Desde nuestra América

Una relación conflictiva de larga data

Imagen: Especial.

Oscar Wingartz Plata*

Un proyecto de integración regional alternativo para América Latina debe tener presente todo lo que hasta el momento hemos expresado. Además, una integración regional alternativa para América Latina implica:
a.- Entender América Latina como una región en proceso de formación y como un espacio socio-cultural poblado de diferencias.
b.- Postular los principios básicos de unidad y autonomía de la región.
c.- Establecer los principios de equidad, desarrollo, justicia, pluralidad (ideológica y social) y democracia.
d.- Escribir que el proceso de integración regional puede conducir a la conformación de una región, la que muy bien puede comprenderse como un sistema de integración regional trans-supranacional.
Alberto Rocha V.

En las dos últimas semanas se ha dado un debate mediático, por un evento que tendrá efecto del 6 al 10 de junio en Los Ángeles, California, a propósito de la llamada “Cumbre de las Américas”, donde se convoca a todos los países del Continente americano para debatir sobre diversos temas. Este debate surgió porque el presidente López Obrador afirmó que, si no se invita a todos los países, él no iría, por considerarlo un acto discriminatorio y excluyente. Sobre todo, si tomamos en cuenta que, el gobierno norteamericano está invitando a dicha reunión. En concreto, la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua “por no respetar la democracia”, en sus respectivos países. Esto debe hacernos reflexionar sobre una serie de cuestiones, como dice el título de esta entrega, es parte de una relación en extremo conflictiva. No debe ser un misterio para nadie la relación que Estados Unidos ha tenido con el resto del continente desde hace dos siglos, con el inicio de la independencia de los países latinoamericanos del yugo español en el siglo XIX. Vamos a comentar algunos elementos para poner en contexto este asunto.

Una cuestión que debemos tener muy clara se refiere a los tiempos históricos, esto quiere decir, Estados Unidos se independiza de la corona británica en 1776, y nuestra América lo hace 34 años después en 1810. Puede parece un dato irrelevante, pero si lo vemos con mayor profundidad tiene un peso decisivo. La distancia entre ambos procesos marca una clara diferencia, además de eso, la formas o las maneras en que se desdoblaron. Estados Unidos, al momento de su independencia, ya se estaba conformando como una nación en pleno proceso de desarrollo, mientras que el resto del continente, tuvo que pasar por mil y una vicisitudes, entre otras tantas, y muy compleja, la conformación del Estado nacional latinoamericano, y todo lo que ello implicó.

Otro elemento clave en estos planteamientos, son las vertientes de ambos procesos, es decir, mientras que Estados Unidos ya estaba en pleno desarrollo capitalista: nuestras naciones, no terminaban de salir de la feudalidad implantada por la colonización española. Asunto por demás azaroso. Casi no se toma en cuenta esta dimensión de lo hecho en el norte del continente, y lo hecho en la porción hispano-lusitana, que es el resto del continente.

Ya para 1866 el país norteño había salido de una guerra civil en extremo cruenta y desgastante, su conclusión fue proyectarse como una potencia en las siguientes décadas en el plano económico y militar. Estaba puestas las bases de su futuro poderío, que abarca un arco de 150 años de predominio imperial. Pasando por las dos guerras mundiales, así como las sucesivas invasiones a lo largo y ancho del mundo. Se puede ver con toda claridad que, hay una asimetría abismal entre ese país y nuestros países, los términos de cualquier comparación, simplemente, no se pueden dar o rebasan cualquier acercamiento.

Estando así el asunto, la pregunta de rigor es ¿qué se puede esperar de “este tipo de relación”? En un extremo está la primera potencia económico-militar, y el en otro, es un mar de problemas como, la desnutrición, la desigualdad, la exclusión, la violencia, la marginación, el endeudamiento externo crónico y acelerado, con bajísimos niveles de desarrollo tecno-científicos, y un etcétera, que se extiende de manera exponencial.

En este orden, hace unos años, en 1996 apareció un excelente texto titulado: Los vencedores. Una ironía de la historia, de Noam Chomsky y Heinz Dieterich, ambos extraordinarios académicos, entre otros tantos elementos muestran “la relación” que ha mantenido Estados Unidos con el resto de América Latina, hacen un recuento de las invasiones y ocupaciones a lo ancho y largo del continente, sobre todo, en el Siglo XX. Este dato es contundente, lapidario, porque presenta la “forma que ha tenido esa relación”. Se insiste en este elemento, porque es central, dicho sea de paso, no tiene propósitos incendiarios, simplemente, es puntualizar de qué se está hablando cuando nos referimos a Estados Unidos y Latinoamérica.

Criticar al presidente López Obrador por decir que no va a ir a esa cumbre, si no están todos, tiene su razón de ser y está fundamentada. No es un arrebato, ni un desplante; es parte de una historia que debe ser mostrada con absoluta claridad. Las formas, los contenidos, los eventos que están en el trasfondo de esta reunión son muchos y muy complejos. Nuestra América ha pasado por un sinfín de agravios, no son estridencias ni exageraciones, para eso está la historia. Nuestra América no está en estas condiciones por gusto, ni por deseo, ni por “mala suerte”, hay razones objetivas, contundentes y estructurales que lo explican. Se pueden exponer muchas más razones sobre estas realidades, que nos darían el verdadero rostro de esta historia desigual y conflictiva.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

One Response

  1. Efectivamente la historia nos proporciona los elementos para entender el por qué América Latina está en la situación actual y cuál ha sido el papel del vecino del norte.
    Pero a la supuesta oposición todo le parece mal y sabemos por qué es así.
    Gracias por el artículo

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