En Pocas Palabras

Hambre, desempleo y pobreza, la pandemia más difícil de erradicar: ¿Qué nos espera?

Foto: Gaceta UNAM.

Teresa E. Hernández-Bolaños

Uno de los grandes flagelos de la humanidad ha sido el hambre, atada a la pobreza y al desempleo. Los esfuerzos para erradicarla han logrado avances, pero los momentos de crisis han provocado retrocesos y estancamientos. Hoy enfrentamos uno de esos retrocesos. La pandemia provocada por la COVID- 19 ha puesto en jaque no sólo a los sistemas de salud, sino a las políticas sociales, los programas de fomento al empleo, el desarrollo de las empresas y el crecimiento económico de los países. Lo que impactará negativamente para el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2015-2030.

Será difícil alcanzar objetivos como, 1) Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo, 2) Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible, 8) Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos. Difícilmente en 10 años podremos revertir las tendencias que pronostican un impactante aumento del hambre, la pobreza y el desempleo post-pandemia si no trabajamos de manera conjunta.

Y es que las cifras previas al brote ya venían en aumento. La ONU había reconocido que el hambre en el mundo llevaba tres años sin disminuir, a razón de tres factores: los conflictos, el clima y la desaceleración económica, al que habrá que sumarle la crisis sanitaria. En 2018 había 821.6 millones de personas con hambre en el mundo (1 de cada 9 personas). Las cifras del informe Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe 2019, registró que el hambre afectaba a 42.5 millones de personas en la región. Es decir, un crecimiento de 4.5 millones de personas desde 2014, un aumento del 11%. (https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/51685/9789251319581FAO_spa.pdf?sequence=6&isAllowed=y).

Por su parte, las proyecciones de desempleo en el mundo previstas por la OIT (Organización Internacional del Trabajo), antes de la COVID-19, eran de 190.3 millones de personas desempleadas para 2020 y de 193.7 millones para 2021, en ascenso, comparado con los 187.7 millones de personas desempleadas durante 2019. Para México se estimaban 2.1 millones de personas desempleadas para 2020, y 2.4 millones para 2021, comparado con los 2 millones de desempleados durante 2019, que representaban el 3.7% de desempleo (https://www.ilo.org/global/research/global-reports/weso/2020/lang–es/index.htm).

Las proyecciones de la OIT en el “Observatorio de la OIT: El COVID-19 y el mundo del Trabajo”, 1er, 2° y 3° edición, señalan un aumento del desempleo mundial que oscila entre 5.3 millones (caso “más favorable”) y 24,7 millones de personas (caso “más desfavorable”), con respecto a un valor de referencia de 188 millones de desempleados en 2019. Quizá pronosticar 25 millones de desempleados sea lo más cercano a la realidad. En México se han perdido, desde que inició el confinamiento, en marzo, 346,878 empleos, no se incluyen los trabajadores informales, en México más del 56% de los trabajadores son informales. Según el observatorio de la OIT las proyecciones para el empleo informal son de casi 1600 millones de trabajadores afectados, lo que representa el 76% del empleo informal en el mundo. https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/WCMS_743154/lang–es/index.htm.

Estamos ante un escenario complejo, el hambre atada a la pobreza aumentará (México registró en 2018 una tasa de pobreza extrema de 3.56% INEGI), al igual que el desempleo. Hoy el protagonismo del Estado se vuelve fundamental, no sólo para implementar programas, apoyos y financiamientos a la micro, pequeña y mediana empresa, que deben aumentar, y sostener los programas sociales, que en definitiva aún son débiles; sino para gestionar alianzas entre empresas, ser un mediador eficiente entre los empleadores y los empleados, favoreciendo la actividad económica. Priorizar la inversión pública a gran escala y a largo plazo, así como atraer mayor inversión privada deberá aparecer en la agenda de todos los niveles de gobierno. Si estas y otras medidas urgentes, que involucren al mundo entero, no se hacen de manera solidaria y global, no sólo México, sino el planeta tendrán que enfrentar graves retrocesos.

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