Desde nuestra América

¿El mundo, ya es un inmenso “Silicon Valley”?

Se invitar a reflexionar críticamente sobre las implicaciones que tendrá la cibernética en nuestras existencias. Imagen: Especial.

Oscar Wingartz Plata*

Pero también es menester preguntarse de qué sirve el saber filosófico y el saber ético ante este proceso tan indefectible como acelerado del progreso científico y tecnológico, ante la “fuerza mayor” de la razón cibernética, ante la supuesta “perfección” del mundo virtual. […] El peligro más grave está en que éste sea inadvertido, voluntaria e involuntariamente: se haya incluso en la tendencia, motivada por intereses de poderío y lucro, a minimizar o soslayar los riesgos. Juliana González.

Amables lectores, desde hace unas semanas, hemos venido abordando una serie de reflexiones sobre las implicaciones que en el mediano plazo puede tener el uso, abuso y sobre exposición de la virtualidad en nuestras vidas. En esta ocasión quiero proponerles un planteamiento que considero apunta de manera muy aguda sobre estas realidades y sus implicaciones. Para ello vamos a retomar algunas ideas del epígrafe propuesto. De entrada, debemos decir que, la autora del epígrafe en cuestión es una de las filósofas más sobresalientes de nuestro medio académico, ex directora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM, y una destacada especialista en Derechos Humanos y Bioética, tanto en México como a nivel internacional.

La doctora González pone en cuestión, el avance acelerado de lo que ella llama la razón cibernética y la supuesta “perfección” del mundo virtual, dos dimensiones de un mismo fenómeno: la digitalización. La puesta en cuestión de estas dimensiones son un llamado de atención a una sociedad que quiere dar por sentada la virtualidad, en términos coloquiales es lo que se dice: “esto llegó para quedarse”, incluso dice más adelante, “el peligro más grave está” en su inadvertencia, sea voluntaria o involuntaria de esta realidad. Tiene razón al hacer estas afirmaciones por diverso motivo, una de ellas, es la forma en que se asumen las ideas, los planteamientos, las realidades que vamos viviendo en nuestra existencia, uno de ellos es éste, la razón cibernética.

Tomamos las cosas como si fueran “lo más normal” en nuestras vidas, aquí viene un cuestionamiento muy claro, ¿esto efectivamente es lo más normal?, si lo es, ¿en dónde sí y dónde no lo es? Se hace esta pregunta, porque parecería que los efectos y los desenlaces fueran insustanciales, inocuos, “normales”. Este es el llamado que se hace, para no caer en acciones o prácticas, que en muchos casos son poco reflexionadas y potencialmente pueden ser muy dañinas. Uno de los cuestionamientos de fondo es el no preguntarse ¿a quién le beneficia en términos estrictos estas prácticas, su uso y divulgación masiva? Muchos creerán que son parte del progreso, del avance de la ciencia, la tecnología a escala ampliada, por efecto directo del grande desarrollo tecno-científico. Pero en todo esto hay una realidad que subyace en su interior, ¿quién y para qué se crearon estos avances?

Una de las aristas de este asunto es el enorme provecho que obtienen las grandes compañías y los consorcios tecnológicos con estos desarrollos. Es decir, no es el simple hecho de que estén “en el mercado” esos productos. Tienen finalidades y propósitos claros y específicos, enumerarlos nos llevaría mucho espacio, pero al menos en lo inmediato podemos mencionar dos, por su enorme peso e implicaciones: ¿Quiénes son los que manejan “las claves, los códigos”, los secretos de esos desarrollos?, y ¿cuáles son las funciones reales que pueden generar, además de los usos de orden común? Cuestiones centrales en estas reflexiones. Como se dice en la jerga de estas esferas: “The Know how”. Como ejemplo de ello, no hace mucho tiempo, se publicó un trabajo extenso del escritor español Ignacio Ramonet que tituló acertadamente: La Pandemia y el Sistema Mundo. Donde exponía una serie de “funciones”, que no eran otra cosa, que el control más estricto sobre la población y el desvanecimiento paulatino de la persona.

En esta dirección también camina un escritor y filósofo francés Éric Sadin, que hace poco publicó su último trabajo titulado: La silicolonización del mundo. La irresistible expansión del liberalismo digital. Previamente había publicado otro titulado: La humanidad aumentada. En ambos textos reflexiona críticamente sobre las implicaciones que tendrá la cibernética en nuestras existencias. Es de llamar la atención el título de su libro “la silicolonización del mundo”. Precisamente, hace referencia a Silicon Valley, California, donde fue “la cuna” de la digitalización y el lugar de grandes desarrollos tecno-científicos a gran escala.

En estos libros Sadin reflexiona sobre un asunto que imperceptiblemente ya se está dando, y confirma lo dicho por la doctora González, lo inadvertido de este fenómeno y una aceptación pasiva y acrítica del mismo. Lo central en las reflexiones propuestas está en cómo se desdoblan en diverso espacio y actividad humanas. Si esto lo ponemos bajo contexto, el asunto se torna muy agudo y crítico, por una cuestión crucial, ¿qué humanidad deseamos en el futuro? No es exagerada la pregunta, y todavía más, si nos ubicamos en un particularidad llamada México. ¿A qué me refiero? Nuestro país en el contexto mundial ¿quién es y qué significa?

Obviamente, la primera variable es que no somos un país desarrollo, ni contamos con una plataforma científica y tecnológica de gran calado, seguimos dependiendo excesivamente de lo que se desarrolla y produce en otros espacios. Esto es, estamos muy expuestos por no tener ciencia propia y por no tener contenidos propios. Este es entre muchos otros, los cuestionamientos, las preguntas y las reflexiones que debemos generar de cara a un fenómeno que tiene visos de una despersonalización acelerada, junto con una enorme desocialización de los sujetos.

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Docente-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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