sobre este tema. Nuestro autor nació en 1925 en la isla caribeña de Martinica, uno de los tantos dominios coloniales que tenía Francia en ultramar. Tuvo la oportunidad de estudiar medicina y psiquiatría en la Universidad de Lyon donde se graduó en 1951, y entre otros asuntos se abocó al análisis de la relación entre cultura y psiquiatría. En 1954 se unió de manera secreta al Frente de Liberación Nacional en el proceso de la independencia de Argelia donde fungió como jefe de servicios en el Hospital Psiquiátrico de Blida-Joinville. Fue ahí, donde desarrolló muchas de sus ideas y tesis sobre el efecto que tiene en la psique del subordinado el proceso colonizador, dirá: “La relevancia de lo cultural tanto para la psicología normal como en los proceso o tratamientos patológicos.” En ese contexto, escribió dos textos que tuvieron en una enorme resonancia en los procesos de liberación nacional alrededor del mundo: Piel negra, mascaras blancas (1951) y Los Condenados de la Tierra (1961) con prólogo de Jean-Paul Sartre.

Con los elementos propuestos, podemos plantear algunas ideas que permiten ver el alcance y la profundidad de la colonización en nuestros contextos continentales. Esto que se está proponiendo no es exclusivo de la América Latina, se hace extensivo a todas las porciones del mundo que han sido colonizadas o que siguen bajo dominio colonial. Un asunto clave en estas consideraciones, es el impacto que ha tenido la colonización, y como se desdobla en el conjunto del proceso civilizador, al abarcar todas y cada una de esferas sociales colonizadas. La economía, la política, de manera relevante, en la educación, en la cultura, en la vida social, toda.

Un elemento central, es como impacta en la visión del colonizador y del colonizado la dimensión racial, que fue uno de los aspectos que más trabajó Fanon al lado de su mentor Aimé Césaire en su texto titulado: Discurso sobre el colonialismo (1955), y sus reflexiones sobre la negritud. Como se puede observar, estos planteamientos cobran tal hondura que prevalecen en la conciencia del colonizado por siglos. El gran filósofo mexicano Leopoldo Zea afirmaba que: “Un pueblo colonizado difícilmente sale de esa condición, a menos que genere una estructura mental y cultural que la contraponga de manera clara.” Estando la cuestión en estos puntos, la pregunta de rigor es: ¿por qué un proceso colonizador es tan férreo que es capaz de permear al conjunto social y permanecer en él por largo tiempo? Un primer acercamiento es, por la manera en que se impone. La mayoría de las colonizaciones que se han dado por medios violentos. Una muestra de esto es, la colonización de África, donde cobró y ha cobrado dimensiones impresionantes, por no recargar la adjetivación. Uno de los procesos de liberación que tuvo enorme impactó fue precisamente, el argelino, donde la crueldad y los excesos estuvieron a la orden del día.

Otras de las dimensiones que tuvieron y tienen una relevancia mayúscula, es la llamada inculturación, esto significa, asumir todas y cada una de las pautas de la colonización e interiorizarlas de manera absoluta en la conciencia del colonizado. Esto se da a través de la educación y la cultura, se va desdoblando en la manera que la nación colonizada los hace suyos y los reproduce miméticamente, incluso, sin cuestionarse ni preguntarse por su sentido y pertinencia. Esta dimensión, requiere mayor trabajo, y una actitud crítica sobre las implicaciones que tiene en el colonizado esas conductas, esos códigos; que a la larga difícilmente se desprenden de ellos. Un ejemplo elocuente de esto, era la reiterada obsesión por ir a estudiar a los centros metropolitanos, y absorber, una vez más, la cultura del colonizador.

En nuestro contexto, estas prácticas y actitudes las vemos de manera nítida en la concepción que tiene la dirigencia política e intelectual norteamericana, sobre la forma en que ven a nuestra América. Uno de sus intelectuales e ideólogos, Samuel Huntington en el siglo pasado tenía una idea realmente imperial, al afirmar que nuestras civilizaciones están en una dimensión contrapuesta con el pensamiento liberal norteamericano, a eso le llamó, “el choque de civilizaciones”, ante eso, lo que debían hacer era atraer a nuestros intelectuales y “educarlos” en su visión del mundo y la realidad. Por cierto, una idea reiterada por el vecino del norte desde el siglo XIX. Como dice el viejo refrán: “Nada nuevo bajo el sol”.

Ante esto, hemos tenido intelectuales que han trabajado sobre ello, uno de ellos fue el filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel que abogaba por un proceso descolonizador donde surjan nuestras culturas, nuestros valores y nuestro derecho a concebir el mundo desde otros parámetros. Si esto lo ubicamos, y lo hacemos extensivo a otras dimensiones de nuestra realidad, obviamente, implican la ciencia y la tecnología que nosotros podemos desarrollar y poner en práctica. Para beneficio propio y con pleno conocimiento de causa.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

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