Desde nuestra América

Los avatares del buen gobierno

Enrique Alfaro Ramírez, gobernador de Jalisco.

Oscar Wingartz Plata*

Así, no obstante la diversidad de planteamientos para la comprensión de los procesos sociales contemporáneos, se hace presente una preocupación común, la de ubicar la incapacidad para dar juego y respuestas a las transformaciones sociales como una de las problemáticas básicas en el cambio de siglo. Por ejemplo, la crisis de los partidos políticos, los cuales no logran encontrar los medios para convocar y a la vez representar la diversidad de intereses  de una sociedad que se escinde y se organiza en torno a objetos disímiles, lo que ha generado un profundo desencanto en los ciudadanos a la política formal… Mario Magallón.

Hace unos días vivimos en Guadalajara, Jalisco, una serie de acontecimientos que son realmente preocupantes por la forma en que se dieron, y tuvieron un desenlace nada deseable para la gobernabilidad en su conjunto. Sin estridencias de ninguna naturaleza, debemos decir que, son totalmente desproporcionados e innecesarios. Estos eventos dichos en sano juicio, no pueden ser parte “de nuestro horizonte” social, político, histórico; por una razón muy clara, ya no estamos en tiempos autocráticos. Nuestro país ha vivido épocas, negras, oscuras, ásperas por ese tipo de procederes, y dejaron saldos muy amargos en la población. Retomamos estos elementos, para hacer ver la dimensión de ese tipo de prácticas en un mundo y una sociedad, que camina por otra ruta, es decir, nuestra sociedad es mucho más compleja, diversa, plural, con otras visiones, con otras formas de ver el mundo. En consecuencias, la manera de gobernar, obviamente debe ser otra.

Retomando el epígrafe que hemos propuesto, éste es una las muchas vías de reflexión sobre los hechos acaecidos, y deben ser parte de nuestra agenda cotidiana. No es un misterio, que hay una visión desgastada por ciertos sectores sociales sobre la política, la democracia, la gobernabilidad. Esto ha sido el resultado directo de un desfase, de una separación, de un divorcio entre gobierno y sociedad, dicho en términos amplios. Este desfase, todavía hace algún tiempo era “el pan de cada día” entre nosotros, el gobierno hacía y deshacía a su pleno criterio, y el resto, simplemente acataba lo ordenado.

Esto por su propia lógica fue incubando, creando las bases orgánicas de un movimiento social que buscaba, anhelaba y deseaba un gobierno distinto, diferente, donde todos se hicieran escuchar; donde pudieran reflejarse, concretarse otras ideas, otros proyectos, otro país. Estas propuestas como todo en esta existencia requieren del concurso, acompañamiento y apoyo solidario de la ciudadanía. La construcción de ese país anhelado, deseado exige el concurso de la totalidad, para que efectivamente vayamos viendo, escuchando y articulando esas voces que quieren esa nueva realidad. Todo esto es el marco de esta reflexión que se está proponiendo de cara a esos acontecimientos presentados.

¿Qué ha sucedido? Que no terminamos por articular una idea sólida de nación que nos proyecte en esa nueva dirección. Todavía carecemos de un ejercicio y de prácticas democráticas que se reflejen como tales. Todavía hay mucha discrecionalidad en los procederes. No terminamos de entender que una sana, armónica y consecuente convivencia humana tiene bases y principios muy claros, no son de carácter discrecional. Para llegar a ello, requerimos, entre otras cosas, de conocimientos profundos, de ideas claras, de prácticas transparentes, no se gobierna por intuición, ni por la fuerza. Esas son concepciones de una mentalidad petrificada en el tiempo. Se gobierna desde el conocimiento, la sensibilidad, y el uso correcto del poder. No se puede gobernar con prácticas desfasadas, fuera de lugar, que responden a otros momentos y contextos. Nuestro tiempo exige una recomposición de muchas esferas de nuestra realidad, una de ellas, es gobernar. Asunto en extremo complicado.

Asumiendo estos planteamientos, quiero proponer una cita del autor del epígrafe, donde muestra una idea sugerente entorno a nuestra reflexión: “La democracia tiene una dimensión utópica, porque se asocia a las aspiraciones de igualdad, libertad, soberanía, equidad, justicia, participación, solidaridad, etc. Esta dimensión utópica de la democracia es la idea-fuerza a partir de la cual se han dado las luchas sociales por las que se busca superar las inconsistencias y contradicciones entre los postulados normativos de la democracia y sus limitaciones reales.” (Mario Magallón, La Democracia en América Latina, México, UNAM/Plaza y Valdés, 2003).

A partir de estos planteamientos debemos decir que, democracia, política y gobierno son el núcleo que debe articular: El Buen Gobierno. Lo acontecido en Guadalajara debe ser una llamada de atención seria y cuestionadora por las implicaciones que pueda tener en el mediano plazo. Por ello se debe promover de manera consistente y permanente “la dialogicidad”, esto significa, tener la capacidad de establecer diálogos, consensos, acercamientos serios, claros, propositivos. En este orden, seguimos careciendo de esa práctica. Nos cuesta mucho trabajo establecer interlocución donde podamos exponer nuestros problemas, sin tener que llegar a los connatos, las intimidaciones, los exabruptos. Muchos podrán decir que esto se ha intentado, y no ha dado resultados; pero, no podemos desistir, y sí insistir en esta práctica, porque, lo contrario, seguiremos viendo esos eventos que en sí mismos son anómalos y fuera de toda proporción.

Debemos afirmar que, una sociedad, no puede vivir en una eterna confrontación, eso sería, algo totalmente indeseable. No hay que olvidar que la política se creó para superar el estado de barbarie en que vivió la humanidad durante mucho tiempo. En este sentido, la política debe ser el instrumento fundamental para alcanzar las metas superiores a las que aspirar la humanidad, como: la equidad, la justicia, la igualdad, la solidaridad. Si no lo ponemos en práctica esta herramienta, nuestra condición siempre estará amenazada por “la ley del más fuerte”; eso literalmente debe ser rechazado.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Docente-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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