Desde nuestra América

La virtualidad ante la contingencia: ¿Eso es lo pertinente?

Foto: Unicef.

Oscar Wingartz Plata*

Pareciera que estamos asistiendo a la instalación de un proceso de virtualización de la precariedad, en el que las carencias de la educación escolarizada, de constitución física y material, de relaciones interpersonales directas se trasladan, se profundizan y se extienden a sectores más amplios de la población (…) De igual modo, se transfieren y agudizan los factores altamente burocráticos, según denuncian los propios maestros… Lev M. Velázquez.

Un sector del profesorado mexicano de diversos niveles educativos están expresando su inconformidad ante la insistencia por parte de la autoridad educativa, sobre el uso e implementación de las llamadas “plataformas digitales” para continuar con su labor docente, en algunos casos ha sido de manera obsesiva o desmedida.

El mismo Secretario de Educación Pública hace unos días salió a dar un mensaje en este sentido, y cómo lo pensaban hacer. Este asunto en términos muy concretos es extremadamente complejo, porque no se trata sólo de dar “clases virtuales”. Es mucho más compleja esta situación. Vamos a proponer algunas ideas al respecto.

Primera idea, ¿en qué país vivimos? ¿Por qué hago esta pregunta? Porque parecería como si todos estuviéramos en el mismo nivel y condición socio-económica. Esto nos lleva por su propia lógica a una consideración explícita, ¿la virtualidad está al alcance de todos los estudiantes independientemente del nivel en que estén? Parece que la autoridad lo ve así, pero objetivamente no hay tal.

Segunda, ¿qué implicaciones tiene el uso de esas tecnologías en el proceso educativo? Una vez más, parecería que nuestras autoridades lo ven como “algo normal”, es decir, no hay una ‘transferencia mecánica” del aula a las máquinas. Entenderlo de esa forma es perder la dimensión y proporción de las cosas. Muchos de nuestros estudiosos en materia educativa, entre otros, Lev M. Velázquez, Sebastián Plá, Hugo Aboites lo han expresado. No se da un proceso lineal del aula a la máquina. Esto es muchísimo más complejo.

Tercera, ¿nuestros docentes han ensayado esas técnicas virtuales?, ¿están empapados en esas tecnologías?, ¿nuestro país tiene la capacidad técnica para hacer masivo el uso de esas tecnologías? Debemos decirlo con claridad, son pocos los que las conocen con eficiencia y solvencia técnica.

Cuarta, ¿cuánto tiempo le toma a nuestros maestros el uso de esas herramientas tecnológicas? Porque parecería, una vez más, que sólo es cuestión de sentarse frente a la máquina, y “lo demás vendrá por añadidura”. Hay que decirlo, implica horas y horas ante la máquina. Un tiempo que objetivamente es mucho, y no reconocido explícitamente por las autoridades en múltiple sentido.

Quinta idea, ¿la autoridad educativa, realmente ve con claridad la magnitud de una contingencia como la estamos padeciendo? Más bien, da la impresión  contraria, es decir: “aquí no pasa nada”, “vamos a continuar con nuestros quehaceres cotidianos”. Si lo ven de esa manera, el asunto se pone extremadamente complejo, porque, expresa escasa sensibilidad y pertinencia ante un fenómeno único en la historia humana, una real y verdadera pandemia global. Esto nunca se había vivido: una enfermedad globalizada, por su virulencia y letalidad. Esto hay que tenerlo presente.

Con estas ideas podemos hacer una serie de planteamientos que desde mí consideración son claves. Uno de ellos es, ante esta contingencia, la institución escolar debería replantearse su ser y sentido en diverso plano. Esto quiere decir que, no podemos hacer como si no pasara nada, como si la vida siguiera en los mismos tonos, con la misma cotidianeidad. Se afirma este asunto, porque muchos están esperando el fin de la pandemia, así tal cual, sin más. Como si no hubiera sido suficiente que el país se paralizara.

Muchos de nuestros estudiosos y especialistas en educación están diciendo que la institución escolar debe hacer un alto en el camino y reflexionar críticamente esta contingencia, y las implicaciones que está teniendo en el campo educativo. Por otra parte, este fenómeno ha puesto sobre la mesa múltiples carencias derivadas de esta pandemia, -y yo diría una vez más-, de carácter económico, social, cultural, técnico. No es una casualidad que muchas áreas estratégicas de nuestro país estén paralizadas o semiparalizadas. Tampoco es fortuito que la autoridad esté haciendo llamados, casi desesperados, para que la población acate las medidas de prevención básicas.

A manera de ejemplo, y sólo para corroborar lo afirmado en líneas más arriba, ¿cómo es posible que la población agreda al personal médico y de apoyo? Eso objetivamente no tiene sentido, es demencial. Ellos están haciendo una labor faraónica para evitar que se propague de manera incontrolable esta enfermedad.

Con los planteamientos vertidos, hay un asunto que debería ser uno de los elementos rectores de la crítica a la virtualidad, vamos a plantearlos a manera de preguntas: ¿por qué la escuela tiene un carácter presencial?, ¿qué implica la presencialidad en el proceso formativo?, ¿qué virtudes tiene en la formación de los niños y jóvenes el trabajo vivo, interpersonal, físico? Estos son aspectos claves de la formación humana y académica. Hay que reflexionar con absoluta pertinencia el sentido que tiene la formación presencial en nuestra población estudiantil. Sin no lo hacemos, considero que estaremos perdiendo uno de los actos y los procesos más profundos, más ricos, más plenos que tenemos como seres humanos tenemos y debemos conservar.

Por otra parte, está el hecho de entender y valorar para qué son las herramientas y tecnologías digitales; en sentido estricto, son un complemento, un apoyo en la formación y desarrollo académico, desde mí consideración, nunca podrán sustituir el trabajo interpersonal, vivo, vital, que hace de nuestros estudiantes seres abocados a la sociabilidad, al compromiso y la solidaridad. Esta sería una de las vertientes de esta discusión. Lo más importante en este momento, lo prioritario es agregar, sumar, incluir; para superar de manera pertinente esta contingencia; y no lo vamos hacer si seguimos en esa idea de querer hacer exclusiones, cuando precisamente los más desfavorecidos son los que están más expuestos a sufrir y padecer los estragos de una pandemia de este calibre.

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Docente-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

One Response

  1. Excelente análisis. La contingencia solo ha venido a mostrar el pobre alcance educativo que tienen nuestras autoridades al no considerar las precarias condiciones e económicas y sociales en que vivimos muchas familias. No pueden imponer de un momento a otro un sistema educativo al cual muchos no tienen acceso y en el peor de los casos sin ningún sustento ni fundamentación metodológica. Triste y lamentable situación. Saludos

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