
Oscar Wingartz Plata*
En el difícil vaivén entre principios y pragmatismo, bajo presión incesante de Donald Trump y las necesidades imperiosas de mantener y promover inversiones extranjeras en México, la presidenta Sheinbaum ha salido tarde y cuando una parte creciente del panorama mundial va siendo propicia, a pronunciar la palabra temporalmente desterrada, “genocidio”, y a retirar la postura equilibrista de los dos estados, Israel y Palestina.
Otro segmento, de izquierda, exige a la jefa política del Estado mexicano, bajo el planteamiento de que no puede expresarse que un gobierno es genocida y seguir manteniendo relaciones con él: romper relaciones con Israel sería el paso obligado que debería desprenderse de la aceptación claudista de esa criminalidad de la cúpula dominante de Israel, se argumenta. Julio Hernández López.
Con el inicio de las acciones militares por parte de Hámas, que se extienden por más de dos años, ante los destrozos ocasionados por esas acciones desplegadas, tomando en cuenta la impresionante asimetría entre los contendientes, que ha dejado una devastación absoluta en la Franja de Gaza, con un desplazamiento forzoso, de miles y miles de gazatiés, con un acumulado de víctimas que supera los 66 mil fallecidos, más los miles y miles de heridos, lesionados y mutilados por efecto de los bombardeos y los operativos desplegados por el ejército israelí. Ante este panorama, parece que se asoma una luz en medio de este conflicto, que ha tomado la senda de un genocidio planificado de manera meticulosa por parte de Israel, al implementar diversas acciones de guerra: la estrictamente militar, la propagandística, la psicológica, el hambre como arma, y el despliegue de la información con expresiones de auténtica desinformación.
En este contexto, la 80° Asamblea General de la ONU, está debatiendo de manera clara y explícita el conflicto en Medio Oriente, y uno de sus resultados ha sido la aceptación de Palestina como Estado con plenos derechos. Algunos de los países que lo han declarado son: Canadá, Reino Unido, Portugal, Australia, Francia y México, en un tono más mesurado, junto con otros 150 países más que ya lo hicieron. Este hecho es sí mismo es relevante, porque, muestra la voluntad de terminar con la masacre que se está perpetrando en esa parte del mundo. Tuvieron que pasar infinidad de atrocidades para que tomaran una acción como la expuesta. Esto no exime de culpa al conjunto de los países, sobre todo, los más poderosos, que estuvieron contemplando con inacción lo que ocurría, hasta llegar al punto donde se encuentran este asunto. Como dice el autor de nuestro epígrafe, Julio Hernández, de manera medrosa, atenuada, reaccionaron, hasta cerciorarse que eso tenía una dimensión genocida en múltiple dirección. Es aquí donde se puede preguntar: ¿por qué esperar a que los acontecimientos tomen estos tonos?, dónde la solución se vuelve extremadamente compleja y desgarradora, por el nivel de agudización que los eventos han alcanzado. ¿Acaso eso es lo que se esperaba?
Es evidente que este conflicto es en extremo denso y complicado, porque, no viene de hace dos años, cuando inició. Poniendo un marco de referencia viene de 1948, cuando Inglaterra abandona la escena, y los judíos llegan a establecerse en esas tierras, todo esto, después de una impresionante diáspora, que se generó en diversas oleadas, que tiene un arco temporal de siglos. Estando, así las cosas, los conflictos y los problemas se fueron agudizando exponencialmente hasta llegar a nuestros días, donde parece que es una lucha abierta entre Israel y la nación musulmana toda. ¿Razones? Hay muchas, y de diversa índole. Al menos se pueden proponer dos, ambas tienen una densidad propia, el inicio del conflicto abierto con la llegada de los judíos de la diáspora y la permanente confrontación con las naciones árabes circundantes, que vieron ese evento como una amenaza.
Retomando el punto que se mencionó al inicio de esta entrega, el hecho que en el seno de la ONU se haya expresado la aceptación del Estado Palestino, siembra, al menos, en Israel y Estados Unidos un problema mayúsculo, porque son aliados incondicionales en este conflicto. Uno de esos problemas es, ¿cómo asumir la aceptación de Palestina como estado por la comunidad internacional, por más que renieguen los gobiernos mencionados? Otro punto nodal, es la imperiosa necesidad de buscar un cese al fuego inmediato y permanente, en la perspectiva de reencontrar un cauce fiable a los arreglos que se puedan alcanzar, al término de las hostilidades. Como se puede ver, en las próximas semanas se irá perfilando el verdadero sesgo del conflicto y su solución.
Un hecho claro, evidente y explícito, que ni Estados Unidos ni Israel darán un paso atrás en sus pretensiones de terminar ese conflicto, bajo sus propios términos. Porque, ahora ven la aceptación de Palestina, como un atentado a sus propios intereses geopolíticos, donde los árabes no caben. En este entramado, no hay que perder de vista, la propia actitud de Israel, de negar y antagonizar abiertamente con los países o entes que se pongan del lado opuesto, al amedrentar, injuriar y calumniar a todos los que contradigan sobre lo que está sucediendo en la Franja de Gaza. Esa actitud es potencialmente peligrosa, porque, pretender o querer desafiar a todos aquellos que no están “de su lado”, es una de las recetas menos deseadas y esperadas por un estado que debe guardar la equilibro y la sensatez en el concierto internacional. Israel parece un Estados Unidos en chiquito. Con absoluta pertinencia se debe decir que, eso es inaceptable. Por una razón clara, no podemos vivir del amedrentamiento, el miedo y la amenaza.
Lo ocurrido ayer, 23 de septiembre, en el pleno de la ONU, escuchando las intervenciones de los presidentes de Brasil, Colombia y Chile, marca un hito de cara la realidad mundial y la diplomacia, donde solicitaron el cese inmediato ante esa barbarie, así como juzgar a los responsables directos de esos hechos, diciendo las cosas de manera clara y sin ambages. Apelando al principio básico de humanidad que debe imperar en todo tiempo y lugar. Ese fue un acto de congruencia y firmeza que lleve a acciones decisivas y terminar con el sufrimiento de miles de inocentes. En ese orden, faltó la presencia de la presidenta Sheinbaum, planteando la posición de México de manera explícita, sin necesidad de atenuaciones ni confrontaciones innecesarias, simplemente, apelando al supremo mandato del humanismo como forma fundamental de convivencia humana.
*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.



