¿Austeridad para quién?

Opinión Austeridad para quién
El pasado 04 de noviembre, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, encabezó un acto como parte de la “Reunión Nacional de Universidades e Instituciones Públicas de Educación Superior” en la Ciudad de México.

Oscar Wingartz Plata*

Una de las funciones de la educación escolar, especialmente a partir de la Media Superior, es que los estudiantes tomen conciencia de la realidad, de su compromiso y responsabilidad sociales. En el caso de las universidades públicas, entre ellas la UNAM, se trata de un compromiso con el pueblo, con la sociedad en general, con “la raza”, no solo con los empresarios o los grupos hegemónicos. Al parecer esa función no se está cumpliendo, por lo menos no en el grado necesario y suficiente. No se está formando una conciencia social en los estudiantes, aun cuando hay excepciones que confirman la regla.
Las universidades públicas no pueden asumir una ideología contraría a los intereses del pueblo. Al hacerlo caen en una inadmisible contradicción, lo cual implica una pérdida de conciencia y en consecuencia, una evidente enajenación en todos los sentidos de la palabra, esto es: psicológica (como pérdida de contacto con la realidad), económica (mercantilización, conversión en mercancía) y filosófica (alienación, pérdida de conciencia, extrañamiento o des-conocimiento). Miguel Romero Griego.

Hemos iniciado esta entrega con un epígrafe elocuente y explícito de un querido maestro fallecido hace poco tiempo, nos pertinente conectar con la cuestión educativa, y sus exigencias actuales. Para posteriormente desdoblar algunos planteamientos que consideramos necesarios en esta misma perspectiva. El autor en cuestión fue un hombre entregado de tiempo completo a la educación, en dos niveles: la educación superior y la media superior. Esto es, un docente preocupado profundamente por el desarrollo de la labor educativa en nuestro país. También se debe afirmar que, el sólo epígrafe da para una exposición pormenorizada, por las implicaciones que tiene el desmenuzar las consideraciones que nos hace.  Entre otros aspectos, por las implicaciones que tendría asumir cabalmente lo que afirmaba al decir que, “No se está formando una conciencia social en los estudiantes”. Teniendo como telón de fondo estas ideas, vayamos a la exposición que se desea proponer.

El pasado 4 de noviembre del presente año, se llevó a cabo la Primera Reunión Nacional de Universidades e Instituciones Públicas de Educación Superior para la Transformación de México en la Secretaría de Educación Pública, con la presidenta Sheinbaum presente en dicho acto, donde también se presentó la Plataforma SaberesMx. Todo esto a propósito del debate en la Cámara de Diputados sobre el Presupuesto de Egresos de la Federación para el año 2026. En dicho evento, la presidenta les hizo “una invitación cordial” a las autoridades universitarias del país para que reestructuren sus gastos, y no se vayan a otros asuntos. Instó para que se incremente la matrícula en las tres modalidades: presencial, semipresencial y a distancia. Así como, articular los diversos niveles educativos para fomentar una visión de conjunto en el plano educativo, es decir, acercar la enseñanza básica, media básica con la superior y media superior. También les pidió sumarse a la austeridad republicana y dejar atrás los privilegios, ello permitiría aumentar la matricula en el nivel superior. Estando así el asunto, hay una serie de reflexiones que ayudarían a enfocar con mayor cuidado lo propuesto por la presidenta.

El presupuesto para las universidades e instituciones de educación superior, en términos muy concretos, siempre ha sido una cuestión aguda, severa. Porque debe responder a un cúmulo de necesidades, muchas de ellas extremadamente complejas. Empecemos por una que debe ser trabajada y solucionada permanentemente, la actualización y desarrollo de los planes de estudio, esto implica una ardua labor de análisis y reflexión constante, entre otros elementos, porque lleva a reconfigurar la enseñanza. No es sólo poner al día los planes de estudio, implica reorientar el conocimiento en diverso plano. Sobre todo, en las llamadas ciencias básicas o duras. Si no se hace eso, va caducando y desfasando, con el consecuente deterioro de la posible práctica profesional.

Otro punto agudo en estas consideraciones es el plano laboral. La formación de la planta docente, cuando ya se está en la docencia, exige moverse en tres planos que deben ser atendidos: la docencia, la investigación y la extensión del conocimiento. Eso implica muchos recursos. Una cuestión evidente es que un docente no puede enseñar toda su vida académica lo que aprendió en la licenciatura, por poner un ejemplo. Requiere actualización, ella cuesta, y mucho. Sin contar, lo que implica, la posibilidad de seguir estudios de posgrado. En este punto se ha dado una maniobra que deja en manos de los futuros docentes toda su formación, es decir, ¿quieres una plaza? Debes llegar con estudios de posgrado hechos, y si puedes dar algo más mejor. Eso genera espacios académicos extremadamente acotados, porque, no todos los aspirantes pueden llegar a esos niveles por su propio esfuerzo.

Un tercer punto en extremo demandante es, la infraestructura material. Hay que decirlo con honestidad, muchas de las instalaciones educativas, están en unas condiciones realmente lamentables, como se dice en el barrio, de lágrima. Sin mantenimiento, sin atención, sin el cuidado que merecen por el uso que cotidianamente tienen. Este es un rubro que se ha desatendido muchísimo, y genera una sensación de abandono total. Este asunto debería ser prioritario, simple y sencillamente, se va dejando para a haber cuándo.

Con base en estos ejemplos, uno puede preguntar con toda pertinencia, ¿qué está solicitando la presidenta?, y más, ¿cuándo ella misma estuvo en la universidad? En esto hay un asunto claramente diferenciado, una cosa es ser funcionario universitario, y otra muy, muy distinta, ser docente por asignatura. Otra diferencia enorme, ser docente de tiempo completo, y otra muy distinta, ser docente por horas. La distancia entre unos y otros es considerable. Entonces, hay que pedirle a la presidenta que puntualice con mayor detalle a quién le está solicitando tal austeridad. La generalización crea confusión y malestar. Bajo las premisas mostradas, se puede hacer la siguiente pregunta ¿se puede hablar de un aumento en la matrícula, cuando las condiciones estructurales de las instituciones están en esos tonos? Hay que decirlo una vez más, la cuestión educativa en todo su espectro es ardua y compleja, por ello requiere una ponderación clara y consecuente. Pedir austeridad en condiciones tan críticas, consideramos no es estar en la perspectiva correcta.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

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