Países asiáticos a punto del colapso por escasez de combustible

La falta de combustible está desatando una ola de violencia sin precedentes en Asia. Desde ataques en gasolineras de Bangladesh hasta el estado de emergencia energética en Filipinas, la parálisis del transporte y el desabasto de alimentos tienen a millones de personas al límite.
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Foto: Especial.

Jessica Alcázar Zaragoza

La grave escasez de combustible está empezando a provocar violencia e inestabilidad en algunas partes del mundo, principalmente en Asia, donde países como Bangladesh, India, Pakistán o Filipinas están a punto del colapso, con los servicios de transporte paralizados, falta de suministros, robos, asaltos y asesinatos.

Medios internacionales como The Washington Post reportan que varios trabajadores de gasolineras han sido agredidos y hasta asesinados por personas motivadas por la ira y la impotencia ante la escasez.

El cierre del estrecho de Ormuz, debido a la guerra contra Irán, ha impactado a países asiáticos que importan hasta el 95 % de su energía y cuya economía depende en gran medida de los envíos que pasan por ese paso marítimo.

Autoridades asiáticas han impuesto límites a la cantidad de combustible que cada automovilista puede comprar y han recurrido a sus reservas para sustituir las importaciones de petróleo y gas.

La ansiedad se ha apoderado de muchas personas que están realizando compras de pánico y vaciando las gasolineras en tan solo unas horas, formado filas de varios kilómetros.

Md. Nazmul Haque, presidente de la Asociación de Propietarios de Gasolineras de Bangladesh, reportó ataques diarios a empleados en las aproximadamente 3 mil gasolineras del país.

Según Haque, ni siquiera durante la pandemia de COVID-19 ni durante las protestas nacionales en 2024, que derrocaron al gobierno de Bangladesh, se registró una violencia tan grave. 

Analistas advierten que la violencia aumentará conforme se incrementen los precios y la escasez de alimentos y otros productos básicos, principalmente en los países más vulnerables como Bangladesh, donde más de una cuarta parte de sus 175 millones de habitantes vive en la pobreza.

En Filipinas, el presidente Ferdinand Marcos Jr. declaró oficialmente, el pasado 24 de marzo, el Estado de Emergencia Energética ante la situación crítica de la nación, lo que provocó que miles de trabajadores del transporte salieran a las calles para protestar por el alza vertiginosa del precio del diésel.

Algunos gobiernos asiáticos han realizado compras al contado para mantener estable el suministro energético y la mayoría han absorbido, mediante subsidios, la mayor parte de las fluctuaciones de precios, pero aceptan que esto es insostenible a largo plazo.

Sri Lanka declaró inhábiles los miércoles para las instituciones públicas, mientras que Tailandia y Vietnam han promovido el trabajo desde casa para ahorrar combustible.

Japón, Corea del Sur, Filipinas e Indonesia han relajado las normas de uso de las plantas generadoras a base de carbón y en algunos casos han aumentado la capacidad de centrales nucleares hasta un 80 por ciento.

El gobierno de Japón, que depende exclusivamente de la importación para abastecer su red energética, se ha visto obligado a pedirle a Australia, su mayor proveedor de gas natural licuado, que aumente la producción. 

El gobierno de India, por ejemplo, determinó que reducirá las ventas de gas a la industria, para priorizar el suministro a los 333 millones de hogares y solo permitirá la exportación si tiene volúmenes excedentes.

A pesar de que es uno de los países menos vulnerables, China también prohibió la exportación de combustibles refinados y comenzó a liberar fertilizantes de sus reservas comerciales, obligando a países que dependen de sus suministros, como Camboya, a acudir a mercados alternativos como Singapur y Malasia.

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