Desde nuestra América

Fratelli Tutti

El Papa Francisco. Foto: L’Osservatore Romano.

Oscar Wingartz Plata*

Sería absurdo imaginar una salvación que se olvidara de la dimensión humana. Una salvación tal sería insuficiente, ya que no habría salvado al hombre como tal, sino sólo algún aspecto de su existencia. Y no cabe duda de que lo político forma parte de lo humano. […] Por tanto, lo salvífico debe atravesar, de algún modo, lo político, lo económico, […] La liberación sigue estando en el terreno de lo político, pero ahora ya tenemos la idea de que lo salvífico-cristiano no se desentiende de ninguna dimensión humana… José Sols Lucia.

Hace unas semanas el Papa Francisco presentó su más reciente Carta Encíclica titulada: Hermanos Todos. Por cierto, esta encíclica fue escrita originalmente en español para ser traducida a todas las lenguas posibles, sólo se dejó el título en italiano. Este dato tiene relevancia, porque, normalmente este tipo de documentos eran escritos en latín o en italiano, posteriormente, eran traducidos. Así, pues, el Papa da un paso adelante en la búsqueda del reconocimiento que debe haber de los demás pueblos y culturas, es un intento de salir de ese enclaustramiento que había mantenido a la Iglesia romana cerrada en sí misma.

Esta encíclica llega en un momento pertinente, entre otras razones, porque es un llamamiento consecuente con el tiempo que estamos viviendo. La pandemia que estamos padeciendo ha sacado a la luz un sinnúmero de realidades que estaban ahí, ocultas, soterradas, sin eco, sin ser escuchadas por el llamado “ruido del mundo”. Son las contradicciones que ha generado la sociedad en su conjunto, ante una supuesta autosuficiencia, autocomplacencia donde los de bajo son descartables, desechables, innecesarios por no estar “en sintonía” con el capital, con el consumo, con lo nuevo, lo moderno.

Los planteamientos que tiene este documento, a muchos les ha incomodado, porque va mostrando esa carencia total de humanidad ante una contemporaneidad que se muestra avasalladora. El sólo hecho de ver cómo se van sucediendo múltiples fenómenos a nivel global hace pensar de manera consistente en la ruptura estructural del sentido mismo del ser humano. Cómo se han ido acumulando contradicciones de todo tipo, económicas, sociales, políticas, culturales, ambientales, ante estas realidades, las respuestas se han movido en un mar de indefiniciones, esto es, las naciones centrales sólo responden en función de su propio interés. Un ejemplo de ello es Estados Unidos, con un presidente que sistemáticamente ha negado la crisis ambiental que se está padeciendo, apuntando con el dedo a todos aquellos que lo descalifican por su prepotencia e ignorancia.

Así, pues, el Papa, una vez más hace un llamado urgente para reconsiderar nuestro lugar en el mundo. Hace una referencia explícita a lo que él llama “Un Mundo Cerrado”, esto significa, entre otros muchos aspectos, la soberbia que se refleja en su proceder, en la autocomprensión que tiene de sí mismo. Este punto es extremadamente grave y preocupante, porque, parecería que toda va bien, que no hay necesidad de reconsiderar nada; como dice el refrán popular: “Hasta dónde tope. Al fin que no pasa nada.” Si vamos siguiendo las reflexiones que nos propone, vamos viendo la impresionante insensibilidad e incapacidad que hemos “adquirido” ante las realidades que cotidianamente enfrentamos.

En todo esto, hay una cuestión que debe ser pensada a la luz de esta carta papal, el llamado que se hace desde la tradición más prístina de la teología cristiana. Esto tiene una enorme relevancia, porque retoma lo más lúcido y explícito de esta teología y sus desarrollos más recientes. Aquí cabría hacer algunas consideraciones puntuales sobre este asunto, entre otras, ¿cuál es esa teología que nos convoca y nos llama al reencuentro con nuestros hermanos del mundo? Se hace esta puntualización, porque, “normalmente” tenemos una visión en extremo cerrada de esta teología y sus contenidos. Si vemos el epígrafe propuesto, veremos que hay una reconsideración clara sobre el sentido que tiene hacer reflexión teológica de cara al mundo. Hay un giro explícito sobre su contenido, sobre la forma de abordarla. No se está hablando en el vacío, desde un “topos ouranos” inasible, etéreo; se habla desde una realidad concreta, visible, palpable, desde un contexto que demanda respuestas. Es desde esta perspectiva donde esta encíclica se ubica. Es el llamado a los todos, para pedir un cambio en el rumbo de la historia.

El Papa menciona un hecho que ha impactado frontalmente, sobre todo, a los jóvenes, es lo que él llama “la pérdida de la conciencia histórica.” La sola enunciación de este elemento tiene implicaciones severas en la conducta social, porque, si no tenemos esta conciencia del tiempo, nuestro actuar en el mundo, es un estar perdidos irremediablemente, entre otras cosas, porque, no tenemos parámetros ni coordenadas que orienten y den sentido a nuestros procederes. Todo se convierte en “un eterno presente”, donde todo se relativiza, todo se vale, todo se permite, todo pierde fundamento, porque, da lo mismo hacer lo que sea, al fin que no tiene consecuencias mí actuar en un contexto determinado.

Podemos desarrollar más ideas entorno a este documento del Papa, pero lo más importante es que reflexionemos sobre su contenido y el llamado que nos hace. Uno de esos llamados es la fraternidad y la amistad social. Esto en sí mismo, efectivamente, es extremadamente complejo, por el cúmulo de problemas reales, ficticios o creados en los seres humanos, como el afirmar o decir, que el mundo está hecho para los que puedan vivir en él de manera autosuficiente. Si partimos de esta idea, estamos irremediablemente perdidos como especie.

Así mismo, hace un llamado al reconocimiento –una vez más– de la dignidad humana. Es decir, los planteamientos van en una dirección muy clara, nuestra posibilidad como humanidad se va a sustentar en una condición básica, nuestra capacidad de convivir armónicamente, dejar los discursos de odio, antagonismo y exclusión. Si no conseguimos eso, pues, estaremos ante una realidad irreversible, de consecuencias catastróficas.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Docente-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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