
Oscar Wingartz Plata*
Las autoridades universitarias, en sus distintas expresiones han mostrado, una actitud pasiva y evasiva frente a los problemas. La falta de posicionamientos claros, de respuestas contundentes y de voluntad para dialogar con las comunidades ha profundizado el malestar. En lugar de enfrentar la complejidad, se opta por la simplificación y el silencio. La omisión frente a los conflictos no es neutral: reproduce las condiciones que los originan y los agrava.
Los movimientos estudiantiles actuales son distintos a los del pasado, hay menos experiencia organizativa, menos politización, y los pliegos de demandas suelen ser ambiguos o fragmentados. Sin embargo, expresan los sentires legítimos de comunidades que enfrentan abandono, precariedad y violencia. En medio de esa complejidad, es necesario dialogar, entender y buscar soluciones. La descalificación fácil sólo polariza y bloquea cualquier posibilidad de transformación. La universidad debe ser capaz de escuchar sobre todo cuando las voces son disonantes o confrontativas. Imanol Ordorika.
Consideramos que es necesario y pertinente retoma el problema que está enfrentando la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a partir de la agresión y el asesinato de uno de los estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades, Plantel Sur, en el interior de sus instalaciones, el 23 de septiembre pasado. No es una necedad, ni una intransigencia, es una cuestión medular que debe ser analizada y resuelta por el bien de nuestras comunidades educativas. Esto debe ser prioritario para la UNAM, a su vez, para los diversos planteles y niveles educativos se han presentado este tipo de hechos, antes los cuales no debemos estar indiferentes o impávidos. En este contexto, hace algunos días tuve la oportunidad de participar en un coloquio sobre filosofía, organizado por el CMPF (Círculo Mexicano de Profesores de Filosofía) y el IEMS (Instituto de Educación Media Superior) de la Ciudad de México, donde se hicieron una serie de menciones sobre la situación que guardan nuestras escuelas, sobre todo, en el medio superior.
Uno de los puntos analizados es precisamente en qué condición están los estudiantes de este nivel educativo. Uno de los puntos expuestos, es el entorno que viven y las presiones a las que están sujetos. Después de una serie de consideraciones relevantes, una conclusión que se puede obtener, es que el panorama no es nada halagüeño, entre otras razones, porque, la escuela refleja en diversa forma la realidad misma en que viven. Es decir, si partimos de este planteamiento lo primero que se debe establecer con toda claridad, es lo siguiente: si el entorno está convulso y fuertemente atravesado por una serie de complejidades, todas fuertemente abigarradas, y no de fácil solución, nos lleva a preguntarnos sobre la estricta necesidad de buscar salidas viables, consecuentes.
Para el caso que se está mostrando el de la UNAM por ser la universidad que contempla, no sólo la mayor población estudiantil y docente del país, sino, porque ella condensa y sintetiza un cúmulo de realidades, con mucho rebasan al resto de las universidades del país. Al ser considera, el modelo a seguir por el resto de las universidades en su estructura, funcionamiento, formas de organización y desarrollo, es de obviedad, que esté sujeta a una serie de conflictos y pugnas que van más allá de lo estrictamente educativo. A manera de ejemplo, la UNAM ha acompañado la evolución del país en todo el siglo XX y lo que va del presente. Esto, la ha puesto en una serie de conflictos y definiciones, para ser no sólo superados, sino, para estar en concordancia con su tiempo y sus transformaciones. Se dice rápido, pero todo ello ha implicado una serie de crisis severas, que la han puesto contra la pared, un ejemplo, el Movimiento Estudiantil y Popular de 1968. Encontrar el punto medio, el equilibrio, ha sido una tarea en extremo compleja y aguda, porque, es el reflejo y la síntesis de un país agitado en diverso rubro.
El autor del epígrafe, el Dr. Imanol Ordorika fue líder estudiantil en el movimiento estudiantil de 1985-86 encabezado por el CEU-Histórico (Consejo Estudiantil Universitario) en la UNAM, junto con miles de compañeros, dimos una férrea batalla porque no se perdiera el carácter público de la universidad, ante la embestida neoliberal, estando como rector el Dr. Jorge Carpizo Macgregor. Hago esta mención por un asunto muy concreto, mucho de lo que se está viviendo en el país, es el fruto de esa etapa en la historia del país, me refiero al neoliberalismo, y lo que dejó. Una enorme secuela de inestabilidad, violencia, y un aumento exponencial de la pobreza en el país, de la cual se está tratando de salir de ello con enormes esfuerzos y complejidades. El planteamiento de fondo, es ver el alcance y las lacras que dejó esa etapa histórica en nuestro país, empezando por su artífice, promotor y ejecutor, Carlos Salinas de Gortari, en el colmo del descaro, del cinismo y la altanería deshizo al país, y todavía se hace la víctima, al decir que quería modernizar al país, lo que hizo, fue exactamente lo contrario.
Así, pues, la universidad como institución debe retomar su vocación fundamental, y rehacerse para hacer de su labor y sus quehaceres, el foco y núcleo del país, y no tener que estar padeciendo este tipo de eventos, que únicamente abonan a su descrédito. En este orden, hay muchas cosas por reflexionar y analizar con profundidad, sensatez y claridad, empezando por retomar el sentido profundo que debe tener la educación superior en un país, y más en México, donde se ha visto inmerso en una serie de conflictos y contradicciones, que simple y sencillamente no pueden ser aceptados y verlos con actitud complaciente.
No se pretende exagerar el tono de lo expuesto, pero una cosa que debe quedar clara es la siguiente, nuestro país, es una gran nación, y no debe estar asolada por los fenómenos que vemos cotidianamente. Su trascendencia, su historia lo avalan, hemos tenido que pasar por mil vicisitudes, por ello no debemos repetir la historia, y un elemento central es la recuperación de lo mejor del país, que está en la educación. Ser el motor, la inspiración y el horizonte para superar las lacras que se están viviendo actualmente. Pensemos con profundidad, la inmensa labor que tiene la educación en nuestro país para su desarrollo y tener una visión de futuro, porque ahí está la clave de su grandeza y la proyección hacia el futuro mediato.
*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.



