Trump firma decreto para combatir adicciones con drogas psicodélicas

A raíz de una propuesta del presentador Joe Rogan, el presidente Donald Trump firmó un decreto para acelerar la investigación de drogas psicodélicas como la ibogaína. Ante una crisis que cobra más de 80 mil vidas al año por adicción a los opiáceos, el gobierno busca que la FDA apruebe estos tratamientos en semanas y no en años. Aunque la ibogaína actúa como un “reseteo” cerebral para evitar el síndrome de abstinencia, la comunidad científica advierte sobre riesgos que requieren supervisión experta.
Estados Unidos: Trump firma decreto para combatir adicciones con drogas psicodélicas
El presidente Donald Trump firmó el decreto en la Oficina Oval de la Casa Blanca. Lo acompañaron su secretario de Salud, Roberto F. Kennedy Jr., el presentador Joe Rogan, entre otros.

A solicitud del conocido presentador Joe Rogan, el presidente Donald Trump firmó un decreto para impulsar la investigación sobre drogas psicodélicas, como la ibogaína, para tratar las adicciones y la salud mental.

El conductor de uno de los programas de entrevistas más vistos en el mundo apuntó que, en 2024, más de 80 mil personas murieron por sobredosis de opiáceos y actualmente hay más de cinco millones de adictas a este tipo de drogas en los Estados Unidos.

“Quiero contarle a todo el mundo cómo ocurrió esto. Le envié cierta información al presidente Trump. Tenemos un problema gigantesco de opiáceos en este país, obviamente (…) Con una dosis de ibogaína, más del 80 % de las personas se liberan de esa adicción. Con dos dosis es más del 90 %. Le envié esa información. El mensaje que recibí de vuelta fue: ‘Suena genial, ¿quieres la aprobación de la FDA? ¡Hagámoslo!’. Fue literalmente así de rápido”, dijo.

Rogan explicó que la ibogaína y drogas psicodélicas similares “son ilegales no porque sean dañinas, sino por la Ley de Sustancias Controladas de 1970, aprobada por la administración de Richard Nixon para atacar los movimientos a favor de los derechos civiles y antiguerra, no porque estas drogas dañen a las personas”.

Durante el evento, realizado en la Oficina Oval, el mandatario estadounidense confirmó que ya hay investigaciones iniciales que demuestran el potencial de esta sustancia e incluso mostró su interés por consumirla.

“¿Puedo tomar un poco, por favor?”, dijo en tono de broma, y aseguró que “haría lo que sea necesario”, aunque recomendó estar “lo suficientemente ocupado” como un método efectivo contra la depresión.

“No tengo tiempo para estar deprimido. Si te mantienes lo suficientemente ocupado, tal vez eso también funcione. Eso es lo que yo hago”, afirmó.

A la firma del decreto para flexibilizar las restricciones a tratamientos de salud mental, incluida la ibogaína, acudió también el secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos, Roberto F. Kennedy Jr., quien aclaró que el propósito de este es enfrentar “uno de los desafíos de salud pública más urgentes de nuestra nación: la crisis de salud mental”.

El comisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés), Marty Makary, abundó que con esta medida “los medicamentos pueden ser aprobados en semanas, no en un año o más, sino en semanas, si están alineados con nuestras prioridades nacionales”.

La ibogaína es un alcaloide psicoactivo derivado del arbusto africano Tabernanthe iboga, que en Estados Unidos está clasificado en la Lista I de la Ley de Sustancias Controladas, la cual agrupa sustancias que no tienen aplicación médica y que no son seguras para su uso.

Sin embargo, en algunos países como México, existen clínicas en donde esta sustancia es utilizada para detener la adicción y controlar el síndrome de abstinencia de ciertas drogas como la morfina, alcohol, cocaína, nicotina y marihuana, y para tratar síntomas de depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático en veteranos de guerra.

A diferencia de otras terapias en las que se utilizan dosis diarias de fármacos como la buprenorfina o la metadona, la ibogaína solo requiere un tratamiento único, ya que interactúa con múltiples sistemas neuroquímicos (serotonina, dopamina), actuando como un “reseteo” del sistema de recompensa cerebral.

De acuerdo con un artículo publicado en el Boletín Científico de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, “La aceptación de la ibogaína como tratamiento antiadictivo es controversial, ya que se habla de la muerte súbita de once personas después del consumo de este alcaloide”.

Los autores del artículo mencionan que durante la terapia con ibogaína se pueden presentar mareos, náuseas, vómito y dificultad en la coordinación motora. Además, la administración de este alcaloide no se recomienda para personas con problemas cardiacos o sensibilidad a esta sustancia, ya que puede ocasionar taquiarritmias, por lo que debe realizarse con asistencia de un experto.

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