Cartas desde la locura

Cual casi todo perro popular

San Simón 62, colonia Portales. Imagen: Especial.
“La relectura toca puertas del pasado y hurga rincones olvidados”: Arnoldo Kraus.

Ramón Martínez de Velasco

@ramavelm

I

La calle donde nací y las calles que recorrí van conmigo a todas partes. Las de la Ciudad de México, ombligo de América Latina. Las que son mi biografía. Las que llegan a convertirse en un vicio. Allí di mis primeros pasos y allí daré los últimos. Porque provinciano no soy.

Allá aprendes a andar, y acá a detenerte. Allá recorres siglos de esplendor en unas cuantas manzanas, Patrimonio Mundial de la Humanidad. Allá convives con residentes y visitantes, cuyo número supera a la población de mi Baja California, donde también viví.

Y aunque ahora estoy acá, nunca he salido de allá.

Siempre he estado en la populosa Ciudad de México, “dos veces destruida, cien veces renaciente”.

II

Y por eso me gustaba Monsiváis. No por sus libros (que nunca terminé de leer), sino por aferrarse a la Canaán-Portales, a su calle San Simón Ticomán, a donde llegó chaval desde La Merced, la del “socialismo sentimental”, la del “desenfado como meta y no como punto de partida”, la de la “filosofía del instante”, la de la fe protestante.

Vive y muere en la Portales, la de los estanquillos de hilos, velas, camisetas, libros de viejo, papelerías, accesorios y regalos, la de la Calzada de Tlalpan, la de “esos hombres y mujeres convencidos de su eficacia, a pesar de todas las pruebas en contra”, donde “lo épico no será lo conseguido, sino lo luchado”.

Patria fronteriza de mis calles en la Viaducto-Piedad, Santa María La Ribera, Escandón, Pensil, Tabacalera, Azcapotzalco, Unidad Independencia, Doctores, Del Valle, Copilco. Donde el ‘café Victoria’, o ‘La Habana’, o el Parque Hundido en la Mixcoac… “probable evasión festiva de tu entorno”.

En la San Simón narrará los auges y caídas de la sociedad civil, tomará el Metro, y se internará en el estado de ánimo de algún precario asentamiento, de algún suplemento cultural, de algún Muro de las Lamentaciones, de algún rumor popular. (“Cuando el Presidente asegura que no se devaluará el peso, los ahorradores arden en deseos de sacar su dinero de los bancos”.)

III

“De las fechas que me han marcado, guardo la memoria que corresponde. En lo íntimo, he perdido a gente muy cercana. No suelo hablar de estos asuntos y no me refiero a ellos por escrito, por no sentirme capaz de narrar la vida que se extingue, o de referir mis reacciones al enterarme de sucesos que no supe leer con premonición póstuma.

“Advierto en el calendario un conjunto huidizo, con muy escasos deberes cronológicos. Lo mejor de los días culminantes en mi vida es su condición irretornable.

“Me siento orgulloso de haber estudiado en una escuela pública, porque me libré de prejuicios. Agradezco el laicismo y estoy convencido que la educación religiosa, en las escuelas públicas, sería un gravísimo retroceso que México no merece” (Los días de nuestra edad).

Epílogo

Hoy anduvo la Muerte buscando entre mis libros las páginas subrayadas, las notas al margen.

Y halló que lo que en un tiempo fue importante, dejó de serlo.

Y que lo que ayer llamó la atención, hoy pasó inadvertido. Y que, al final, soy una versión de esos libros, de esas páginas subrayadas, de esas notas al margen.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *