¿Trump hablando de moralidad?

Opinión Trump hablando de moralidad
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en entrevista con periodistas del New York Times. Foto: Especial.

Oscar Wingartz Plata*

… el presidente Trump concedió una interesante entrevista a un grupo de reporteros del New York Times. Expresó su visión del derecho que regula las relaciones internacionales y el que rige las normas entre sus propios conciudadanos. Uno de sus más contundentes y temerarios asertos fue que sus decisiones están enmarcadas y determinadas por “su propia moral”. No está claro cuál es esa moral, pero por la forma de conducirse se caracteriza por una laxitud imposible de encuadrar el algún marco normativo por ser errática, incierta y frecuentemente contradictoria. De lo que parece haber duda es que en su conducta prevalece una carga de xenofobia y fariseísmo, que, en última instancia, deriva en beneficio familiar y personal. Arturo Balderas Rodríguez.

Los dichos y hechos de D. Trump están cargados de un sentido que parecen no tener límites en cada una de las afirmaciones o declaraciones que hace. Todo esto viene a propósito del epígrafe propuesto. En la entrevista que se efectuó el pasado 8 de enero ante los reporteros, donde hizo una serie de afirmaciones muchas de ellas de una temeridad y un desparpajo propias de una personalidad con trastornos de diverso orden. Una de ellas, que tiene una carga muy fuerte por el contenido que expresa fue al decir que sus decisiones están determinadas por “su propia moralidad”, en términos muy concretos, eso sí es muy grave. Porque nos pone en una situación muy compleja y endeble, más de quien las emite. A partir de este dicho, se pueden formular una serie de cuestionamientos que tienen una problemática evidente, la primera y más contundente: ¿Trump tiene alguna moralidad que rija su conducta? Si se afirma que sí, nos lleva a otra pregunta, también compleja, ¿cuál es esa moralidad? Porque, su conducta y proceder, más bien, refleja exactamente lo contrario, no tener ninguna, o si concedemos que sí, es en extremo permisiva, al hablar de permisividad, se está diciendo que va al extremo de la laxitud. Esto nos traer al planteamiento previo ¿cuál es esa moralidad?

Este individuo, se relaciona en muchas vertientes con otros personajes que tienen características muy similares. Se ha afirmado que es ególatra y narcisista, eso lo pone en una posición inestable, porque, su actuar es incierto, errático e impredecible. Como se dice en el argot popular es un “chimoltrufio” consumado, es decir, así como dice una cosa, dice otra. No están lejos de acertar. Si vemos el asunto con mayor detalle, encontramos que ese es uno de los núcleos del problema, sus pareceres, sus decisiones, su proceder impredecible, lo hacen un sujeto incontrolable, porque, no tiene un contrapeso real que le haga ver la gravedad de sus dichos y actos. Porque, parece que actúa con total autonomía de todo y de todos. Él decide lo que le place, más, si hablamos del presidente de la nación más armada del planeta, por ello, es en extremo peligrosa su conducta.

A partir de este primer acercamiento, podemos ver que su visión de la realidad oscila entre lo arbitrario y lo irreal. Considerar que puede actuar con absoluta impunidad en cualquier lugar del planeta, con excepciones evidentes -Rusia y China-, deja ver que nadie se puede fiar de su proceder. Muchos de sus dichos rayan en supuestos totalmente ajenos a los hechos mismos, un ejemplo, afirmar que él es “el presidente interino de Venezuela”, es por decir lo menos, una auténtica exageración, sin pies ni cabeza. Así nos podemos seguir en esta ruta de afirmaciones y turbiedades mentales que atraviesan por su cabeza. Otro punto muy delicado, es el reiterar de manera obsesiva y maniaca que en México los carteles son los que mandan, eso -cree que- le da justificación para intervenir militarmente en nuestro país. Así empieza una narrativa acomodaticia, simplona, descarada y carente de fundamento sólido, por una cuestión muy clara, ¿por qué el narcotráfico no se detiene en su país? La misma presidenta Sheinbaum en una mañanera lo comentó al decir, ¿qué sucede en Estados Unidos con el impresionante consumo de estupefacientes?, ¿No hay autoridad que trabaje de manera contundente sobre ese flagelo?, ¿quiénes controlan el mercado y la distribución de la droga?, ¿por qué no pueden acabar con las bandas de narcotraficantes en el país del norte? Cuestiones claves, contundentes.

Ahora bien, esta cuestión sobre la moralidad de un personaje tan inestable debería ser tomado con la distancia que amerita. Aquí se puede retomar un dato preocupante, cuando afirma junto con uno de sus asesores e ideólogos Stephen Miller, que el derecho internacional y las leyes que regulan el orden mundial no tienen a estas alturas de los tiempos ninguna relevancia, simplemente, es retornar a la ley de la selva, del más fuerte, al darwinismo social más descarnado, eso muestra en su propia enunciación el desprecio absoluto por los valores y los principios fundamentales de la relación entre los seres humanos, en consecuencia, no apelan ni valoran ninguna moralidad. En concreto, no tienen su asesor y Trump el mínimo aprecio por los demás, sean personas o pueblos, por lo tanto, su supuesta moralidad se desvanece en el acto. Entonces, ¿qué se puede esperar?

Hay una pregunta en extremo pertinente, ¿qué tipo de relaciones o tratos se pueden establecer con un sujeto que todo lo relativiza o desprecia? Por ello, la presidenta está en una posición en extremo endeble, porque, así como puede hacer una cosa, puede hacer la exactamente la contraria. Esta estrategia de contención que está siguiendo la Dra. Sheinbaum es como caminar en la cuerda floja, porque, en algún punto se puede romper, lo peor, a la menor provocación. Estamos viviendo tiempos en extremo complejos, con una plutocracia mundial que camina en sentido inverso a lo que dicta el sentido de la historia, ellos la quieren invertir sin miramientos de ninguna naturaleza. Los ejemplos, los sucesos, los acontecimientos lo muestran a cada momento.

Estar atenidos a una respuesta racional, equilibrada, sensata, parece que es pedir demasiado, sobre todo, si tenemos un personaje que, según él, “tiene el sentido de la realidad en su mano”, por tanto, puede hacer de ella lo que quiera. Una última consideración, si esa es “la lógica” que mueve a la oligarquía norteamericana, y Trump les sigue el juego, estamos ante un riesgo inminente que pasen acontecimientos impredecibles e indeseables. Por ello, la afirmación de que se rige por “su propia moralidad”, es la antesala de eventos tormentosos.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

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