Desde nuestra América

A mitad de camino

El presidente Andrés Manuel López Obrador presenta la conformación del Congreso Federal para el período 2021-2024. Foto: https://lopezobrador.org.mx/

Oscar Wingartz Plata*

No será inmediato el balance formal y político de los resultados de la elección del 6 de junio. Seguramente mediarán impugnaciones de diversos partidos, como expresión del clima de polarización y de violencia que caracterizó al proceso. Sin duda, será significativo conocer los resultados sobre las gubernaturas en juego y casi 2 mil presidencias municipales en renovación que moverán o reafirmarán la dinámica de factores de poder local, así como el mapa político nacional, vigente en el primer trienio del gobierno que encabeza el Presidente Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, es la futura composición de la Cámara de Diputados la que impactará en directo al segundo trienio del sexenio en curso. Magdalena Gómez.

Es evidente que el balance más claro, preciso y sereno sobre las elecciones que se celebraron el pasado 6 de junio se dará con el paso de los días como lo afirma Magdalena Gómez. Pero ello no inhibe el hecho de hacer algunos planteamientos sobre los mismos, sobre todo, si tomamos en cuenta que fueron unas elecciones de lo más complejas, por toda una serie de incidencias desde el proceso electoral hasta el día de la votación. Estas cuestiones deben ser analizadas, puntualizadas y puestas sobre la mesa, para tratar de corregir, evitar, y de ser posible erradicarlas del horizonte socia-político de nuestro país. Por un asunto que debería ser de lo más evidente, la vida pública antes que otra cosa debe entrar en una etapa superior. No podemos ni debemos seguir en los mismos cauces y las mismas prácticas, porque eso muestra el bajísimo nivel de nuestras agrupaciones políticas, y todo lo que se deriva de ello.

Por otra parte, está un hecho manifiesto, el curso que tomó el proceso electoral, fue de una virulencia impresionante, con ataques verbales y físicos de todo calibre. Las amenazas, a los candidatos sin distingos. Este es otro punto de la discusión, que hay que trabajarlo con profundidad. La guerra de declaraciones, donde se expresó una pobreza propositiva evidentísima, la descalificación como norma de actuación, la falta de respeto y decoro de cara a la ciudadanía. En fin, una serie de incidencias que sería largo enumerar. A todo esto, se suma la llamada “guerra sucia” contra el gobierno. Con una propaganda, que pretendía mostrar un país desecho, sin pies ni cabeza, “polarizando a la nación”, cuando de por sí ya estaba polarizada, por un sinnúmero de eventos que la hacían ver como el pan de cada día. Es decir, no pretendamos “tapar el sol con un dedo”. Nuestro México ha estado en una condición compleja desde hace décadas, sólo por poner una referencia.

Retomando esta idea de las desproporciones de los actores políticos, sobre todo, de la oposición, es de preocupar, la forma en que asumieron los resultados de la contienda. Como si de verdad hubieran acabado con toda posibilidad de maniobra del actual gobierno. Esas actitudes vociferantes, estridentes, fuera de tono, lo único que muestran es una visión muy cerrada sobre los propósitos reales de una elección y sobre la política. Esa expresión, “les arrebatamos la composición de cámara”, es no querer ver lo que realmente está sucediendo. Es irse por las ramas, es estar en la periferia de los verdaderos problemas. En este sentido, se debe decir que, la oposición por sí sola, partido por partido, tenía una bajísima posibilidad de triunfo, a menos, que fuera en territorios muy acotados. Esta “alianza anti natura” entre tres fuerzas políticas PAN, PRI, PRD, que antaño lucharon denodadamente por el poder y la aceptación de la ciudadanía es una muestra fehaciente de lo que se está comentando. Se hace esta precisión por una cuestión que es clara, ¿qué nivel de coincidencia programática tienen estos tres partidos? Acaso, será cierto lo que afirmaba Víctor M. Toledo al decir que, se desnudaron ante la nación de forma vergonzante, y en el fondo no era más que una porción de lo mismo.

En este orden de ideas, se puede decir que la historia es un arma de doble filo, así como puede servir para dar luz, claridad, equilibrio y sensatez, puede ser su opuesto, la desmemoria, que en muchas etapas de nuestro acontecer ha aparecido de manera contundente. No hay necesidad de ir tan lejos, en el pasado reciente, el país estuvo sujeto a una serie de acontecimientos, hechos y eventos que lo pusieron al “filo de la butaca”. Esto quiere decir, decisiones de gobierno totalmente reprobables que nos hicieron ver como si fuéramos una neocolonia. Acentuando más nuestra subordinación ante las grandes transnacionales, la actitud desaseada por parte de nuestro vecino del norte que fue presionando para que todo les quedará a modo. Estamos hablando de la llamada “Reforma energética” con Peña Nieto, que no era otra cosa que la entrega del petróleo a los grandes consorcios, nuestro país quedaba como simple tierra de extracción de materia prima y de saqueo. En este punto, también les podemos preguntar a las mineras canadienses la manera que se están despachando de nuestros recursos minerales. Aquí es donde se evidencia el peso de la historia y su poder esclarecedor.

Efectivamente, nos encontramos en el primer trienio del gobierno de la 4T, ante eso se debe decir, que falta mucho por hacer. Es impensable, descabellado y totalmente fuera de lugar afirmar que las cosas iban a cambiar el primer día de la actual administración federal. Hacer esas afirmaciones, es no tener sustentos, por más que se le quiera buscar. No, rotundamente debemos decir que no. La transformación de un país como el nuestro llevará tiempo, no porque no se desee, sino por una variable que tiene el peso de una losa, el cúmulo de oposiciones y resistencias que hay contra el cambio. Permítanme hacer una analogía muy sabia de uno de mis maestros de la Licenciatura: “Lo que se escribe con el codo, no se borra con la mano”. Esto quiere decir, si la cosas estaban mal, no se van a corregir de la nada. No hay que olvidar un asunto que es clave en esto que se está exponiendo, las transformaciones históricas, sociales, políticas y culturas tardan en condensarse en la conciencia de la población, entre otras razones, porque debe quedar claro cuáles son y para qué son esas transformaciones.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Docente-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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