Columna Invitada

Hubo una vez…

Marcha del Orgullo Gay del 2018 en Querétaro. Imagen: Libertad de Palabra.

Josué Quino

“17 de Mayo, día contra la homolesbobitransfobia, si es difícil decirlo, imagina vivirlo.”, con esas palabras Alejandra Martínez, directora de Aquesex, A. C., en su Face, me hizo recodar su ponencia de 2017, cuando iluminaron los 74 orgullosos Arcos de Querétaro, con los colores del arcoíris, celebrando que en 2014, el 17 de mayo fuera declarado por Decreto Presidencial de Enrique Peña Nieto, como el Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia.

Ese día recuerdo que hice fiesta, porque por primera vez el Meme Mexicano había hecho algo maravilloso. Bueno, el chiste es que suspendí la fiesta cuando me enteré que todas las personas ahí, sabían que no era una cuestión nacional, sino internacional. Entonces me puse a hacer cuentas…

Sin saberlo, en 1958, yo nací enfermo. Hasta que 32 años después, también sin saberlo, me curé. Todo ello “gracias” a que la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud, eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales.

¿Por qué un grupo de personas lograron, con solo decirlo, eliminar una enfermedad? Pues porque en realidad no se trataba de una enfermedad. Esta acción comprueba que la homosexualidad nunca lo fue, ya que de haber sido así, con solo decirlo ¡la COVID-19 ya hubiese desaparecido! ¡Y cualquier otra enfermedad!

En 2012 escuché por primera vez, aquí en Querétaro, que iba a haber una serie de actividades contra la homolesbobitransfobia, organizado por una serie de colectivos y ONGs. Los primeros tres años no podía decirla de corrido.

Quizá si hubiera intentado pronunciar por separado, homo, lesbo, bi, trans, hubiese sido fácil. 

Tan fácil como salir a la calle en patín del diablo o en patineta; con vestido, con pantalones o con short; pintado, maquillado o endragado; tomando de la mano, y besando a la persona, de cualquier sexo, a quién yo amase; incluso hubiese sido muy fácil caminar, sintiéndome seguro y feliz, pidiendo que se refirieran a mí en género femenino, después de haberme puesto unos implantes copa C, ¡o D!

Eso hubiese sido muy dulce. Pero como la palabrototota termina en fobia, el asunto se complicó.

Resulta que un mal día, un grupo de malas personas, tomando como pretexto cualquier tontería, anunció que tomar decisiones sobre nuestro propio cuerpo estaba penado, y para que el asunto amachinara chido, decidieron asegurar que quién así lo hiciese estaría condenado a la cadena perpetua, de arrastrar el grillete de una enfermedad. 

Pero como nadie podía creer que la alegría fuera el síntoma de alguna enfermedad, decidieron que se tenía que tratar de un mal mental, debiéndose instaurar en todo el mundo, generando con ello el temor irracional a tener, ser contagiado o contagiar, una enfermedad: la homosexualidad (y todo lo que de ella emanara).

Homolesbobitrans…fobia…

Fobia:

  • 1.- Trastorno de salud emocional o psicológico que se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado ante objetos o situaciones concretas. (*)
  • 2.- Temor intenso e irracional, de carácter enfermizo, hacia una persona, una cosa o una situación. (*)
  • 3.- Odio o antipatía intensos por alguien o algo. (*)

Sí: la fobia es la enfermedad, no la homosexualidad, no la lesbiandad (**), no la bisexualidad, no la transexualidad. Y es esa la verdadera enfermedad, la que tenemos que atender. 

El 17 de Mayo, es uno de esos días que tienen que desaparecer, no porque pretenda dejar de luchar contra ello, si no por el contrario, porque cuando ese día se deje de celebrar, habremos avanzado como sociedad y, podremos contarle a nuestros descendientes que “hubo una vez una enfermedad, provocada por la irracionalidad de la gente de mente corta y corazón seco, con un nombre muy largo, y complicado de pronunciar, su nombre era Homolesbobitransfobia…

(*) Google.

(**) El sufijo “ismo” se refiere a sustantivos que designan términos científicos.

 Y como ya sabemos, ser lesbiana NO es una enfermedad.

El autor es representante legal de la organización Teatro y SIDA.

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