Desde nuestra América

¿Qué hacer?

Oscar Wingartz Plata*

Arrobados por esas innovaciones, los gobiernos del mundo apostaron, sin dudarlo, por las herramientas digitales como medio para suplir las carencias ancestrales del sistema educativo, así, desde la década pasada, la tecnología en la educación es recibida como la hija pródiga: con los brazos abiertos.
Todo ello omitiendo que, desde hace una década, diversos estudios han mostrado los efectos indeseables que sufre la personalidad cuando se somete a la tecnología digital. Concretamente, en su efecto sobre el aprendizaje… Ramón Chaverry Soto.

Cuando el gobierno federal dio el anuncio sobre el retorno a las clases presenciales en el nivel básico, se levantaron una serie de voces, opiniones, cuestionamientos y críticas de todo tipo. Unas a favor, otras en contra sobre las implicaciones que ello podría tener en la salud de los estudiantes. Se han esgrimido planteamientos de muy diversa índole, muchos de ellos han apuntado sobre la pertinencia o impertinencia de tal decisión. Esto como muchas otras realidades se ha constituido en una discusión en extremo dilatada. Incluso desde el momento en que se abrió la posibilidad de que muchas esferas de la vida cotidiana retomarán sus actividades, se escucharon diversas expresiones sobre su necesidad o postergamiento. Asunto complicado.

El cuestionamiento de fondo ha sido retomar nuestros quehaceres cotidianos o continuar con la estrategia del confinamiento hasta ver un semáforo epidemiológico totalmente en verde. ¿Qué se debe priorizar? ¿Las actividades en cuantos tales o el resguardo de la población en su conjunto? Es evidente que en esta disyuntiva va muchas cuestiones de por medio, una de ellas que tiene un enorme peso y profundidad es la reactivación de la economía, vía la activación de la fuerza de trabajo y el despliegue de la producción. Este punto ha sido uno de los complejos y entreverados, sobre todo, si tomamos en cuenta que los meses más duros de la pandemia muchas ramas de la economía se paralizaron, y en consecuencia, el desempleo estuvo a la orden del día, de ahí la necesaria activación.

Este ejemplo nos puede dar la pauta para hacer las respectivas referencias con otros ámbitos, donde paradójicamente, se están activando, a pesar del color del semáforo. En todo esto hay un asunto que debemos ver con la mayor claridad posible, se refiere al regreso a la normalidad. Este punto, junto con la economía han sido de lo más arduo de asumir. Parecería que en términos absolutos, es uno o el otro, no hay punto medio. Es ahí donde cobra mayor complejidad las decisiones.

La sociedad en la que vivimos tiene en su interior, en su propia lógica, una serie de elementos que le confieren su propio ser y dinámica, uno de ellos es ser eminentemente consumista, es decir, esta sociedad no puede abstraerse de la producción y del consumo, si así fuera estaríamos presenciando su propio derrumbe y desaparición. Eso literalmente es inconcebible para la maquinaria que la mueve. En este tenor, una de las complicaciones más agudas ha sido ¿cómo paliar los efectos de la pandemia y con ello salir lo mejor librados posible? Como pueden apreciar, asumir una u otra decisión no es asunto sencillo, si tomamos en cuenta que nuestros márgenes de maniobra se ven acotados por una serie de incidencias de diverso orden, entre otros, el social, económico, sanitario.

Ante este panorama, la autoridad federal decidió el regreso a clases presenciales apelando a una serie de situaciones que se estaban constituyendo en un problema real, la prolongación casi indefinida del confinamiento y las clases virtuales, con las consecuencias que ello estaba teniendo en la convivencia, en la salud mental, en el aprendizaje, así como la carencia de socialización, que es un aspecto clave, fundamental de la vida escolar y social. Ante este panorama se decidió retomar las clases, con las implicaciones que ello pudiera tener.

Una variable en estas consideraciones que se vienen proponiendo, y que tiene una dimensión explícita, es el proceder de la población en su conjunto. ¿Cómo ha actuado la gente ante este fenómeno? Es pertinente hacer esta mención por una cuestión muy concreta, ante la prolongación de la enfermedad, la resistencia, la resiliencia que tanto margen tienen de cobertura. No es lo mismo estar en un confinamiento que tenga un periodo de cierta brevedad, a uno que exige meses y meses de aislamiento, donde las curvas de la misma enfermedad oscilan de forma muy marcada con las llamadas “olas”.

Un elemento más, la vacunación se debe constituir en una barrera de contención eficaz y certera, así ir avanzando en su desarrollo y perfeccionamiento. El programa diseñado por el gobierno federal está abarcando a totalidad del país, para así iniciar una nueva etapa en el uso y tratamiento de la pandemia. También se debe decir que esta enfermedad se puede constituir en una más que va a quedar como muchas otras que la humanidad ha vivido. Erradicarla completamente, al menos en esta coyuntura es en extremo complejo, es decir, tendremos que saber vivir con ella, y con el paso del tiempo manejarla con mayor conocimiento de causa.

Así, pues, los planteamientos están ahí esperando una respuesta lo más clara posible, con ello entrar en la tan ansiada normalidad. La apertura de la escuela debe ser un paso en esa búsqueda de soluciones a una coyuntura que ha costado enormes sufrimientos y pesares, no sólo a nuestro país, sino a la humanidad en su conjunto. Con la apertura de la escuela, el panorama debe ser alentador, no por un acto de la voluntad, sino como un medio más eficaz para que nuestra sociedad se reactive y así transitar a mayores espacios de interacción, teniendo en mente con toda claridad y sensatez el guardar las respectivas precauciones, como medio de control y superación de esta enfermedad, que ya va a cumplir 18 meses, mucho tiempo en términos objetivos.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *