La América Latina, va en una ruta impredecible

Opinión: La América Latina, va en una ruta impredecible
El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, convocó a personas mandatarias del continente a la cumbre “Escudo de las Américas”. Foto: La Casa Blanca.

Oscar Wingartz Plata*

Tan negativo era nuestro estado que no encuentro semejante en ninguna otra asociación civilizada por más que recorro la serie de edades y la política de todas las naciones. Pretender que un país tan felizmente constituido, extenso, rico y populoso, sea meramente pasivo, ¿no es un ultraje y una violación de los derechos de la humanidad?
Estábamos como acabo de exponer, abstraídos, y digámoslo así, ausentes del estado en cuanto es relativo a la ciencia del gobierno y administración del estado. Jamás éramos virreyes ni gobernadores, sino por causas muy extraordinarias; arzobispos y obispos pocas veces; diplomáticos nunca; militares sólo en calidad de subalternos; nobles, sin privilegios reales; no éramos, en fin, ni magistrados, ni financistas y casi ni aun comerciantes; todo es contravención directa de nuestras instituciones. Simón Bolívar.

El pasado sábado 7 de marzo en el estado de la Florida, los presidentes latinoamericanos que comulgan con la ideología reaccionaria de Donald Trump, dieron una muestra de un servilismo y una sumisión realmente abyecta y denigrante. Simplemente fue un espectáculo que envileció a nuestro continente como pocas veces se había visto. El propósito de dicha convocatoria es promover una iniciativa del presidente norteamericano titulada: “Escudo de las Américas”. Para organizar, coordinar y desarrollar una estrategia hemisférica, y así combatir el narcotráfico y contra las organizaciones delictivas internacionales, mejor conocidas como “cárteles”. Los países no invitados fueron: México, Brasil, Colombia y Nicaragua. Es decir, se invitó en términos coloquiales a “los puros cuates”, los otros no, por considerarlos antagónicos, opuestos y reticentes a las políticas de Trump en diversa materia. Como se puede observar el continente está caminando en una dirección conservadora, lo cual es un signo que debe ser considerado con sumo cuidado, por las implicaciones que puede tener en el futuro mediato. A su vez, es una muestra más de los tiempos revueltos que vivimos.

En este orden, retomemos la idea que nos propone el epígrafe mostrado, del gran mantuano Simón Bolívar, que en sus haberes tenía un gran proyecto continental, que incluía al continente recién independizado del dominio español, cuyo golpe final fue la Batalla de Ayacucho en los Andes peruanos. Es importante exponer esta propuesta, porque Bolívar alcanzó a ver con gran claridad que, sin una unidad continental, los pueblos recién independizados su futuro iba a ser terriblemente incierto, y el cálculo no le falló. A la vuelta de 20 años, los nuevos países latinoamericanos se vieron enfrentados a un problema que pocos lo habían considerado, ¿cómo organizarse política y económicamente? Asunto clave.

Bolívar concibió esa gran unidad continental, como un elemento central para la consolidación y afianzamiento de las naciones latinoamericanas. En términos generales, todo el siglo XIX fue de una enorme inestabilidad, entre otras razones, por la falta de una conducción económica y política sólida. El caso más evidente y doloroso fue la historia centroamericana, muy a pesar del gran hondureño Francisco Morazán y su proyecto de unidad centroamericana se balcanizó impresionantemente, con las consecuencias que vemos hoy en día. Una historia que tiene un poco de todo, pero el más elocuente de ellos fue Nicaragua, incluso con una ocupación militar por más de 25 años, dejando una secuela de pobreza e inestabilidad político-social severa. Así podemos ir haciendo un recuento de las diversas regiones, donde fuerzas de diverso signo intentaron modificar el mapa latinoamericano, entre otras penurias destruyeron la esperanza y el anhelo de un continente fuerte y unido.

No es un recuento nostálgico, es una realidad palpable, de todos los días. Ya el maestro ecuatoriano, sociólogo de formación y un gran intelectual Agustín Cueva lo expuso en una de sus obras centrales: El Desarrollo del Capitalismo en América Latina. Entre otras afirmaciones decía: nuestro continente tiene una historia azarosa y difícil de superar bajo los actuales esquemas. No sólo él, otros han planteado esta tesis, el haber sido avasallados y conquistados nos deja en una tesitura compleja, por ser naciones dependientes y subdesarrolladas.

Bajo esta óptica, es evidente que haya una reproducción de visiones muy difíciles de recomponer o darles un sesgo radical, entre otros, la posición ante los poderosos. Sólo es cuestión de ver la actuación de nuestro mayor antagónico, Estados Unidos, sistemáticamente ha trabajo para controlar y dominar a nuestra América desde el Siglo XIX con la infausta y perniciosa Doctrina Monroe, y los que le han seguido, que no se salen del guion. Proyectos van, proyectos vienen; y la tónica no se modifica sustancialmente, ahora con mayor crudeza con la llamada Donroe, sin consideraciones de ninguna naturaleza, ya se dio el lujo de actualizar la dichosa doctrina, sino, además modificarla a conveniencia. Ante esta coyuntura ¿qué hicieron los convocados?, aplaudirle sus ocurrencias y sus faltas de respeto como si estuviera dictando “la línea de la verdad”. Viene una pregunta central, ¿ésta es la conducta de un presidente que se considera soberano e independiente? ¿ese debe ser proceder de un presidente que debe defender los intereses de sus connacionales?, para cerrar el cuadro, el presidente de Honduras besándole la mano a Trump. Simplemente, para los anales de lo increíble.

En este evento sucedieron cosas que no tienen límites, que deben ser censuradas por la actitud prepotente y facciosa del presidente norteamericano, cuando entre otras “linduras”, dijo que no iba a aprender “nuestro maldito idioma”. Esas son muestras de una bajeza insoportable, por una razón muy sencilla, todos las culturas y los pueblos merecen respeto, para Trump, eso es lo que menos le importa y le interesa. También muestra su extrema ignorancia e incultura, en términos objetivos está muy lejos de ser un verdadero estadista, es decir, un personaje que tiene y muestra capacidades de diálogo, conocimiento y sensibilidad, no sólo humana, sino políticas en sentido amplio. Como dice el viejo refrán, estas son las realidades con las que se tiene que bregar, en un mundo impresionantemente confrontado, donde la ley del más fuerte quiere prevalecer al precio que sea. Por ello es mala receta, mezclar la economía y la política, porque siempre habrá un punto donde se reviente la cuerda, y los directamente afectados serán los pueblos, las comunidades, la gente de a pie.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

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