Cartas desde la locura

El Iluminado / I

‘Ígor el ruso’, en su cabina blindada. Foto: Especial.
“Volveré y os buscaré”: Norbert Feher.

Ramón Martínez de Velasco

@ramavelm

Informes psiquiátricos revelan su carácter antisocial y narcisista.

El acusado afirma que la imagen que se tiene de él es culpa de los medios.

El acusado afirma que la imagen que se tiene de él es pura propaganda.

El acusado interpreta un simple gesto como un ataque.

(Me recuerda al tipo de “las mañaneras”.)  

I

Norbert Feher es Ígor Vaclavic y Marco Bolini y Ezequiel, e ‘Ígor el ruso’. Un tipo de mirada desafiante que llegó a usar hasta 23 identidades falsas. “Conozco a gente por todo el mundo que me facilita estas identidades. De China a Rusia, de España a Italia”.

Todas las evidencias sobre su pasado apuntan a que emigró a Italia a inicios del milenio y que allí comenzó a perpetrar robos y que, con el tiempo, su escalada criminal fue en aumento. “Es una persona que se ha movido en zonas de conflicto”.

Ígor sostiene que desde Italia ingresó a territorio español “en bicicleta”.

En España está acusado de dejar heridos de gravedad a dos vecinos de la provincia de Teruel, de asesinar a un ganadero, y de acribillar con veinte tiros a dos guardias civiles que “me sorprendieron cuando fui a recuperar mi Biblia” (a la finca donde se refugiaba), por la cual “bien valía cobrarse aquellas dos vidas”.

¿Tan importante es esa Biblia como para arrebatar dos vidas? “Sí”.

Cuando el fiscal le preguntó si las dos víctimas que sobrevivieron (de milagro) llegaron a tocarle, con sangre fría contestó: “Si me hubiesen tocado, no estarían aquí”.

Y dijo más. Sus muertes se deben “al destino”. Nada tenía en contra de sus víctimas. “Sólo uso las armas cuando no hay otra alternativa. Mi intención no era matarles. Si así hubiera sido, les habría apuntado a la cara. Sólo quería mi Biblia. No voy matando gente así como así”.

II

Desde su cabina blindada el forajido serbio de origen húngaro hace la señal de la victoria a las cámaras y sonríe complacido por la atención mediática (ver imagen).

Sin perder su frialdad, se muestra sereno. Cual lobo solitario acostumbrado a sobrevivir en el campo a base de hurtos y atracos.

Informes psiquiátricos revelan su carácter “antisocial y narcisista”. (No obstante, mantenía correspondencia amorosa con una misteriosa mujer de Móstoles, villa española en la comunidad de Madrid.)

Para Marco Forte, fiscal que investigó sus asesinatos en Italia, ‘Ígor el ruso’ es un psicópata plenamente consciente de sus actos: “Es capaz de contarte cómo ha asesinado a dos personas, como quien te cuenta que ha ido de vacaciones a la playa”. No es alguien “a quien se pueda dirigir”.

Dentro de la cabina blindada donde rinde declaración, el acusado afirma que es un ex combatiente del Ejército ruso. “Yo vivía en Serbia cuando fue bombardeada. Normalmente duermo dos o tres horas al día, como la noche antes de venir aquí. En 1999, cuando cumplí 18 años, un amigo me introdujo en un grupo paramilitar para combatir contra los Cascos Azules de la ONU, en Serbia”, cosa que el fiscal Forte no le cree: “No es un soldado experimentado ni nada de eso. Pero ciertamente es capaz de sobrevivir en el campo por sí mismo, al que está acostumbrado”.

Su defensa sostiene que ‘Ezequiel’ padece una “neurosis de guerra” que le hace percibir la realidad de un modo totalmente distinto al resto de la gente, e interpretar un simple gesto como un ataque.

A la pregunta de si padece ansiedad, el enigmático recluso respondió que “ésa es una enfermedad de débiles”.

III

En una cárcel italiana contó, a sus compañeros de prisión, que era un espía ruso y que perdió a su mujer y a su hija en un accidente de tráfico, y que por ello decidió irse a China.

A su ex compañero de celda, Luigi Sgrima, le escribió que trabajaba de ‘gigoló’ en España.

En el centro penitenciario de Zaragoza entabló cierta amistad con el salvaje ‘okupa’ Rodrigo Lanza (condenado por el conocido como “crimen de los tirantes”).

En Palencia, España, ha estado en régimen de aislamiento debido a su extrema peligrosidad. (Aislamiento que rompió atacando con un azulejo afilado a cuatro custodios, a quienes provocó lesiones. “Si entran a mi celda os mataré. Vuestras muertes me salen gratis”.)

Cuando ingresó en prisión, sólo pidió una Biblia, el Código Penal y varias estampitas de Santos. Luce un crucifijo al cuello y se presenta como un “iluminado”. Cuando fue detenido, entre sus pertenencias había un medallón de la Virgen del Pilar.

Los custodios han hallado notas en su celda, en español e italiano: “El tiempo es una ventana. La muerte es una puerta. Volveré y os buscaré a cada uno de vosotros”.

IV

La carnicería comenzó con dos asesinatos en Italia y terminó en los municipios de Albalate del Arzobispo y Andorra, donde vecinos alertaron sobre varios robos en las fincas de la zona (llamadas “masicos”).

En el banquillo, el acusado contesta tranquilo y sereno. En italiano, mezclado con frases en español.

A distancia, desde dos hoteles, lo observan el padre y las viudas de los asesinados, quienes días antes inspeccionaron unas cuevas entre ambas localidades ante la sospecha de que el ladrón se escondía allí.

Ígor ha reconocido que bajaba a los “masicos” en busca de cobijo, comida, y para cargar sus dispositivos electrónicos, que guardaba en una casa abandonada.

Que robó la camioneta de su primera víctima y se atrincheró en uno de los bares de Andorra, de donde cargó con cervezas.

Que a escasos kilómetros de Valencia (donde tiene “amigos”) se salió de la carretera y se tumbó a descansar bajo una encina, con una de sus pistolas como almohada, la otra en la cintura, y con un machete en el pecho.

Que allí, a las 3 am, lo encontraron los agentes. “Tiene sangre en la cara. Presenta un aspecto sucio, desarreglado, y huele a alcohol. Pero tiene una mirada despierta y se muestra coherente”.

Epílogo

El acusado busca las cámaras.

Sonríe en numerosas ocasiones.

Incluso, gusta de hacer el gesto de la victoria a los fotógrafos.

(Me recuerda al tipo de “las mañaneras”.)

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