A setecientos años de la fundación de México-Tenochtitlán

A setecientos años de la fundación de México Tenochtitlán
En la conmemoración por los siete siglos de la fundación de México-Tenochtitlan, en el Zócalo. Foto: Gobierno de México.

Oscar Wingartz Plata*

Proyectando primero sus viejos mitos, creyeron los indios que Quetzalcóatl y los otros teteo (dioses) habían regresado. Pero, al irlos conociendo más de cerca, al ver su reacción ante los objetos de oro que les envío Motecuhzoma, al tener conocimiento de la matanza de Cholula y al contemplarlos por fin frente a frente en Tenochtitlán, se desvaneció la idea de que Quetzalcóatl y los dioses hubieran regresado. Cuando asediaron a la ciudad los españoles, con frecuencia se les llama popolocas (bárbaros). Sin embargo, nunca se olvidan los indios del poder material superior de quienes en un principio tuvieron por dioses. (…) es posible contraponer las ideas propias de ese mundo indígena casi mágico, que tenía su raíz en los símbolos, con la mentalidad mucho más práctica y sagaz de quienes superiores en la técnica, se interesaban principalmente por el oro. Visión de los Vencidos.

El pasado 13 de marzo del año en curso se celebró y se siguen celebrando los 700 años de la fundación de la Gran México-Tenochtitlán. Un evento que implicó y ha implicado un arco de análisis, estudios, reflexiones y visiones sobre la nación mexica y su llegada a la cuenca del Valle de México. Este pueblo que salió en una peregrinación impresionante desde Aztlán hasta su arribo al gran lago de Texcoco y su posterior asentamiento; de ahí a la construcción de la impactante ciudad capital de ese pueblo guerrero y conquistador. En ese orden, hemos propuesto un fragmento del texto titulado: La Visión de los Vencidos. Relaciones indígenas de la conquista, del eminente historiador y filósofo Miguel León Portilla, que marca el final de una era y el resurgimiento de una cultura mestiza con la llegada de los españoles. Así, pues, la idea es generar una reflexión sobre el significado que tiene esa conmemoración y los desarrollos que ha cobrado en nuestro proceso histórico.

Con el derrumbe de la capital mexica, el 13 de agosto de 1521, inicia una historia abigarrada y compleja por el hecho mismo de ser conquista, avasallada y transformada desde sus cimientos. Una labor que ha tenido y tiene fuertes repercusiones en el presente. De ninguna manera es un dato menor, que un pueblo sea conquistado y avasallado, ello implica transformaciones profundas, y con el paso del tiempo va cobrando tonos y expresiones de compleja asimilación y procesamiento, sobre todo, en la vida de los conquistados. En cierta ocasión, uno de mis maestros en la UNAM, nos hacía una analogía de la derrota de la nación mexica, y decía: “Es como si les hubieran arrancado el piso, se quedaron suspendidos, como flotando en la existencia. Sin lengua, sin religión, sin tradiciones, sin su visión del mundo, de la vida.” Así fue. A partir de ese acontecimiento traumático, comenzó una larga travesía por reencontrar su propio sentido, identidad y lugar en ese mundo que se les fue impuesto por la fuerza.

De 1521 hasta 1821, trescientos años donde se fue fraguando y consolidando esa nueva nación, con sus luces y sus sombras. Donde la mezcla de razas y concepciones de la vida se van amalgamando en un sinfín de contradicciones. La nueva cultura implicaba una remoción de todo lo antiguo, su vida, sus relaciones sociales, su relación con la naturaleza, su historia, sus valores. En definitiva, su estar en el mundo. Asunto en extremo complejo y doloroso. Ese nuevo orden, rompía de tajo todo lo que habían creado durante siglos desde su salida de la mítica Aztlán, guiados por su dios Hutzilopochtli. Es en ese contexto, donde la colonización va sentando los códigos que se verán expresados en el deseo de libertad, autonomía y soberanía, en una lucha donde los criollos, los mestizos y las castas comienzan a entender, a vivir, a valorar y asimilar su aspiración por lo propio. Los ilustrados, frailes, monjes, intelectuales y los nacidos en estas tierras van cobrando el sentido de pertenencia e identidad, eso los alejaba de la dominación y sus implicaciones en todos los planos de la existencia colonial.

Se puede decir que la guerra de independencia significó en términos estrictos el inicio y la consolidación de la identidad mexicana, donde se sintetiza el pasado, el presente y el futuro de lo que se llamará con toda su fuerza: México. Ese crisol de anhelos, realidades, rupturas, ensayos y experiencias. Todo esto en un trayecto histórico de siglos hasta agrupar, aglutinar y conferirle una expresión explícita de lo que somos hoy: la nación mexicana.

Esto que se está planteando, ha sido la ruta seguida por nuestra nación, donde ha enfrentado todo tipo de vicisitudes, rupturas, conflictos, reacomodos, antagonismos severos y un enorme etcétera que le ha dado forma y contenido a lo que somos como país. En estas ideas, hay una que cobra una enorme relevancia, ¿cómo se mantuvo unida esta nación ante el embate de naciones tan poderosas? Desde el intento de reconquista por España hasta las invasiones encabezadas por el hambre voraz de Estados Unidos en la guerra de 1846. La invasión napoleónica de 1862 con la batalla de Puebla, y el establecimiento del imperio fallido de Maximiliano de Habsburgo. Así, podemos hacer un recuento prolongado de esos intentos de desestabilización, robo, saqueo y pretensiones imperialistas en el siglo XIX e inicios del XX. Una pregunta clave en estas reflexiones es: ¿qué le da ese sentido de cohesión, fortaleza, unidad y resistencia a nuestra nación?

El periplo seguido por nuestro país, podemos enfocarlo desde diverso ángulo, pero, una consideración de peso es, el profundo arraigo y sentido de pertenecía que se ha construido desde hace 500 años. En todos esos siglos, ha construido y solidificado una idea de sí mismo, la cual debe ser reiterada de forma consistente y tenaz. Nuestro estar la historia, no es estática, es un proceso dinámico, donde vamos asimilando con mayor fuerza, claridad y explicitud nuestro identidad y valores que nos definen como mexicanos. Esto implica entre otros elementos una visión clara de futuro, y cómo deseamos consolidar nuestra nación.

Esta conmemoración, nos dan la oportunidad y la posibilidad para reflexionar y consolidar como dicen los filósofos alemanes, nuestra weltanschaung, es decir, nuestra propia concepción del mundo, nuestra cosmovisión, nuestra visión del mundo, la vida y la existencia. Ello en definitiva quiere decir, afianzarnos como pueblo, como país en el concierto de las naciones, donde resurja y se sintetice en una sola expresión el pasado, el presente y el futuro de nuestra nación, como su valiosa y rica tradición cultural e histórica. ¡Larga vida a la nación mexicana!

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

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