Columna Invitada

El regreso a clases es una necesidad psicológica

Foto: Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). ​

Juan Carlos García Ramos*

Las sociedades hemos generado esquemas de aprendizaje para el adecuado desarrollo psicológico de los escolares, por lo que es ya una necesidad regresar a la escuela para aminorar los efectos negativos que la pandemia ha causado en los menores y en sus padres.

Como es sabido, porque así lo reportan varios estudios, el confinamiento y la educación a distancia ha generado malestar emocional, aburrimiento, deficiencias en el aprendizaje, estrés, ansiedad y depresión en un gran porcentaje de alumnos y profesores. Para muchos de ellos resultaron inmanejables que tuvieron que recurrir a un servicio de salud mental. Tanto para padres y maestros, la sobre carga de trabajo y las dificultades para realizar otras actividades personales les hacía sentir enojo, tristeza y desmotivación. Mientras tanto, muchos alumnos tenían que batallar con las fallas en la señal de internet, de sus dispositivos utilizados, en la difícil comprensión de las indicaciones que recibían y el enfrentar el riesgo del ciberacoso escolar, por lo que se habla de un buen número de ellos que abandonaron los estudios, generaron frustración, ansiedad y confrontación con los padres que exigían el cumplimiento de tareas.

No fue una deficiencia generalizada, es cierto, pero el proceso de enseñanza-aprendizaje fue alterado de manera inesperada que ahora, luego de una complicada habituación de más de un año, se está contemplando un regreso a las aulas, situación que generará tanto actitudes agradables como esperados conflictos emocionales, por lo que el regreso debe ser lo más pronto posible y atender los riesgos naturales que eso implica.

El próximo inicio del ciclo escolar es la mejor oportunidad para ello y la sociedad en general tiene el gran reto de coparticipar para hacer bien las cosas y evitar los riesgos de contagio y afectaciones psicológicas. No podemos afirmar que, si el gobierno hace bien o mal las cosas, nosotros vamos a estar bien o mal; desgraciadamente la sociedad es responsable de muchos de los inconvenientes que actualmente vivimos, por eso somos todos los involucrados quienes debemos tomar decisiones mucho más asertivas.

Si bien las condiciones epidemiológicas aún ponen en alto riesgo de contagio a la población, pudiendo afectar su salud física, la salud emocional también se pone en juego de seguir con muchas de las medidas sanitarias impuestas por las autoridades. Ya se identifican secuelas psiconeurológicas por el confinamiento, como la ansiedad y la depresión, el retraso en la madurez psicológica, la adicción a las redes sociales y uso de dispositivos, las fallas en la atención, concentración y memoria; el entumecimiento del cuerpo y la discapacidad afectivas, entre otras.

Lo que se espera es que las autoridades, profesores, padres de familia y estudiantes se sumen a tareas de atención diferenciadas, programas de reincorporación saludable a la escuela, recuperación de alumnos y establecer un curriculum de emergencia. No hay que descartar la asesoría psicológica para desarrollar capacidades de acompañamiento emocional y autocuidado integral.

*Psicólogo Clínico, miembro del Colegio Estatal de Psicólogos de Querétaro.

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