¡No más agresiones!

Opinión ¡No más agresiones!
El presidente Donald J. Trump. Foto: La Casa Blanca de Estados Unidos.

Oscar Wingartz Plata*

El Gobierno colocado en el poder debe ser un títere de buen comportamiento, sin herejías populistas o pensamientos de independencia. Ese es el firme propósito del programa. (…) La forma eficaz, después de todo, es gobernar por medio de gente del lugar que puedan ser de confianza, con una amplia fuerza disponible, por si acaso.
Las fuerzas de ocupación no sólo se dedican a reinstaurar las normas de la oligarquía tradicional europea y sus asociado extranjeros, sino también a asegurar que el proyecto no sea puesto en peligro por cosas tan irritantes como la libertad de expresión. (…) Se añade que el objetivo es hacer creer al mundo que la libertad y la democracia existen, mientras en realidad las estaciones de radio han sido tomadas y colocadas “en custodia” y docenas de periodistas han sido despedidos.
Sea cuales fuesen las perspectivas de desarrollo regionales de esta nueva-vieja ideología, su limitante fundamental reside en su carácter de clase que le impide enfrentarse al Estado global y capital financiero mundial en pos de una renegociación a fondo del status neocolonial dependiente de América Latina. Noam Chomsky-Heinz Dieterich.

En la madrugada del 3 de enero del año en curso, las fuerzas armadas norteamericanas haciendo gala de su poderío militar, atacaron sin el menor miramiento a la República Bolivariana de Venezuela en distintos puntos de su geografía, entre otros, la capital Caracas, los Estados de La Guaira, Miranda y Aragua. Esto evidentemente es una violación flagrante y descarada al derecho internacional y todo el ordenamiento jurídico que regula las relaciones entre los países, en cualquier lugar del planeta. No hay lugares de excepción para hacer lo que hizo el gobierno encabezado por D. Trump. No podemos quedarnos a la expectativa de un suceso realmente aberrante. Dónde, un país de manera unilateral y altanera agrede a otro, por el simple hecho de considerarlo un gobierno narcoterrorista y una amenaza para su seguridad nacional. Bajo unos supuestos facciosos y carentes de toda evidencia clara y evidente, hacen lo que les da la gana.

En una escalada abierta de amenazas y mentiras durante meses, por parte de Trump, buscando “justificar” sus acciones a como dé lugar. Con esto se repite la misma historia. En el pasado reciente fue el Medio Oriente y Afganistán. Ahora es en nuestra América. Es decir, no es nueva esta práctica implementada por Estados Unidos, sólo buscan el pretexto y la pseudo justificación para perpetrar sus abusos y fechorías. Esta es una historia en extremo dilatada, manipulada y desgastada. Echar mano, de “una serie de argumentos”, que les de pie para actuar con total impunidad en la arena internacional. Efectivamente, lo hacen. ¿Preocupados por su proceder? Para nada. ¿El costo? Eso es lo de menos. Los países agredidos -dicen ellos- “se lo buscaron”. La pregunta pertinente, ¿qué lógica es esa? Una vez más, el mundo de cabeza. Razones de fondo las ahí. Una que está en centro de su conducta, “el capitalismo debe prevalecer a toda costa”. En estas consideraciones, hay una que se reitera incesantemente, ¿hasta cuándo se va a soportar el proceder del gobierno norteamericano?

La América Latina de manera excepcional ha vivido el actuar nocivo de Estados Unidos en nuestro continente. El recuento es muy largo, doloroso y extremadamente violento. Una de esas “gestas militares” fue la invasión a Panamá en la década de los 80. Primero eliminaron al General Omar Torrijos, por su inclaudicable defensa de la soberanía del Canal de Panamá, después contra Manuel Antonio Noriega, por narcotraficante, y de ahí una intervención sin consideraciones de ninguna naturaleza, mostrando como siempre “el músculo”. Otro ejemplo, nada edificante, la invasión a la pequeña isla caribeña de Grenada, con su presidente Maurice Bishop, y su movimiento “La Nueva Joya”, ¿su pecado?, procurar el bienestar de su pueblo, además, de endilgarle el epíteto de “comunista”. “Razones poderosísimas” para acabar con un pueblo pequeño, pobre y necesitado. “Las justificaciones y los razonamientos” caen en lo ridículo, lo absurdo y lo grotesco.

Como se puede observar, las justificaciones, además de estar al margen de toda legalidad, contraviniendo el derecho internacional sin el menor respeto por la sana convivencia entre las naciones, son realmente patéticos y brutales. Ante este panorama, se reitera lo planteado ¿qué se puede hacer ante estos procederes? La sólida organización de los pueblos, es el arma más eficaz contra estas atrocidades y abusos de poder. Porque, no hay una institución, ni fuerza que los controle, lo contrario, es entrar en un tobogán de violencia inimaginable a escala global. La organización que se solicita, puede contener y marcar una ruta de actuación que permita acciones claras, organizadas y lúcidas ante la barbarie. Buscar la confrontación militar, es la antesala, de la catástrofe mundial.

Por otro lado, la conferencia que dio D. Trump, a las pocas horas de la agresión, en su residencia de Mar-a-Lago en Florida, fue realmente patética, sin pies ni cabeza, haciendo afirmaciones sin ningún sustento ni veracidad. Eran una serie de supuestos dignos de un sujeto que estaba fuera de sus cabales. Mostrando una altanería y desprecio por el pueblo venezolano realmente humillante. Cada vez, tenemos una idea más clara de las pretensiones del gobierno norteamericano al nivel global. El caso venezolano es uno más, no de la mejor manera posible. Tuvieron que agredir al pueblo de Bolívar, para arrancarle por la fuerza sus recursos naturales. Aquí hay dos elementos claves, que están en el trasfondo de esas acciones, las escasas reservas energéticas que tiene Estados Unidos, principalmente, de petróleo; y la inmensa riqueza energética que tiene Venezuela. Lo demás, son mentiras, patrañas, demagogia de la más absurda y barata.

Por ello, en la medida de lo posible, exijamos a los organismos internacionales que actúen, que no se queden pasivos, que muestren efectivamente, para que fueron creados. Si no es así. Podemos esperar más de estas acciones arbitrarias y violentas por parte de un gobierno que no respeta absolutamente nada. Puede parecer un sueño guajiro, pero, mil veces es mejor hacer algo, que quedarnos a la expectativa de los acontecimientos. EE. UU., por su propia inercia, van a llevar sus acciones más allá, y con todo. La lógica del capital en esta fase histórica, los hace más codiciosos y violentos. Todos los pueblos merecen respeto, esta es una oportunidad para conseguir la reestructuración del orden internacional.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

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