Desde nuestra América

Chile ante una nueva constitución

Foto: Gobierno de Chile.

Oscar Wingartz Plata*

“¿Qué espero? Espero un país mejor –dice mientras se emociona y llora-; espero un país para ti Rayen (se dirige a la hija que la escucha) y para mi futura nieta que viene en camino y mis nietos, y para mis vecinos chiquitos. Espero lo mejor, por eso estoy votando, quizá yo no vea ningún cambio, pero estoy feliz de haber venido a votar y ojalá mucha gente más como yo pueda ejercer su voto y gritar ‘hasta aquí nomás llegamos, que basta de abusos de poder en todas las cosas’. Espero un país para los mapuches como yo, quiero que seamos respetados y que nosotros también respetemos…” Una mujer de Lo Hermida en la Comuna de Peñalolén en Santiago.

Estamos viviendo tiempos paradigmáticos, con vaivenes muy marcados, con oscilaciones y desarrollos complejos, que le dan una contextura única a este siglo y de milenio a nivel global. Una de esas oscilaciones y complejidades fue el reciente plebiscito en la República de Chile, donde se convocó a la población el pasado 25 de octubre para votar sobre la redacción de una nueva constitución, un hecho en sí mismo impresionante, por muchas razones, las cuales, sólo algunas comentaremos en este espacio, para darnos una idea de este evento.

Un primer dato es el número de votantes, de un universo de 15 millones con derecho a sufragar, votaron más de 7 millones, es decir, más de la mitad de la población con derecho a voto, con un aplastante 78.27%. Esta es una cifra realmente abrumadora, tomando en cuenta que se habían realizado esfuerzos faraónicos para poder impulsar una consulta de este calibre.

Aquí debemos dimensionar estos hechos en su justa medida, esto es, la confección, redacción de una nueva constitución a estas alturas de la historia, no es un asunto sencillo, entre otras cuestiones, porque, supone, reitero, supone que un documento de esta envergadura debe abrigar al conjunto de la población, a todos sin distingos de ninguna naturaleza. Todos deben estar en la nueva constitución, porque, sino es así, pierde todo sentido su convocatoria, es para decirlo de manera clara: más de lo mismo. Este es uno de los puntos más complejos y álgidos, porque se parte de una pregunta en extremo concreta, ¿quiénes van a componer la Convención Constituyente para su elaboración? Esta pregunta es superlativa por la importancia que tiene en sí misma. La composición de sus miembros es lo que le dará la orientación, el contenido, el significado y trascendencia a esa Carta Magna.

Ejemplos tenemos muchos, desde los orígenes de los modelos llamados democráticos, han estado presentes estos documentos, la clave de esas constituciones ha sido la composición social, ideológica, económica de los constituyentes convocados para su elaboración. Hay cuatro que históricamente han sido emblemáticas porque dieron paso a su reproducción y copia en otras latitudes: la norteamericana, la francesa, la mexicana y la bolchevique. Estas constituciones tuvieron como eje central para su redacción quienes eran los constituyentes. Aquí viene un cuestionamiento que se ha hecho complejo o reiterativo, ¿una constitución es hecha desde una posición de clase o efectivamente contempla al conjunto de la nación en cuestión? Muchos se han hecho esta pregunta, por su trascendencia al momento de ser promulgada y puesta en acto.

Para el caso que estamos proponiendo tiene una expresión muy concreta, porque ha sido un anhelo largamente deseado, tener una constitución que vele realmente por todos los ciudadanos, que no esté sesgada por consideraciones extra constituyentes. La actual constitución chilena viene de la dictadura militar encabezada por el fallecido general Augusto Pinochet Ugarte, aprobada el 8 de agosto de 1980, redactada por la Comisión Ortúzar, el Consejo de Estado y la Junta Militar de Gobierno. Como estos elementos, nos podemos dar una idea sobre el contenido y el carácter que tiene ese documento. Esa constitución fue elaborada al calor de un contexto en extremo agudo para sociedad chilena, uno de ellos fue la implantación “de manera experimental” el modelo económico, mejor conocido como neoliberalismo. Esto significa que la nación andina fue la plataforma para su implementación y su despliegue en toda América Latina.

Ante esto, el desarrollo y evolución de la sociedad chilena estuvo enmarcada por una serie de factores que han sido la herencia de ese periodo como dice el Mtro Marcos Roitman: el hambre, la miseria y la represión, signos evidentes de esa forma de gobierno. Continuada por los sucesivos gobiernos post pinochetistas, “tratando de dar una cara más democrática”, pero en esencia sigue en la ruta ya trazada desde la dictadura. Por ello se comenta, la relevancia de la convocatoria como los riegos que puede tener dicha convocatoria.

No hay que olvidar un elemento de primer orden en esta exposición, al igual que en la mayoría de los países latinoamericanos, su composición es pluriétnica, esto quiere decir que es un sector inherente e integral de nuestras naciones, sus pueblos originarios, el pueblo mapuche es uno de ellos. Esto hace más complicado la elaboración de ese documento, porque no sólo tienen derecho, son parte de la nación toda. Tampoco hay que olvidar que, los pueblos originarios han entablado una batalla feroz por su reconocimiento, aceptación y adhesión al conjunto de la nación sin reticencias ni simulaciones de ningún tipo, la lucha zapatista, va en la misma dirección. Estamos ante una complejidad nada sencilla de darle cauce, por los intereses creados e históricamente reiterados.

Así, pues, se puede afirmar que el pueblo chileno tiene ante sí un tramo muy largo que recorrer en la confección de su nueva constitución. Los obstáculos, las trampas, los resquicios legales, pseudo legales y de clase van a estar al acecho en la configuración de una asamblea constituyente, que efectivamente haga prevalecer la voz, el sentir, los anhelos, las esperanzas y las demandas legítimas del pueblo chileno, empezando por los desposeídos, ninguneados ni excluidos de siempre.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Docente-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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