“El lobo de Dios”: nuevo documental reabre el caso Marcial Maciel

La docuserie repasa con material inédito y testimonios el historial de abusos y encubrimientos en torno al fundador de los Legionarios de Cristo.
La producción llega mientras siguen saliendo a la luz documentos, reportes y pesquisas vaticanas que detallan cómo operó durante décadas una red de protección alrededor de Maciel y cómo la congregación ha gestionado —con avances y pendientes— la reparación a víctimas.
México: El lobo de Dios, nuevo documental reabre el caso Marcial Maciel
Marcial Maciel. Imagen: Especial.

Redacción

El tema de los abusos cometidos por el sacerdote Marcial Maciel, fundador de Los Legionarios de Cristo, ha sido retomado en una serie documental que lleva por nombre “Marcial Maciel: El lobo de Dios“.

La serie de cuatro partes, producida por Sebastián Gamba para HBO Max, reconstruye la trayectoria del sacerdote mexicano desde sus primeros años, como un niño “afeminado” muy apegado a su madre y como novicio en la carrera sacerdotal.

Esta carrera estuvo marcada desde el principio por reportes de “conducta amoral y escandalosa” que tuvieron como consecuencia su expulsión de los seminarios de Veracruz y de Arizona, y que estuvieron a punto de acabar con sus aspiraciones a finales de la década de los 30, principios de los 40, de no ser por la protección que recibió de sus familiares que ocupaban posiciones importantes en la curia católica.

El documental reúne investigaciones periodísticas clave, testimonios de víctimas y especialistas, así como material no visto, para perfilar “como nunca antes” el sistema de poder que sostuvo a Maciel y a la Legión de Cristo. 

La docuserie retrata al padre Maciel como un personaje tan encantador como siniestro, con un modus operandi específico tanto para reclutar niños de 8 a 13 años vulnerables, de familias muy religiosas, como para recabar el dinero de viudas y familias de clase alta, que incluso llegó a dejar en la quiebra, como fue el caso de Flora Barragán.

Un personaje ambicioso, megalómano, que se autopercibía como un instrumento de Dios, fue colocándose poco a poco en las altas esferas del poder económico, político y religioso, que le permitieron formar uno de los grupos más poderosos dentro de la Iglesia católica.

“Dios va dando los pasos en la realización de Su obra, a través del instrumento que Él escogió, que soy yo”, dijo Marcial Maciel.

En sus comienzos fundó la congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón y la Virgen de los Dolores, misma que le dio la oportunidad de crear la Quinta Pachelli, el primer lugar paradisiaco de varios que adquiriría para alojar a los niños que reclutaba con la promesa de iniciarlos en la vida espiritual, siendo ahí donde comenzó a abusar de algunos de ellos.

La obra muestra los testimonios de sus primeras víctimas, a quienes Maciel violentaba utilizando sus dolencias como pretexto, y la forma en que los absolvía por los perversos actos que cometía contra ellos, justificándolos como “actos de caridad”, haciéndolos jurar un cuarto voto de secrecía y confidencialidad.

“También, por circunstancias muy especiales, ocurría que los seminaristas bajaran a distintas horas, en los recreos o en las tardes o en las noches o en las madrugadas a hablar conmigo. Por el testimonio de nuestros jóvenes nacían muchas vocaciones”, dice el propio Marcial Maciel en uno de los videos que se pueden ver de él y que se incluye en documental.

Dicha congregación también le permitió introducirse en la comunidad europea durante la época del franquismo, a finales de la década de los 40, cuando trasladó a sus pupilos a la Universidad de Comillas. Estos viajes fueron aprovechados por Maciel para convencer al papa Pío XII de que diera la bendición a la Legión de Cristo, lo que permitió que fundara el Centro de Estudios Superiores de la Legión de Cristo, en Roma. 

No obstante, su comportamiento comenzó a ser notado e investigado por rumores sobre sus abusos sexuales en contra de varios niños y por su consumo cotidiano de morfina, mismas que resultaron en su expulsión de Cóbreces por parte de los jesuitas a finales de los años 50.

Esta expulsión —que calificó como un complot para acabar con él y la Iglesia— no fue impedimento para que adquiriera El Gran Hotel de Ontaneda —otro de los opulentos sitios que servían de alojamiento a los seminaristas— por un millón de pesetas que obtuvo gracias a las donaciones de sus benefactores.

Las relaciones estratégicas que fue creando mediante sobornos a personajes importantes del Vaticano le facilitaron obtener el “Decreto de Alabanza”, del papa Pablo VI, el cual le permitió que la congregación de la Legión de Cristo fuera reconocida en el derecho universal de la Iglesia católica. 

A partir de entonces el crecimiento de la Legión fue exponencial. Marcial Maciel fundó el Colegio Máximo en Italia, el Instituto Cumbres y distintos centros educativos en EE. UU., donde creó los grupos conocidos como Regnum Christi, en los que integró a mujeres y laicos consagrados.

Fue el papa Juan Pablo II el que lo posicionó como uno de los personajes más influyentes de la religión católica volviéndolo prácticamente intocable, gracias a las considerables sumas de dinero que Maciel aportaba al Vaticano.

La influencia del fundador de los Legionarios de Cristo bajo la protección del papa fue tal, que Marcial Maciel pudo cambiar su identidad a su antojo y formar familias con dos mujeres distintas en diferentes partes del mundo.

En México, por ejemplo, las autoridades gubernamentales protegían al sacerdote y desechaban las acusaciones en su contra; los medios de comunicación eran silenciados, desacreditados y boicoteados económicamente. 

Las víctimas de Maciel lo sabían y prefirieron contar su historia a los periodistas estadounidenses Jason Berry y Gerald Renner, quienes lograron publicarla el 23 de febrero de 1997 en el periódico The Hartford Courant, de Connecticut, tras varios rechazos por parte de periódicos importantes como el New York Times o el Washington Post

Meses después, periodistas y medios mexicanos que se atrevieron a retomar la historia, como es el caso de la revista Contenido (Milenaria), La Jornada o Canal 40, pagaron las consecuencias. La presión por parte de grupos empresariales y de dirigentes políticos logró que en algunos casos los medios cerraran y periodistas fueran despedidos por haber abierto espacios a las denuncias en contra de Marcial Maciel.

En 2002 estalló el escándalo de los abusos cometidos por sacerdotes de la Iglesia católica en Estados Unidos, publicado por The Boston Globe, y se volvió imposible silenciar a todos los medios que publicaron historias similares por todas partes del mundo. 

Sin embargo, fue hasta 2006 cuando el Vaticano “invitó” a Maciel a retirarse del ministerio público y a llevar una vida de oración y penitencia, tras años de acusaciones de pederastia. Vida que culminó con la muerte de Maciel en 2008, a sus 87 años, sin haber enfrentado ningún proceso penal o civil. 

En 2010, después de una visita apostólica que entrevistó a más de mil legionarios, la Santa Sede hizo público un duro balance sobre el fundador y ordenó una renovación interna de la congregación. 

Para dimensionar la magnitud del daño, conviene recordar los informes internos de los Legionarios de Cristo sobre el fenómeno del abuso en la congregación. En el primer reporte global (1941-2019) de abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes, publicado en 2019, esta orden sacerdotal reconoció al menos 60 víctimas de abusos cometidos por su fundador Marcial Maciel y otros 175 casos más de abusos cometidos por otros 33 sacerdotes.

En el V Informe anual de verdad, justicia y sanación de 2024, los Legionarios de Cristo dan cuenta de casos acumulados, procesos canónicos y esquemas de reparación económica y acompañamiento a víctimas. Aunque la orden sostiene que avanza hacia “cero abuso”, nuevas acusaciones siguieron apareciendo en años recientes, lo que subraya la vigencia del tema. 

La inclusión de la miniserie Marcial Maciel: El lobo de Dios en el catálogo de plataformas de streaming ha provocado que los medios retomen este caso que sigue interpelando a la Iglesia y a la sociedad, ya que no se trató de un depredador aislado, sino de estructuras de encubrimiento que permitieron su impunidad por décadas. La visita apostólica de 2010 ordenó reformas estructurales y supervisión externa; los reportes más recientes detallan canales independientes para escuchar a las víctimas, criterios de restitución y seguimiento de causas canónicas, pero aun así persiste la desconfianza pública sobre los mecanismos de prevención, denuncia y reparación, lo que obliga a la Iglesia católica, ahora con el papa León XIV al frente, a probar que las reformas emprendidas después de Maciel son suficientes para garantizar verdad, justicia y no repetición.

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