Desde nuestra América

Pandemia, Sociedad y Gobierno

Imagen: Especial.

Oscar Wingartz Plata*

La Coparmex hizo un berrinche proporcional a la magnitud de los intereses financieros afectados y hasta amenazó con buscar la remoción por la vía judicial del Presidente y la Secretaria de Gobernación. Pedro Miguel

Estimados lectores: Después de un receso involuntario retomamos nuestra colaboración con este diario que generosamente nos ha dado la oportunidad de exponer, proponer y reflexionar sobre diversos tópicos y momentos de nuestra existencia. Así, pues, en esta ocasión vamos a proponer algunas ideas sobre la contingencia que estamos vivimos como humanidad y los efectos que ha tenido en particular en nuestro México.

Un elemento clave es esta reflexión es pensarla desde otras vertientes y consideraciones, es decir, no reiterar innecesariamente los mismos datos, lo que se llama “los lugares comunes”. Ya de por sí estamos agobiados con tanta información, y de todo tipo, verdadera, falsa, mal intencionada, descontextualizada, manipulada, y un etcétera interminable.

En este orden, quiero plantear una idea que se ha mencionado, pero no con pertinencia necesaria, la voy a mostrar a manera de pregunta: ¿qué implicaciones tendrá en nuestra vida cotidiana esta pandemia cuando pase? Propongo este asunto, porque algunos compañeros, amigos y camaradas lo hemos comentado, y las respuestas han sido muy dispares. Vamos a comentar al menos tres de ellas.

  • a).- Esta pandemia nos dejará lecciones profundas sobre nuestra vida y nuestro entorno, y la posibilidad de cambiar con ella.
  • b).- Esta contingencia tendrá márgenes relativos en la medida, en que efectivamente incida en nuestras vidas.
  • c).- No pasará absolutamente nada. Regresaremos a nuestras existencias, con ello a nuestras vidas como antes de la pandemia.

Aquí se encuentra uno de los asuntos más complejos a reflexionar por una razón más que evidente. ¿Qué tanto nos sentimos interpelados por el este evento?, ¿realmente nos damos cuenta de la magnitud de esta enfermedad, tan compleja y letal?, ¿nos hemos planteados escenarios que nos permitan abonar para su solución o su extensión? Como decía, aquí empiezan las complejidades.

Ahora bien, desde la esfera gubernamental nos han estado llamando para contrarrestar lo más rápido posible sus efectos y consecuencias; la respuesta ha sido muy desigual, porque intervienen factores de diversa índole: laborales, económicos, ocupacionales, sociales, etc. Esta es una de las variables que nos ponen contra la pared, esto es, lo deseable, lo pertinente, lo necesario sería, que efectivamente, todos acatemos las directrices gubernamentales, pero no es así.

Una razón explícita es que no todos estamos en la misma condición para enfrentar este evento y salir de ella lo mejor librados posible.

Por otra parte, está un hecho que no puede ser soslayado, la actividad económica, esto es importante, la economía, no puede detenerse, por su propia lógica. Aquí es donde las reflexiones y las posibles salidas encuentran un margen de respuesta discordante. El gobierno ya lanzó un programa de reactivación económica realmente ambicioso, entre otras cosas, reactivar la economía lo más rápido posible.

Algunos empresarios, cámaras empresariales, patronales no están de acuerdo en ese plan porque lo considera, simple y sencillamente, inviable y fuera de lugar. Como el crear dos millones de empleos en un tiempo récord.

A nivel mundial, los países más poderosos están entrando en un tobogán por la desaceleración que están teniendo sus economías, es decir, se avecina una recesión global, y es obvio que el resto de las economías, unas más otras menos van a tener que cargar con un enorme rezago; y de ahí el tiempo que le va a tomar su recuperación. Este uno de los escenarios más complejos en lo inmediato.

Ante estas realidades, la gente común, los llamados de a pie, se hacen muchas preguntas, todas ellas de orden muy inmediato, práctico, concretas, ¿cómo pasar esta coyuntura sin tener que sacrificar más de lo necesario? Es un cuestionamiento claro, certero, ante eso, es que se reitera la necesidad de tener una conducción, no sólo gubernamental, también política, social y moral de primera línea. No podemos tomar actitudes fuera de lugar, o pensar que vamos a regresar a nuestras vidas como si nada hubiera pasado; por un asunto que está a la vista: esta pandemia ha tenido una contundencia nunca antes vista, como el hecho de poner en jaque los sistemas de salud más avanzamos a nivel mundial. Independiente de las reflexiones que ello suscitó. Si actuaron o no a tiempo.

Una reflexión última, este evento nos ha confirmado, una vez más, que a pesar de los avances, despliegues y tecnología, los seres humanos pendemos de un hilo por la fragilidad inherente a la nuestra propia condición. Esto nos debe hacer reaccionar con prontitud, profundidad y generosidad. No podemos hacer como si todo regresara a la normalidad “y aquí no ha pasado nada”. Nuestro mundo, sin ánimo estridente, se está agotando a pasos acelerados, nuestra posibilidad de revertir este fenómeno no se ve en el plazo inmediato. Sistemáticamente la humanidad desde hace 500 años como dice el filósofo Enrique Dussel se ha estado autodestruyendo por una lógica mal entendida y peor aplicada: el poner todo bajo su imperio y su dominio.

Por ello debemos pensar que el tiempo está jugando en contra nuestra. Esta pandemia es una llamada de atención severa, donde vemos un futuro no deseable y escabroso para la humanidad. Hoy más que nunca se exige, se pide: generosidad, desprendimiento, actitud solidaria y moralidad suprema ante los grandes retos que está y va a tener la especie humana en un futuro no muy lejano. Pensemos en esto.

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por las UNAM. Docente-investigador en la Facultad de Filosofía de las UAQ.

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