Desde nuestra América

En camino a las elecciones

Imagen: Ciencia UNAM.

Oscar Wingartz Plata*

Hablar de democracia es disponerse a enfrentar la polisemia y la resignificación, pues se trata de un término que tolera mal la definición. La situación se agudiza si consideramos los desfases y transfiguraciones que provoca el transcurrir del tiempo, pues se ha constatado ya que la democracia de los modernos no es, ciertamente, la de los antiguos; que la actual dista mucho de la consabida y paradójica definición original clásica del gobierno “de, para y por el pueblo”, así como de aquella otra interpretación –también griega pero menos conocida- que la describía como “el espacio donde nadie puede arrogarse títulos para gobernar, por considerar al poder una responsabilidad de todos.” Fernanda Navarro.

Con el inicio del año el proceso electoral ya se puso en marcha, estas elecciones, también, conocidas como “intermedias” serán especiales, en el sentido mencionado por la autoridad electoral, al ser las más grandes en la historia de México, por el número de candidaturas en juego. Esto debería ser parte de una reflexión consecuente por lo que ello implica. Afirmar que “son las más grandes de la historia”, no es poca cosa. Sobre todo, si tomamos en cuenta lo que han sido estos eventos en nuestro país. Esto quieres decir, que empezaremos a resentir la andanada de propaganda política de todo tipo, como ya se está viendo. El problema no es la propaganda en sí, sino sus contenidos, porque en muchos casos se mueven entre absolutas mentiras, verdades a medias, y en otros casos, sí hay moderación.

Retomamos el tema por la manera que se vislumbra “la batalla electoral”, donde la nota central ya está marcada, el encono abierto, desafiante, y en cierta medida, poco mesurado contra el gobierno de la 4T y su partido. Hay un asunto que no deberíamos aceptar, la manera en que se exponen las campañas, entre otras cuestiones, porque muestra un bajísimo nivel político, intelectual y propositivo. No va a ser denostado e insultando al contrincante como se va a llamar la atención del electorado, más bien, genera lo contrario, rechazo, hartazgo y apatía ante tales procederes. Esto no es nuevo en el horizonte electoral, ejemplos, los tenemos a la mano, no hay necesidad de ir muy lejos. Tampoco se pretende “hacer leña del árbol caído”, simplemente, se desea poner sobre la mesa la estricta necesidad que las campañas sean un ejercicio cívico-político de nivel, donde se puedan ver las propuestas y la capacidad de gestión de los diversos contendientes.

Se hacen estas referencias, tomando en cuenta la compleja coyuntura que estamos viviendo como país. Donde la nota central ha sido, sin exageraciones, la pandemia, el costo que ha tenido y el agudo problema de la reactivación económica. Ante este panorama, los cuestionamientos están en la primera línea de las consideraciones sociales. Sobre todo, si tomamos en cuenta, que esta contingencia va para un año con la declaratoria del confinamiento y las consecuencias derivadas del mismo. Es en este contexto que se van a realizar las elecciones intermedias. Aquí cabría hacer una serie de consideraciones sobre las posibilidades de los partidos en este proceso electoral y la labor que tienen por delante.

No es un misterio decir que el trabajo de los partidos políticos y sus candidatos es realmente azaroso en múltiple dirección, no van a resolver los problemas del país apuntándose con el dedo, ni denostándose mutuamente. Por delante hay una agenda por demás desafiante, la primera y más urgente, como ya se había mencionado, superar la pandemia en un tiempo razonablemente pertinente.

Una idea sobre este punto, el confinamiento, la desaceleración económica y sus efectos han sido una carga muy pesada para la población, pretender extender el mismo, tendría mayores consecuencias, tomando en cuenta, la reactivación económica. Este planteamiento debe ser visto como una cuestión neurálgica en este momento. Como en otras ocasiones se ha comentado, de ninguna forma se está diciendo que se abra la actividad sin orden ni concierto, se necesita toda una estrategia que contemple numerosos escenarios, para evitar rebrotes o reincidencias como ha sucedido.

Por otro lado, está un asunto que ha estado presente a través de todo este tiempo, a la forma en que los distintos partidos políticos han visualizado esta coyuntura. Las expresiones, los planteamientos, las críticas se han movido en un arco muy amplio de consideraciones, esto hace más complejo el panorama por un hecho que se muestra poniendo un poco de atención, hacer creer que se tiene la razón última de cómo abordar esta problemática, eso simplemente, es estar fuera de toda proporción. Un elemento que no debemos perder de vista es la condición propia del país. Fueron muchos los años de abandono en múltiple espacio, y uno de ellos, fue precisamente el sector salud. La inversión, la generación de infraestructura, el reordenamiento del sector, ha sido un elemento que ha jugado en contra del buen avance y contención de la enfermedad.

También están los efectos y secuelas que ha dejado esta coyuntura. No es privativo de nuestro país. El mundo entero se ha visto afectado severamente por el virus, la desconexión de los circuitos productivos ha impactado frontalmente a todas las economías, esto ha hecho que se paralice la reactivación en múltiple rubro. Así, pues, sin ánimo reiterativo, es aquí donde se plantea la urgente necesidad de enfocar los esfuerzos en pos de una salida viable, pertinente y expedita para el conjunto del país. Como se planteaba, esto no se va a lograr, partiendo de visiones sesgadas, cerradas o poco claras. La política debe ser una práctica social que ante todo, debe buscar el bien y la armonía social, lo demás, son sectarismos.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Docente-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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