Mujer de la sospecha

Covid-19: De las aulas y la oficina al patio de mi casa

Foto: Especial.

Yezica Montero Juárez*

¿Tiene usted idea de cuánto tiempo ha pasado desde que se encuentra tomando medidas en contra de adquirir el llamado Covid-19? ¿Cómo ha cambiado su vida a partir del bombardeo de información sobre este virus? 

Sin duda, entre las medidas más importantes que se han tomado para disminuir los contagios por Covid-19, se encuentran el cierre de instituciones educativas y la promoción del trabajo en casa. El espacio real y los lugares cotidianos, se han trasladado al espacio virtual.

La idea de trabajar y educarse desde casa ha sido una acción surgida principalmente por estrategia económica. Desde antes de la contingencia, miles de profesionistas han adoptado el modelo “freelance”, explicado como quien trabaja por su cuenta; cuyas ventajas serían ahorrar en rentas de espacios, creación de horarios propios y autonomía creativa.

De la misma forma, la educación a distancia, mayormente utilizada a nivel superior y posgrado; ha emergido gracias al desarrollo de las tecnologías de la información y las telecomunicaciones. Un ejemplo de ello, son las telesecundarias como modelo educativo que surgió en México en 1968, bajo el objetivo de otorgar educación a poblaciones rezagadas geográficamente a través de antenas televisivas para captar la señal del canal educativo.

Al parecer no es tan novedoso el trabajar en casa o recibir educación por medio de las telecomunicaciones.

Sin embargo, la novedad y el conflicto recaen en la inmediatez por la coyuntura de la contingencia. Es decir, usted se encontraba preparado para de un día a otro, enviar reportes de trabajo desde casa al correo de su jefa; se imaginaba que tendría que aprender a utilizar zoom, moodle o cualquier otra aplicación para recibir las indicaciones y enviar tareas a su profesora; o, ya se había visto como el tutor pedagógico de su hija para guiarla en sus actividades escolares desde casa. 

Estos escenarios migratorios, son la respuesta al contundente “¡Quédate en casa!” del Dr. López-Gatell, sin embargo, también son ideales difíciles de alcanzar.

El mejor de los escenarios sería: una familia con padre y madre laborando en casa con herramientas otorgadas por la empresa, sumando un bono por el uso de servicios como la electricidad. De esta forma, cada hijo debería tener su propio instrumento digital para acceder a las aulas virtuales.

Pero la realidad nos confirma que la mayoría de hogares carece de empleos formales que pudieran sustentar dichas acciones. Este ideal de contingencia nos ha demostrado la creciente brecha de desigualdad social que persiste hoy en día; cuyo trabajo en casa es impensable para las familias que viven al día, no por gusto, si no por la persistencia del modelo económico actual.

Deshonrosamente la frase: “Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, dicha por Fredric Jameson seguirá vigente, al menos que un virus nos extinga.

*Antropóloga social.

Correo electrónico:monteroyezica@gmail.com

One Response

  1. Lo peor, en el caso de muchos estudiantes del COBAQ de comunidades en municipios incluso del área metropolitana, los de El Marqués, muchas de Corregidora, Huimilpan del mismo Querétaro (Santa Rosa Jáuregui por ejemplo), que no tienen computadora en casa y menos conección a Internet y dependen del cyber de la comunidad o de alguna localidad vecina, que no están considerados como “prioritarios” en esta contingencia y por lo tanto están y estarán cerrados por mucho tiempo. Ni se diga del acceso a telefonía celular, donde llega a haber cobertura los muchachos tienen planes de prepago que son insuficientes para consultar tareas, realizarlas y enviarlas.

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