Desde nuestra América

¿Aprenderemos la lección?

El semáforo que propone el Gobierno Federal para reanudar actividades.

Oscar Wingartz Plata*

[…] que la educación a distancia puede utilizarse políticamente. No es difícil imaginar que una vez que el sistema ha tenido la experiencia piloto de la contingencia del 2020, gobernadores, autoridades de instituciones e incluso algún gobierno federal considere utilizarlos para enfrentar las protestas magisteriales, los paros de estudiantes […] y las huelgas que ellos mismos no aciertan a solucionar […] Hugo Aboites.

En días pasados el Dr. Hugo López-Gatell, el encargado federal de la estrategia contra la enfermedad COVID-19, dio una noticia que muchos estábamos esperando, la posibilidad de levantar el confinamiento el primero de junio de manera gradual, reiteramos este anuncio, de manera gradual. Es pertinente reiterar este planteamiento, porque, mucha gente estará pensando que el regreso a “la normalidad” va ser de forma intempestiva, de golpe, todos a la vez. Concebirlo así es simplificar el problema y perder las coordenadas del evento. Es evidente que, muchas actividades y espacios lo tendrán que hacer de forma dosificada. No hay que perder de vista que el confinamiento inició el 23 de marzo, es decir, ya es un mes y veintiún días. Esto, para una sociedad anclada en hábitos, costumbres, procederes y actitudes de aceleramiento e irreflexión, verlo desde esa lógica, es totalmente equivocado.

Por otra parte, hay un asunto de primera línea, las lecciones que nos pueda dejar esta pandemia. No es sencillo abordar este planteamiento, por un sinnúmero de condicionantes y factores que lo desplazan en diverso plano. Una idea primera es, efectivamente, esta enfermedad ha trastocado nuestros contornos, nuestros espacios, nuestra cotidianeidad. La razón la tenemos enfrente de nosotros, es la primera vez, en la historia humana que vivimos un evento de estas proporciones, más para una generación que estaba acostumbrada a tener una vida sin restricciones ostensibles. Una generación donde su horizonte inmediato estaba marcado por los dictámenes de una civilización que se anclaba en el consumo, en la acumulación, en el despilfarro. En fin. Una sociedad hecha para autodestruirse.

Otro elemento es, la comprensión que tengamos de la sociedad donde estamos insertos, es decir, ¿cómo la concebimos, la interpretamos, la reproducimos? Es aquí donde las preguntas toman una vertiente ardua. Se hacen complejos los cuestionamientos porque objetivamente no son parte de nuestro horizonte cotidiano, lo importante “es vivir”, ¿cómo?, “esta respuesta es para responderla en otro momento.” Ahora bien, antes de la expansión de la epidemia, “parecía que todo iba bien”, “todo estaba dentro de los márgenes de la normalidad”; pero, súbitamente cambió el plano. La humanidad tuvo que voltear su mirada hacia sí misma.

Pero este voltear hacia sí misma no es nada sencillo, porque implica tener las coordenadas del asunto en nuestra visión; segundo debemos ser muy claros y honestos, la autocomplacencia se nos presenta a cada tramo del camino; este ejercicio debe ser claro, contundente; el tener una actitud crítica y autocrítica. Entre otras razones, nos debemos cuestionar para avanzar, corregir, proponer; no para simular, ni encubrir nuestros procederes. La crítica es un ejercicio áspero porque no da concesiones, ni se deja embaucar, ni mediatizar. Es un ejercicio que parte de convicciones profundas sobre uno mismo, la sociedad, la vida en sí misma.

En este sentido, hay muchos cuestionamientos a la vista, algunos los podemos enunciar: ¿seguiremos en el mismo nivel de depredación ambiental?, ¿nuestro mundo puede seguir en la misma ruta, de saqueo, perturbación y agotamiento sostenido?, ¿el modelo extractivo seguirá tan campante?, ¿nuestras sociedades “retomarán sus existencias de forma normal”?, ¿la grandes potencias seguirán explotando el plantea a diestra y siniestra? La lista se alarga impresionantemente. Por ello el título de esta entrega. Nuestro planeta está, sin ánimo desproporcionado, en un punto de quiebre, de ruptura; y con él, la condición humana.

Tampoco hay que perder de vista una cuestión que es clave en estas reflexiones, ¿este modelo civilizatorio ha llegado a su fase final? Esto significa, ¿la forma en que las sociedades están organizadas es la más pertinente, necesaria y óptima para las futuras generación? Aquí nos estamos refiriendo a todo el orden social llamado capitalista, y lo que ello implica. Hace un par de décadas se comenzó a reflexionar sistemática y consistentemente sobre estas realidades, a través del trabajo de los ambientalista, y posteriormente fue abarcando mayores esferas de análisis. A manera de ejemplo, mucho se ha comentado que esta pandemia ha sido una consecuencia directa de la depredación ambiental, es decir, el ecosistema está dando signos inequívocos de agotamiento acelerado. Si efectivamente esta crisis ha hecho mella en nuestras sociedades, en nuestras conciencias, hay un ejercicio de reflexión crítica que tenemos en el futuro inmediato.

En todo esto, también hay un planteamiento en extremo urgente, ¿las sociedades urbanizadas, las mega urbes, los grandes conglomerados humanos deben seguir siendo “el modelo” de organización social, habitacional, productiva, política, cultural así como los conocemos? Asunto en extremo complejo. Sí afirmamos su pertinencia, nos enfrentaremos a mayores problemas de diversa índole, todos extremadamente complejos y severos.

Así, pues, estamos ante una perspectiva y una oportunidad idónea para trabajar como sociedad sobre estos asuntos, y otros más. No podemos pasar de largo sin reflexionar seriamente este evento planetario, y sus consecuencias, en el inmediato y mediano plazo. Ha sido muy fuerte, compleja y devastadora esta enfermedad, como para decir que: “Aquí no pasó nada”.

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Docente-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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