La Comisión Europea y la AIE lanzan recomendaciones críticas para ahorrar combustible ante una posible perturbación prolongada en el suministro.
Los países de la Unión Europea liberan reservas de petróleo, anuncian recortes y activan planes de emergencia. Mientras España y Grecia subsidian sectores estratégicos, Hungría presiona para retomar el suministro ruso.

Jessica Alcázar Zaragoza
Desde el inicio del conflicto, varios gobiernos de la Unión Europea han liberado sus reservas de petróleo para contener el alza de los precios y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha emitido recomendaciones para ahorrar queroseno y diésel, como reducir el uso y velocidad de los vehículos o limitar los viajes aéreos.
La Comisión Europea, a través del comisario de Energía y Vivienda, Dan Jørgensen, emitió un comunicado en el que pide a los Estados miembros “abstenerse de adoptar medidas que puedan aumentar el consumo de combustible, limitar la libre circulación de productos petrolíferos o desincentivar la producción de las refinerías de la UE”, así como evitar “cualquier mantenimiento no urgente” en estas.
La Comisión calcula que el aumento de los precios de la energía tendrá un impacto de 14 mil millones de euros, por lo que Jørgensen advirtió que, aunque la seguridad del suministro de la Unión Europea sigue estando garantizada, deberán “estar preparados para una perturbación potencialmente prolongada del comercio internacional de la energía”.
Empresas aéreas han anunciado un aumento en el precio de sus boletos, mientras que la subida en el precio de los fertilizantes ha golpeado también al sector agrícola.
En Francia, transportistas han realizado bloqueos en las principales ciudades para exigir mayores apoyos para combustibles.
Grecia, que depende en gran medida del crudo iraquí, ha tenido que recurrir al petróleo estadounidense y elevar los gravámenes a las empresas que hallen responsables de capitalizar indebidamente la crisis energética, tal como lo ha hecho Italia.
En España, el Parlamento aprobó un plan valorado en unos 5 mil 700 millones de dólares para mitigar los efectos de la crisis energética, así como la reducción de impuestos sobre el combustible y la electricidad, y subvenciones a los sectores más expuestos al alza de precios, una estrategia similar a la implementada por Portugal.
El gobierno alemán, antes que entregar subsidios directos, apostó por regular el mercado para que las gasolineras solo puedan subir los precios una vez al día y descartó la idea de volver a comprar gas ruso.
Por el contrario, el gobierno de Hungría reclamó a la Unión Europea que levante el veto al gas y el petróleo rusos para paliar la subida de precios.
Otras medidas tomadas por algunos países europeos contemplan ayudas directas para transportistas, ganaderos, pescadores y agricultores, así como un congelamiento del precio máximo de venta de butano y propano.



