Desde nuestra América

¿Hacia una nueva normalidad?

Imagen: Especial.
…la utopía es un género filosófico que primero diagnostica la realidad y luego proporciona una terapia; que lo utópico es históricamente operativo; que si lo ideológico es entendido como expresión de la dimensión simbólica de la cultura, la cual nunca es cultura homogénea, sino que está fragmentada a su interior por sectores, grupos y clases, lo utópico aparecerá como parte integrante de esa dimensión simbólica. Francesca Gargallo.

Oscar Wingartz Plata*

Estimados lectores vamos a reflexionar en esta entrega sobre un adjetivo y los contenidos que quiere mostrar. Este adjetivo es nuevo. Iniciamos con él por una razón muy concreta. Desde hace unos meses el gobierno federal ha expresado su deseo e interés al plantearnos un “nuevo inicio” en las relaciones sociales en nuestro entorno, a partir de esta contingencia. En términos muy precisos, es una propuesta realmente sugerente en múltiple dirección, sobre todo, si tomamos en cuenta que, esta pandemia ha tenido saldos complejos y un efecto de larga duración. Como se ha comentado de diversa manera, todo esto ha sido inédito en la historia humana, por obvias razones debería llevarnos a generar una serie de ideas y reflexiones que nos ubiquen en una recta perspectiva.

Así, pues, se habla de algo “nuevo”, de inmediato vienen los cuestionamientos, ¿qué es eso nuevo que se solicita? ¿Cuál sería la novedad? ¿Por qué se afirma que efectivamente será nuevo? Las preguntas, si uno pone atención, son muchas, y se mueve en distinta dirección. Postular una novedad es un asunto complejo, no es el simple hecho de decir que “algo es nuevo”, y ya. Debe condensar una serie de elementos para afirmarse como tal. Pongamos un ejemplo: cada cambio de época o era contempla en su seno ‘algo nuevo’, ‘diferente’, pero eso novedoso sintetiza una serie de notas o expresiones que le dan su diferencia, en este orden, podemos proponer un cambio de época que tuvo un fuerte impacto en la sociedad, me refiero a las décadas de los 60, 70 del siglo pasado. Se vivieron transformaciones profundas en diverso espacio y esfera. Estas décadas significaron o marcaron el inicio de pautas o conductas que eran desconocidas, en el orden familiar, social, ideológico, político, etcétera.

En consecuencia, la novedad a la que se nos convoca, en sentido estricto, debe ser una ruptura estructural con un pasado cercano o remoto. Es aquí donde viene el núcleo de este asunto. Vamos a formularlo a manera de pregunta: ¿cuál debe ser en sentido fuerte esta nueva normalidad? Se hace este cuestionamiento, porque, tengo la impresión que no se ha reflexionado con la suficiencia requerida sobre el significado que debe tener esta convocatoria a transitar por otra senda.

“Lo nuevo” tiene una estrecha relación con la utopía, porque es desde ella –la utopía- donde se van construyendo esos referentes, esas imágenes, esos anhelos, esas ideas de transformación, se van condensando en una serie de aspiraciones histórico-sociales que dan como síntesis lo nuevo. Todo esto se va condensando en la conciencia social en un proceso de mediana y larga duración, no es tan inmediato como uno lo quisiera o deseara. El cambio que significó la Revolución mexicana se fue incubando en un proceso que se venía dando desde el último tercio del siglo XIX, donde los sujetos y actores sociales fueron haciendo suyas esas ideas, aspiraciones y necesidades. Es a partir de este planteamiento donde nos preguntamos, ¿cómo entender esta nueva normalidad?

No podemos pensar ni desear esa nueva normalidad, a partir de lo presente, porque, no tendría nada de novedoso. Sería más de lo mismo, sólo que con otro nombre. No podemos pensar lo nuevo con códigos y referentes de hoy. Precisamente lo que se pide es la caducidad de este presente que nos ahoga, porque nos nuestra una viva ruda, áspera, inhumana. No podemos solicitar la renovación de nuestra sociedad, donde prevalecen los procederes y las conductas del presente. No podemos imaginar esa nueva sociedad, donde “los valores centrales” sean el egoísmo, el individualismo, el abuso, la prepotencia, la falta de fraternidad y solidaridad. Es decir, lo nuevo debe ir acompañado por una serie de valores que reviertan las realidades que vivimos cotidianamente, sino es así, simple y sencillamente estaríamos negando esa posibilidad y su concreción.

En este sentido, uno elemento clave en estos planteamientos, es el cambio de coordenadas que caminen en pos de una nueva sociabilidad, que incluya, el medio ambiente, la naturaleza, en definitiva, todo nuestro entorno. No podemos, ni debemos imaginar seguir en la misma ruta de devastación ambiental, porque sería la declaratoria del fin de la humanidad. Estas no son estridencias, son llamados que se han hecho desde diversa trinchera para revertir el proceso que se inició hace 500 años con la colonización y explotación del planeta a escala global.

El mismo Karl Marx lo planteó al decir que el modo de producción capitalista tiene como fin y objetivo fundamental, la explotación de los recursos del planeta y de los seres humanos, a través de formas de relación, donde el sujeto productivo es un apéndice de la máquina, y por tanto, lo esclaviza cada vez más. Esto lo podemos constatar en la nueva modalidad del llamado “trabajo virtual”, donde se somete al trabajador a larguísimas y extenuantes jornadas de trabajo, sin posibilidad alguna de socializar y sentirse integrado a una comunidad plenamente humana. Si tomamos en cuenta lo dicho, y no actuamos en consecuencia, ‘la nueva normalidad’ no pasará de ser una propuesta loable, pertinente y necesaria; pero sin ningún efecto concreto en la conciencia y en las prácticas cotidianas.

Por ello el llamado, el exhorto para que reflexionemos y actuemos en consonancia con la “nueva normalidad”. No ahondemos más, la ya de por sí complejas contradicciones que nos muestra esta forma de vida, que se han agudizado a partir de esta contingencia de manera exponencial. Reconstituyamos nuestra plena condición humana, y con ella, nuestro entorno.

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Docente-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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