Análisis En tinta azul
Análisis / En tinta azul

Había una vez un partido político llamado Acción Nacional

Manuel J. Clouthier, Manuel Gómez Morín, Carlos Castillo Peraza.
Con cerca de 25 años de militancia panista, Carlos Uribe Arroyo hace una reflexión sobre cómo se ha diluido la democracia al interior del Partido Acción Nacional, en su colaboración “En Tinta Azul”, publicada en Libertad de Palabra.
Manuel J. Clouthier, Manuel Gómez Morín, Carlos Castillo Peraza.
Manuel J. Clouthier, Manuel Gómez Morín, Carlos Castillo Peraza, algunos de los personajes representativos del Partido Acción Nacional.

Carlos M. Uribe Arroyo

En la semana del 6 de julio, pero del año 2009, en uno de los pocos medios de comunicación honestos y con credibilidad en el estado, inicié una columna que llamé “En tinta azul”. ¡Caray! Rápido que pasan los años, casi tanto como los vaivenes en la política queretana, que no sus personajes. Mi agradecimiento a Eric Pacheco y, claro, a Libertad de Palabra, por permitirme nuevamente ofrecer una muy personal opinión que, como hace 14 años, tendrá como característica, la tinta azul.

Y sí, hay y había una vez un partido político llamado Acción Nacional que además de legitimarse durante décadas como la única oposición a la dictadura perfecta del PRI (Mario Vargas Llosa, 1990), hacía patente sus ideales doctrinarios y apelaba al concepto de democracia como uno de sus discursos favoritos. Para las nuevas generaciones que han crecido al amparo del INE (por cierto en franco riesgo) el contexto político del país es totalmente diferente. Los jóvenes no saben del viejo sistema y muy probablemente a la mayoría ni les interesa, pero el entorno en que hoy se desenvuelven no es ni remotamente parecido a lo que se vivía hace poco más de 20 años.

Sin caer en divagaciones, Acción Nacional siempre fue el actor principal en la lucha democrática en el país y, cuando finalmente se logra un cambio (en el año 2000 a nivel federal y anteriormente en estados como Baja California y Guanajuato), resulta que esa esencia democrática se va diluyendo poco a poco hasta perderse casi por completo y lo más lamentable es que ocurre al interior del propio partido. ¿Dónde quedaron los procesos internos de selección de candidatos? ¿Dónde se perdieron las convocatorias para que la militancia que lo deseaba contendiera en la elección de candidatos a puestos de elección popular? ¿Desde cuándo un aspirante a candidato no visita hogares panistas y busca convencer a la propia militancia de que su propuesta es la mejor? ¿Dónde extraviamos las largas asambleas que nos llevaban días enteros en medio de discursos y votaciones en primera y segunda vuelta?

Tras más de dos décadas de militancia en AN, puedo asegurar que al interior del partido, ya no hay ni siquiera una remota intención de elección democrática de candidatos y parte de las justificaciones, pragmáticas sin duda, vienen de cuando Ricardo Anaya presidió el Comité Directivo estatal y luego el nacional, tras argumentar, muy pobremente por cierto, que los procesos internos provocaban división, los dejó de lado, dando pie a que surgieran las designaciones. Porque en AN no hay dedazos, hay designaciones producto de encuestas de posicionamiento (Ja, Ja, Ja).

Las designaciones tienen un principio intrínsecamente perverso, son pactadas bajo la mesa, son justificadas mediante la realización de encuestas (claramente a modo, porque el que paga, manda). Actualmente y quien lo niegue peca de inocencia o complicidad, las candidaturas para los comités directivos estatal (2021) y municipal de Querétaro (2022) y los cargos de elección popular del año que viene ya fueron acordados. ¿Quiénes son los interlocutores de estas negociaciones y a qué intereses personales o de grupo obedecen? Esa será harina de otro costal, pero hoy tenemos claro quiénes serán candidatos a las alcaldías principales, al Senado por supuesto y se discuten aún las diputaciones locales y federales (no las pluris que ya están prometidas como premios de consolación), ¡Sí señores! Como platito de segunda mesa para que no hagan corajes y luego, producto del berrinche se insubordinen. El tema es que algunos, los reciclados de los últimos años, sigan viviendo del erario.

También ha habido cambios en las “estrategias de grupo” y hay que reconocer que la planeación ya no es tan cortoplacista. Ahora, también las suplencias cuentan, porque dentro de dos y cuatro años, cuando andemos en los siguientes proceso electorales, que incluirán la elección para gobernador, más de alguno pedirá licencia, dejando a su respectivo acompañante de fórmula a cargo. En el ínterin, hay dependencias suficientes para mantenerlos en nómina y, por ende, serviles.

Para quitar el sueño:

Del padrón de militantes de AN en Querétaro, ¿Cuántos trabajan para gobierno, órganos de gobierno o de los poderes legislativo y judicial? Vale la pena desagregar la militancia casi desechable por su escasa rentabilidad electoral y concentrarse prácticamente en los municipios del área metropolitana y San Juan del Río. Y sí, les quita el sueño, ya lo padecieron cuando ganó José Calzada, Roberto Loyola y Gustavo Nieto, por mencionar algunos.

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