Cartas desde la locura

Bordado invisible

Andrés Garrido del Toral. (Imagen: @cronistadeqro).

Ramón Martínez de Velasco

@Ramavelm

“Deja que el tiempo pase y ya veremos lo que trae”: Gabriel García Márquez.
I

Sinceramente no sé si “es obligado leerlo y citarlo en textos sobre la historia y cultura de Querétaro”. Ni idea, tampoco, si sea “el más serio y acucioso cronista que ha tenido nuestra ciudad” (Edmundo González Llaca).

Sí dudo de “su vocación por difundir ampliamente el conocimiento” sobre, por ejemplo, “Querétaro como capital de la República y del Imperio”.

Sí dudo que Andrés Garrido del Toral “ayudó a conocer y comprender nuestro pasado, la Constitución y la cultura queretana”, no obstante una “rica obra editorial”.

Lo dudo a sabiendas que, ciertamente, “la queretanidad dice más en corto que en público” (Julio Figueroa).

II

“¿Qué es la queretanidad?”, se pregunta el auto apodado ‘palabrero ambulante’, Julio Figueroa (más cronista que el cronista). “Es la mirada del centro y desde arriba. Las buenas conciencias y las buenas costumbres. El aire tibio del Sistema y la luz oficial. El incienso. La Iglesia, el Estado, la Familia, la Procuraduría. En julio la fiesta de la Santa Cruz y los Concheros de septiembre. El Heraldo de Navidad. La decencia, el buen tono, la discreción, la hipocresía.

“Es el pacto de simulación histórica que prevalece en Q. Es un transa y un perverso, pero muy amable, culto y decente. Un especulador con fineza.

“Es el Yo por delante y en el centro de todo. El gran Yo, del pequeño mundo. Yo y Dios y el Espíritu Santo.

“¿Qué es la queretanidad? Que tomen la palabra los cronistas de la otra banda, los académicos, los literatos, los periodistas, los fuereños, los pueblerinos, los extranjeros, los chilangos”.

III

“A ratos buen conversador, Andrés Garrido casi siempre me resultó indigesto por escrito. El cronista caído encarnó, como pocos, ese brutal maniqueísmo que significa la queretanidad: ideología jodida y jodona (Rodolfo Campos Paulín). Para una crítica más precisa a la obra de Garrido del Toral –que creo necesaria ante la apabullante hagiografía que percibo en redes sociales–, remito a un artículo escrito por el cronista Rubén (David) Álvarez en la página Saltapatrás”:

‘A mí el cronista no me parecía simpático, sino sangrón. No tanto culto como memorioso. En términos estrictamente literarios, yo rescataría de él apenas una crónica en la que pareciera que nos está describiendo una visita clandestina a un table dance, y al final resulta que está hablando de una comelitona de carnitas o barbacoa… no recuerdo bien’.

IV

“Buen maestro en la Universidad. Redactor de varias historias con sus temas favoritos (Maximiliano y el Sitio de Querétaro). Coordinador de los cuatro volúmenes de Personajes de Querétaro. Cronista de la ciudad de Querétaro, relator de hazañas y travesuras. Erudito del constitucionalismo mexicano. Un día pensó que sabía demasiado y que antes que se le olvidara, debía ser eliminado. Se puso tache y se fue en paz” (Juan Antonio Isla Estrada).

Epílogo

Discúlpenme pero perdónenme.

De los varios tesistas que he revisado y corregido, ninguno cita a Andrés Garrido del Toral.

Discúlpenme pero perdónenme.

De los varios tesistas que he revisado y corregido, aprendí más que con Andrés Garrido del Toral.

En todo caso, la culpa es de su “rica obra editorial” perfectamente mal difundida, divulgada, comunicada.

En todo caso, la culpa es suya, por haber difundido, divulgado, comunicado, su “rica obra editorial” en un medio imperceptible.

Las dos o tres veces que lo leí, también me resultó “indigesto por escrito”.

Las dos o tres veces que lo traté, le propuse revisarlo-corregirlo. Pero él y un su amigo optaron por su bordado invisible. Se despidieron amablemente. Con aquella “mirada del centro y desde arriba”.

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